EL CONCEPTO. Según el autor de Plata Quemada, la novela mantiene una tensión secreta con las maquinaciones del poder. El las reproduce.
26 Septiembre 2010 Seguir en 

Novela
Blanco Nocturno
RICARDO PIGLIA
(Anagrama - Barcelona)
El título de la novela tiene múltiples sentidos, está vinculado a iluminación y caza. Remite a la búsqueda de un blanco en medio de la noche. El epígrafe de Céline nos habla de otro tipo de luminosidad: "La experiencia es una lámpara tenue que sólo ilumina a quien la sostiene". Son válidas, también en este caso, las afirmaciones de Claudio Canaparo para Respiración Artificial: ?Contar un suceso, un evento es perseguir un itinerario oculto, algo que es/fue pero que no vemos ni vimos".
Blanco nocturno está dividida en dos partes muy diferentes: una ficción policial clásica que gira en torno crimen del aventurero jugador Tony Durán, un extraño personaje que aparece en un pueblo de la provincia de Buenos Aires; y la historia trágica de un hombre atrapado en su delirio. En el texto el enigma se desplaza del delito a la historia. El comisario Croce es el policía anticuado obsesionado por la verdad. Renzi, el periodista escritor, protagonista emblemático de la narrativa de Piglia, se hace cargo de la narración. La muerte del extranjero -Durán es portorriqueño-, el pueblo develando la violencia que subyace en la vida provinciana, donde "la gente del campo vivía en dos realidades, con dos morales, en dos mundos". Piglia reescribe algunos rincones de la literatura argentina: Payró, Arlt, Marechal, Walsh. La narración está llena de recovecos.
La acción se sitúa en los años 70, poco antes de la vuelta de Perón, bajo el gobierno militar. La silueta de la fábrica cerrada forma parte de un paisaje de llanura que envuelve al pueblo. La historia gira en torno a la familia principal. Las mellizas Belladona conforman el centro erótico. Los hermanos Belladona- Luca y Lucio- representan la frustración del proyecto de una clase y la frustración trágica contra el poder. El patriarca simboliza la impotencia.
Uno de los elementos que caracteriza al texto es la insistencia en las diversas lenguas de los personajes. Cada uno de ellos modula de modo distinto las palabras. Yoshio no habla igual que Cueto, ni Belladona igual que Durán. El autor incorpora las notas al pie: referencias históricas o acotaciones de los personajes, que marcan la cercanía de la novela con la crónica o con el sumario policial. Los relatos de Sofía y Ada Belladona están en bastardilla. El hilo narrativo se complica ramificado en los pasados que se enlazan. Un mundo donde las filiaciones, legítimas o ilegítimas, son fundantes y pueden convertirse en mandato fatal.
Tensión con el poder
El curioso Renzi hace su aparición en el pueblo, hacia la mitad de la primera parte, enviado por el diario El Mundo. Queda fascinado por la titánica tarea que se ha impuesto el comisario. Su preocupación es no sólo conocer la historia sino cómo contarla. Reflexiona que para acertar es necesario dar en el blanco: "Hay que concentrar, sintetizar, descubrir un punto fijo. Hay que aislar un dato, crear un campo cerrado o de lo contrario nunca podremos interpretar el enigma" como dice Croce. Un resplandor que alumbra a los demás y que parece advertirse en los ojos de Luca hasta que el joven se pierde a sí mismo.
La historia de Luca en su fortaleza, la fábrica, recuerda a las ficciones de Macedonio y Marechal. Obsesionado, se ha encerrado para defender su proyecto y construye un complejo mecanismo para leer los sueños. En su locura cree tener una misión sagrada, en especial después de la trágica e inexplicable muerte del hermano. La fábrica "era una isla en medio de ese mar de campesinos y estancieros". Como la industrialización del país es inviable, Luca no cree en la contingencia ni en los azares, sólo en las conspiraciones. El discurso mezcla ciencia y teología girando hacia la alegoría y se desentiende de la realidad. Después del fallido juicio y la muerte de Luca, el fiscal Cueto se sale con la suya. El muchacho ha sido sólo el fantasma que, por un instante, ilumina la oscuridad. La Utopía termina en tragedia.
