"Escribir y leer parecen actividades extrañas en este mundo"

Es una de las mayores poetas de habla francesa. Cree que en un mundo lleno de sensaciones, pero desprovisto de verdadera emoción, la poesía es más necesaria que nunca. "Parece que todos estamos al tanto de lo que pasa en el mundo pero igualmente no podemos cambiarlo", advierte.

22 Octubre 2010
Nicole Brossard es una de las más reconocidas poetas canadienses de habla francesa en la actualidad. Nacida en 1943 en Montreal, donde aún reside, Brossard inició su carrera en 1965 con Aube à la saison. Hoy en día su obra consta de una treintena de títulos repartidos entre la poesía, el ensayo y la novela, muchos de ellos traducidos a los principales idiomas de Occidente. Brossard también es una suerte de paradigma canadiense de la causa de la mujer y la defensa de los derechos humanos y pertenece a la Academia de Letras de Quebec. Además, como si todo esto fuera poco, en 2003 también fue nominada para uno de los premios más importantes de Canadá, el Governor General´s Award. En castellano se puede encontrar su excelente novela Barroco al alba (1995) editada por Seix Barral, una de cuyas partes transcurre en Buenos Aires, ciudad que Brossard ha visitado varias veces. En nuestro país, por otra parte, Botella al Mar ha editado En el presente de la pulsación (2000), con versiones de Sara Cohen y Alicia Genovese, y La Luna Nueva editó su Diario íntimo (2003), traducido por Raquel Heffe. Tuvimos la suerte de poder charlar con ella en la paradisíaca ciudad de Banff, antes de que partiera para Vancouver y Guadalajara, mientras se desarrollaba el Word Fest, uno de los festivales literarios más importantes de Canadá. La primera e inevitable pregunta fue por el último libro de ella que apareció en Argentina.

-Escribí Diario íntimo en 1983, y a pesar del título, no es exactamente un diario íntimo, ya que fue escrito para la radio. No es un libro sobre el que pueda decir mucho, porque me parece que arruinaría la lectura. Creo que basta con mencionar que en él están mis preocupaciones de siempre, especialmente la profunda fascinación que siento por el acto de la escritura, y por ende, de la lectura. Así que de alguna forma sí es un diario íntimo, pero también un lugar donde pensar la poesía y la realidad.

- Podríamos decir que el año 2003 fue especialmente bueno para usted, ¿no?
-Sí, ya que Musée de l´os et de l´eau, mi libro de 1999, fue traducido al inglés como Museum of Bone and Water. Es un libro que empieza en Tucson, Arizona, en 1993, y va por Trieste, París, Nueva York, Madrid, San Francisco. Es como un libro sobre los distintos lugares o impresiones que me han causado determinadas cosas. Hay una preocupación por la civilización que también está presente en mi libro Cahier de roses et de civilisation. Sí, ese año ha sido especial para mí. He publicado dos libros en francés, han aparecido dos traducciones al inglés y está también la traducción que salió en Argentina. Y mi novela Ayer, publicada por la editorial mexicana Aldus, que salió para la Feria del libro de Guadalajara en México, que ese año estuvo dedicada a la literatura de Quebec. Ayer es una novela sobre el tiempo, la muerte, y las ruinas que nuestra civilización está dejando, las ruinas de los romanos, de los aztecas, pero también Chernobyl. Hay una narradora que es de Quebec (esta vez cambié Montreal por Quebec) y ella se encuentra con una novelista que escribe en inglés y que es de las praderas, y esta novelista siempre vuelve a Quebec a terminar sus novelas como una suerte de rito. Así que ahí se encuentran, hablan sobre la escritura, sobre la poesía, sobre el tiempo. La novela es compleja pero está llena de preguntas sobre lo que está pasando en el mundo. Si no fuera así no me parecería valiosa. Además hay algo que me parece importante y es que hasta hace algunos años la lucidez sobre lo que pasaba en el mundo era muy importante, pero ahora ya no es así. Parece que todos estamos al tanto de lo que pasa en el mundo pero igualmente no podemos cambiarlo. Ahora nuestra lucidez parece ser algo tan pequeño que no puede cambiar nada. El poder de los poderosos es tan grande que pareciera que no podemos hacer nada para contrarrestarlo. Escribir y leer parecen actividades tan extrañas en este mundo en el que vivimos que uno realmente se siente compelido a reflexionar sobre esto. Acá intento mezclar géneros, como en mi novela anterior, Baroque d'aube, pero no puedo dejar de tener una fuerte impronta poética en mi escritura. Y también, por supuesto está la veta emocional, no puedo estar alejada de ella. Para mí la poesía, el pensamiento y la emoción están íntimamente relacionados, y no puedo escribir nada si antes no me he sentido conmovida por el tema, lo cual a su vez también lleva a reflexionar para poder escribir.
    
