Demasiada presión

12 Marzo 2011
La mirada en los mercados se corrió desde Libia, que hizo subir por encima de U$S 100 el barril de petróleo, hasta la tragedia natural que golpea a Japón con dolor, afectando al comercio y las finanzas globales. En los países centrales se venía atenuando las consecuencias de las crisis fiscales y de deuda, cuando se instalan nuevas variables de magnitud y la inversión y el ahorro se vuelven cobardes. Las políticas de reactivación aún no muestran su éxito; mientras tanto, alentaron el riesgo sistémico, en la opinión de los conservadores y prudentes.

El imprevisto derrumbe en las cotizaciones hace temer una recaída en la economía mundial; hay una ligera baja de la onza de oro, y el petróleo sufre la peor caída en siete semanas. A su vez, la plata sigue brillando, y los alimentos y cereales se defienden mejor que los demás. Los osos, que son bajistas, sugieren se controle la especulación en los mercados a través de un impuesto Tobin sobre las operaciones rápidas y una regulación a los bancos para gestionar el riesgo, porque a nivel global se mantiene la brecha entre la creación global de crédito por las facilidades de las naciones para emitir y la menguada y prudente capacidad del sector privado.

Entre los balances de compañías de 2010 llegados a la Bolsa, la brasileña Petrobras ganó más que en 2009 -curiosamente- porque la producción local de petróleo cayó 18% en los últimos siete años y la de gas cedió 8%. Mientras la producción de hidrocarburos creció en los países vecinos, en 2010 la Argentina importó combustibles por U$S 4.443 millones -lejos del autoabastecimiento-. En la semana una petrolera británica compró a un productor brasileño de etanol, mostrando el auge de las energías renovables y su perspectiva.

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