12 Marzo 2011 Seguir en 
Mantener el consumo a buen ritmo inyectando liquidez y no desarmar por ahora la bomba de tiempo de los multimillonarios subsidios son decisiones tomadas por la presidenta Cristina Fernández, al menos hasta lograr el objetivo de alcanzar la reelección en octubre próximo.
Nunca un gobierno perdió una elección en la Argentina con una economía en crecimiento y el consumo vibrante, y el cristinismo considera que esa regla de oro se mantendrá en las presidenciales que vienen.
Hasta la oposición parece desinteresada en llegar al poder, tal vez por no estar dispuesta a desarmar esa "bomba" indescifrable, y teme no poder gobernar país donde, con una inflación del 25% anual, un ejército de personas está dispuesto a tomar la calle en cuanto le saquen el más mínimo subsidio. Los precios récords de los commodities y la demanda automotriz desde Brasil proveen el flujo de dólares suficiente para mantener las tarifas congeladas, distribuir subsidios a manos llenas, despilfarrar miles de millones de pesos en Aerolíneas o sostener el pan y circo del Fútbol para Todos a costa de más de $ 700 millones anuales, o financiar con fondo millonario el funcionamiento de medios de comunicación paraoficiales.
Al menos hasta fin de año, esas políticas se mantendrán, porque de lo contrario, a esta altura del partido, pondría en riesgo la certeza de ganar en primera vuelta, especulan en la Rosada. El embrollo de subsidios cruzados de la economía, con asignaciones cada vez más ineficientes de recursos y manejo discrecional de la plata, hizo que sólo en 2010 se destinaran $ 48.000 millones con ese fin, 47% más que en el 2009, según un informe de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP).
Ese fuerte incremento del gasto en subsidios estuvo impulsado por el sector energético, que el año pasado rondó los $ 26.000 millones (63% más que en 2009). También en las empresas públicas no vinculadas al transporte ni a la energía, que absorbió en el año $ 4.143 millones, (suba del 79%). Más moderado, las asignaciones al transporte demandaron cerca de $ 10.850 millones en subsidios (+23%). Los aportes del Tesoro al Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte se ubicaron ($ 5.734 millones), para compensar los incrementos de los costos de las empresas de servicios de transporte de pasajeros urbano e interurbano.
Por otro lado, las asignaciones para gastos de explotación y de inversión a favor de los concesionarios de trenes y subtes del área metropolitana fueron de $ 2.980 millones), las transferencias a Aerolíneas Argentinas ($ 2.255 millones), y al Ferrocarril General Belgrano ($ 1.123 millones).
La propiedad
Un dato que llama la atención es que durante el ejercicio 2010, la Nación destinó $ 34.091 millones para subsidios sociales, lo que constituye un 37% más que lo gastado un año atrás (+$ 9.248 millones).
Lo que a primera vista surge como un hecho positivo, la mayor ayuda social, desnuda una contradicción sorprendente: el modelo productivo, aún creciendo a tasas del 9% anual, no puede paliar los crecientes bolsones de pobreza y marginalidad que se van cristalizando en la Argentina, en especial en la periferia de los centros urbanos.
Lejos de aplacarse, la conflictividad social parece ir en ascenso, y en un año electoral puede tener un caldo de cultivo ideal.
La sensación de pérdida de autoridad y de un desprecio cada vez mayor por el derecho de propiedad, es motivo de preocupación. Y cuando se habla de derecho de propiedad no se alude a la idea de si a los grandes hacendados les corresponden o no muchas de las tierras que detentan, sino a un concepto más básico pero caro al sentimiento de las familias trabajadoras argentinas. El riesgo de que la desidia del Estado en imponer la ley y el orden termine habilitando una ley de la selva donde millones de hogares comiencen a sentir que el esfuerzo que hicieron durante toda la vida se les puede esfumar de las manos en medio de un temerario e irresponsable juego político.
Nunca un gobierno perdió una elección en la Argentina con una economía en crecimiento y el consumo vibrante, y el cristinismo considera que esa regla de oro se mantendrá en las presidenciales que vienen.
Hasta la oposición parece desinteresada en llegar al poder, tal vez por no estar dispuesta a desarmar esa "bomba" indescifrable, y teme no poder gobernar país donde, con una inflación del 25% anual, un ejército de personas está dispuesto a tomar la calle en cuanto le saquen el más mínimo subsidio. Los precios récords de los commodities y la demanda automotriz desde Brasil proveen el flujo de dólares suficiente para mantener las tarifas congeladas, distribuir subsidios a manos llenas, despilfarrar miles de millones de pesos en Aerolíneas o sostener el pan y circo del Fútbol para Todos a costa de más de $ 700 millones anuales, o financiar con fondo millonario el funcionamiento de medios de comunicación paraoficiales.
Al menos hasta fin de año, esas políticas se mantendrán, porque de lo contrario, a esta altura del partido, pondría en riesgo la certeza de ganar en primera vuelta, especulan en la Rosada. El embrollo de subsidios cruzados de la economía, con asignaciones cada vez más ineficientes de recursos y manejo discrecional de la plata, hizo que sólo en 2010 se destinaran $ 48.000 millones con ese fin, 47% más que en el 2009, según un informe de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP).
Ese fuerte incremento del gasto en subsidios estuvo impulsado por el sector energético, que el año pasado rondó los $ 26.000 millones (63% más que en 2009). También en las empresas públicas no vinculadas al transporte ni a la energía, que absorbió en el año $ 4.143 millones, (suba del 79%). Más moderado, las asignaciones al transporte demandaron cerca de $ 10.850 millones en subsidios (+23%). Los aportes del Tesoro al Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte se ubicaron ($ 5.734 millones), para compensar los incrementos de los costos de las empresas de servicios de transporte de pasajeros urbano e interurbano.
Por otro lado, las asignaciones para gastos de explotación y de inversión a favor de los concesionarios de trenes y subtes del área metropolitana fueron de $ 2.980 millones), las transferencias a Aerolíneas Argentinas ($ 2.255 millones), y al Ferrocarril General Belgrano ($ 1.123 millones).
La propiedad
Un dato que llama la atención es que durante el ejercicio 2010, la Nación destinó $ 34.091 millones para subsidios sociales, lo que constituye un 37% más que lo gastado un año atrás (+$ 9.248 millones).
Lo que a primera vista surge como un hecho positivo, la mayor ayuda social, desnuda una contradicción sorprendente: el modelo productivo, aún creciendo a tasas del 9% anual, no puede paliar los crecientes bolsones de pobreza y marginalidad que se van cristalizando en la Argentina, en especial en la periferia de los centros urbanos.
Lejos de aplacarse, la conflictividad social parece ir en ascenso, y en un año electoral puede tener un caldo de cultivo ideal.
La sensación de pérdida de autoridad y de un desprecio cada vez mayor por el derecho de propiedad, es motivo de preocupación. Y cuando se habla de derecho de propiedad no se alude a la idea de si a los grandes hacendados les corresponden o no muchas de las tierras que detentan, sino a un concepto más básico pero caro al sentimiento de las familias trabajadoras argentinas. El riesgo de que la desidia del Estado en imponer la ley y el orden termine habilitando una ley de la selva donde millones de hogares comiencen a sentir que el esfuerzo que hicieron durante toda la vida se les puede esfumar de las manos en medio de un temerario e irresponsable juego político.
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