- Hablando de los poderosos, se me ocurre que debe sentir como una presión extra el hecho de escribir en francés en un país básicamente anglófilo como Canadá. ¿Cómo lo siente usted?
-Yo tiendo a ser integradora. No tengo un gran problema con el tema, yo escribo en francés, soy y me siento perfectamente bien siendo una escritora de Quebec. Tiendo a tener una buena relación con la parte anglófila de Canadá, mis libros aparecen casi simultáneamente en francés e inglés, así que creo que por mi parte no hay un gran problema con respecto a esto.

-Sus poemas parecen participar de una cierta estética vanguardista, como si los quisiera poner a dialogar con las estéticas de las vanguardias históricas de principios del siglo XX, tratando de expandir o de renovar sus ideas. En French Kiss (1979), por ejemplo, usted juega con el tamaño de las letras y con el de la caja del libro como si quisiera "agrandar la estructura de las cosas". ¿Es esta una de las principales ideas de su poesía?

-Yo siento que mi poesía de los 70, digamos, trataba de sacar al individuo del texto. Ahora me he dado cuenta que si hay un tema que me interesa es la inscripción del individuo ubicado en un determinado lugar y en un determinado tiempo. Es la singularidad lo que interesa ahora, porque creo que es esta singularidad la que se puede compartir. Y creo que hay en este compartir una apertura del sentido a través del lenguaje, y así se pueden crear nuevas configuraciones de sentido. Y creo que esto es lo que realmente es el lenguaje, el constante cambio de configuraciones de sentido. Es interesante cómo el lenguaje configura el mundo, y a través de él podemos tomar las decisiones que nos darán forma como individuos. Y en este sentido la creencia es fundamental para dirigir nuestros deseos y nuestras pasiones. Pienso que hay que abrir los significados de las palabras. Creo que siempre es mejor tener más posibilidades, ya que es algo que estimula la imaginación, y si esto ocurre, todos ganamos. Por eso estoy de acuerdo con esa cita que eligió para definir mi poesía, sí, creo que es fundamental agrandar la estructura de las cosas, y a todo nivel, por supuesto. Porque aparte parece que en vez de hacer esto cada vez usamos menos nuestras capacidades, vemos demasiada televisión, estamos acostumbrados a vivir de una forma tan superficial y rápida, etc. Vivimos en un universo de sensaciones, donde la verdadera emoción casi no tiene lugar ni tiempo para acontecer. Y es por esto que quizá hoy en día la poesía es más importante que nunca.

-Por lo que dice, parece que la retroalimentación entre su poesía y sus ensayos es muy importante para usted?

-Yo básicamente me siento una poeta, pero la poeta que hay en mí se siente atraída por la ensayista, o por las preguntas filosóficas que me plantea el mundo. Aunque no me siento como una testigo del lenguaje sino más bien como una exploradora. Y esto es quizá porque siempre siento que trato de cuestionar lo que sé para tratar de entrar en otra dimensión.

