Tucumán crece, pero sigue siendo pequeña

La administración Alperovich cosechó logros económicos, aunque falta pegar el salto a las ligas mayores. Lo que ocultan los empresarios.

Un consultor de empresas cordobés anduvo hace 10 días por Tucumán con una misión: conocer la realidad económica de la provincia, sus principales actividades productivas y el nivel de industrialización del agro. Habló con funcionarios, instituciones empresarias y con este cronista. El trabajo por él encarado fue encargado por una empresa privada que quiere saber si abre en estas tierras una simple sucursal o si instala una sede regional que abarque todo el Norte.

"¿Cómo están con Alperovich?", me preguntó. "Bien, aunque algunos empresarios se quejan de la presión fiscal y de los elevados niveles de informalidad", le respondí. "Yo la veo bastante bien a la provincia, con mucha actividad", me comentó el consultor. Y compartimos información sobre proyectos económicos locales. Él contó que sabía del buen año azucarero y de la pujanza de la citricultura. Yo le comenté que está a punto de inaugurarse un molino harinero -que además fabricará pastas- y que varias compañías de autopartes presentaron carpetas al Gobierno para instalarse en Tucumán.

Continuó el ping pong y el hombre de negocios se fue conforme, aunque marcó dos falencias que, a su entender, presenta el mercado tucumano. Una es la de la imposibilidad de acceder a estadísticas de las empresas, curva de competitividad, desarrollo, evolución, etcétera. Sobre ese ítem, le expliqué que, como periodistas, nos topamos con el mismo problema. Los empresarios locales son reacios a mostrar sus números, a hacer públicas sus inversiones (en especial los montos) y a compartir información con instituciones que realizan análisis económicos y hasta con el propio Estado. "En el Gobierno tampoco conseguí ese tipo de datos", me aclaró. Es, en verdad, un problema el de la falta de estadísticas confiables y completas sobre el sector privado tucumano. La importancia de contar con esos números no responde a la necesidad de saciar la curiosidad, sino a la de ofrecer a potenciales inversores forasteros una radiografía nítida sobre la provincia. Esa data sería útil para mostrar un Tucumán que es importante, que crece, que mueve millones. Hasta aquí, prevalece la creencia de que es la provincia más chica del país y poco desarrollada. Falta marketing económico y menos mezquindad empresaria.

La otra falencia que mencionó el consultor es la del bajo nivel de elaboración de la diversificada producción agraria local. Él tuvo principal interés en esa área. "Qué se hace con la frutilla, con el arándano, con los tomates, con los pimientos", me preguntó. "Se exporta gran parte", le respondí, feliz de relatarle que somos importantes, que enviamos lo nuestro afuera. "Qué bueno, pero es una lástima que no se procesen los tomates en salsa, que no se hagan conservas o algo más. Eso le da más estabilidad a las producciones agrícolas: si no hay precio para vender en fresco, es posible procesar y vender enlatado", me dijo. Tiene razón, pensé.

No reconocer los aciertos de la gestión de Alperovich en algunos sectores productivos sería de necios. Aplicó una política que sirvió para diversificar cultivos y se consolidaron algunos como el arándano, la palta y la frutilla. Se preocupó en apoyar a los minifundistas, en crear cooperativas, en organizar a los pequeños cañeros, en acercarles tecnología y en impulsar que se realicen pruebas con nuevos cultivos, como el caqui, que en unos años podrían ser lo que representan ahora, por ejemplo, los arándanos. Mejoró el turismo como industria, con dos hoteles cinco estrellas en construcción y alfombra roja para que lleguen congresos y encuentros nacionales diversos a estas tierras. Todo esto realizado con una visión de mediano plazo para que el Norte deje de ser sólo Salta y Tucumán aparezca en el mapa. También se apoyó al comercio y al mercado inmobiliario, lo que llevó a que ambos se retroalimentaran y crecieran. "Estamos trabajando fuerte", repite hasta el cansancio Alperovich y realmente algunos frutos de esa labor cosechó. Pero resta el gran salto, el largo plazo, la previsibilidad, la formalidad y la búsqueda de empleos de calidad para los trabajadores bien y muy bien calificados del mercado laboral. El Indec reveló hace unos días que Tucumán sigue siendo la segunda provincia que peores sueldos paga en el sector privado, sólo por detrás de Santiago del Estero. Los puestos laborales calificados, que eleven el ingreso de los trabajadores, escasean en el Jardín de la República. Por ende, los ingresos son bajos en el promedio nacional y de igual tamaño la calidad de vida de los tucumanos. El impulso que se dio al turismo fue grande, pero igual la provincia sigue estando lejos -muy lejos- de ser un destino importante para los visitantes que llegan a la Argentina y para los propios argentinos. La informalidad es un mal que hace estragos y que prolifera de la mano de los puestos ambulantes en el corazón del microcentro. Venden de todo, en todas partes, sin que se apliquen trabas a la ilegalidad. Detrás de los que dan la cara en las peatonales existe un grupo de empresarios que se manejan con la misma informalidad. Nada hacen Rentas ni la AFIP -con su exitosa inteligencia fiscal- para ir tras los inescrupulosos que se escudan en la legión de necesitados de empleo que trabaja en la calle. Tucumán crece (parafraseando el nombre del bloque de legisladores oficialistas de la Legislatura), pero continúa siendo la provincia más chica del país (metaforizando con lo que dicen los manuales de geografía argentina).

Tamaño texto
Comentarios