-En These Our Mothers (1983) hay una suerte de prosa poética donde usted, en una página, juega con la diferencia entre la relación de una nena con su madre (establecida a través del contacto) y su padre (establecida por la mirada y el lenguaje). ¿Es este un texto escrito para exorcizar los poderes de lecturas psicoanalíticas?

-Sí, yo pienso que este es un libro que escribí, de alguna forma, para protegerme del psicoanálisis, porque creo que ninguna mujer que entre en el psicoanálisis no va a encontrar nunca un argumento que pruebe que es un sujeto existencial. Por otra parte, sí estoy de acuerdo en que la relación que establece la chica con el padre es a través de la mirada, que otorga una suerte de permiso. Pero también tiene que tener cuidado porque ella debe hallar otras formas de legitimidad que estén más allá de la mirada paterna y que están más relacionadas con otras mujeres. O sea que sí, este libro está atravesado por el psicoanálisis, y yo mantengo mi distancia con él. 

-Al final del mismo libro su voz se vuelve política. ¿Piensa que la poesía puede tener cierto poder político?

-Sí, creo que la poesía puede tener poder político, pero depende de muchos otros factores, y del contexto. Son conocidos los casos de los poetas enfrentados a regímenes totalitarios que han terminado mal. Curiosamente hace un par de semanas escribí un poema de cuatro páginas, enojada, acerca de vivir en este mundo, y haciendo las preguntas que mi mente no puede entender, que son muchas. Era concretamente sobre esta mujer que iba a ser asesinada en África por un supuesto adulterio. Y es un poema sobre el enojo, pero también sobre la vulnerabilidad, y a veces también sobre cierta belleza. Todo está relacionado, y creo que lo primero es estar abierto a dejarse conmover por lo que no comprendemos. Todavía no lo publiqué, pero lo leí en Montreal y fue muy bien recibido. Sin embargo no creo que podamos decir que la poesía es revolucionaria. Yo creo que la poesía necesita tiempo para entrar en profundidad en cada uno como así también en el lenguaje, en la cultura, y en la civilización.

-¿Cuáles han sido y cuáles son sus autores favoritos?

-En el pasado, por supuesto, Stephane Mallarmé, el último Roland Barthes, el de Fragmentos de un discurso amoroso, Gertrude Stein, Djuna Barnes. Ahora me gusta mucho Antonio Tabucchi, Paul Celan, Roberto Juarroz, que para mí están como en la misma familia, yo siempre digo que hay como familias en la poesía. Este es mi club. Después hay un montón de excelentes escritores en Quebec que no quiero mencionar porque seguro que me voy a olvidar de muchos. Pasa siempre con los de la generación más joven, ahora en Montreal puedo ver realmente que hay una importante renovación para la poesía. Y siempre me gusta darles aliento, y hasta he llegado a compartir proyectos con algunos de ellos. En Argentina me gustan mucho también Juan Gelman, Diana Bellesi, Mirtha Rosemberg. También hay un posible problema, que es que la poesía se convierta en superficial, concentrado en lo individual y en los viajes, y esto sería terrible. Pero por supuesto que también está en cada poeta la misión o el deseo de ser honestos con su propio trabajo, o con su propio mundo.

-¿En qué está trabajando ahora?
-Quiero escribir un libro sobre el silencio, que hoy en día me parece muy importante, justamente porque vivimos en una sociedad apabullada por ruidos, y en este contexto el silencio es muy importante. Además quiero dialogar allí con algunos de los grandes escritores que me interesan, como Paul Celan, Samuel Beckett, y Maurice Blanchot, entre otros. Este libro ha estado durante mucho tiempo en mi mente y creo que ha llegado el momento de poner manos a la obra.
© LA GACETA

Marcelo Damiani - Novelista y periodista. Profesor de Filosofía
de la Universidad Maimónides.

Poemas de Nicole Brossard

CONTEMPORÁNEA
ahí donde duele en la vida
por tactos sucesivos
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De Instalaciones (con y sin pronombres)

CONTRALUZ
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el fuero interno
todo eso va
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