En los ensayos, Piglia sostiene que "la novela mantiene una tensión secreta con las maquinaciones del poder. Las reproduce. Por momentos la ficción del Estado aventaja a la novela argentina". Blanco Nocturno se arma sobre esta tensión. La trama podría prescindir de las disquisiciones que, en muchos casos, abruman al lector y amenazan con destruir la tensión narrativa.
© LA GACETA
Carmen Perilli
Blanco Nocturno
RICARDO PIGLIA
(Anagrama - Barcelona)
El título de la novela tiene múltiples sentidos, está vinculado a iluminación y caza. Remite a la búsqueda de un blanco en medio de la noche. El epígrafe de Céline nos habla de otro tipo de luminosidad: "La experiencia es una lámpara tenue que sólo ilumina a quien la sostiene". Son válidas, también en este caso, las afirmaciones de Claudio Canaparo para Respiración Artificial: ?Contar un suceso, un evento es perseguir un itinerario oculto, algo que es/fue pero que no vemos ni vimos".
Blanco nocturno está dividida en dos partes muy diferentes: una ficción policial clásica que gira en torno crimen del aventurero jugador Tony Durán, un extraño personaje que aparece en un pueblo de la provincia de Buenos Aires; y la historia trágica de un hombre atrapado en su delirio. En el texto el enigma se desplaza del delito a la historia. El comisario Croce es el policía anticuado obsesionado por la verdad. Renzi, el periodista escritor, protagonista emblemático de la narrativa de Piglia, se hace cargo de la narración. La muerte del extranjero -Durán es portorriqueño-, el pueblo develando la violencia que subyace en la vida provinciana, donde "la gente del campo vivía en dos realidades, con dos morales, en dos mundos". Piglia reescribe algunos rincones de la literatura argentina: Payró, Arlt, Marechal, Walsh. La narración está llena de recovecos.
La acción se sitúa en los años 70, poco antes de la vuelta de Perón, bajo el gobierno militar. La silueta de la fábrica cerrada forma parte de un paisaje de llanura que envuelve al pueblo. La historia gira en torno a la familia principal. Las mellizas Belladona conforman el centro erótico. Los hermanos Belladona- Luca y Lucio- representan la frustración del proyecto de una clase y la frustración trágica contra el poder. El patriarca simboliza la impotencia.
Uno de los elementos que caracteriza al texto es la insistencia en las diversas lenguas de los personajes. Cada uno de ellos modula de modo distinto las palabras. Yoshio no habla igual que Cueto, ni Belladona igual que Durán. El autor incorpora las notas al pie: referencias históricas o acotaciones de los personajes, que marcan la cercanía de la novela con la crónica o con el sumario policial. Los relatos de Sofía y Ada Belladona están en bastardilla. El hilo narrativo se complica ramificado en los pasados que se enlazan. Un mundo donde las filiaciones, legítimas o ilegítimas, son fundantes y pueden convertirse en mandato fatal.
Tensión con el poder
El curioso Renzi hace su aparición en el pueblo, hacia la mitad de la primera parte, enviado por el diario El Mundo. Queda fascinado por la titánica tarea que se ha impuesto el comisario. Su preocupación es no sólo conocer la historia sino cómo contarla. Reflexiona que para acertar es necesario dar en el blanco: "Hay que concentrar, sintetizar, descubrir un punto fijo. Hay que aislar un dato, crear un campo cerrado o de lo contrario nunca podremos interpretar el enigma" como dice Croce. Un resplandor que alumbra a los demás y que parece advertirse en los ojos de Luca hasta que el joven se pierde a sí mismo.
La historia de Luca en su fortaleza, la fábrica, recuerda a las ficciones de Macedonio y Marechal. Obsesionado, se ha encerrado para defender su proyecto y construye un complejo mecanismo para leer los sueños. En su locura cree tener una misión sagrada, en especial después de la trágica e inexplicable muerte del hermano. La fábrica "era una isla en medio de ese mar de campesinos y estancieros". Como la industrialización del país es inviable, Luca no cree en la contingencia ni en los azares, sólo en las conspiraciones. El discurso mezcla ciencia y teología girando hacia la alegoría y se desentiende de la realidad. Después del fallido juicio y la muerte de Luca, el fiscal Cueto se sale con la suya. El muchacho ha sido sólo el fantasma que, por un instante, ilumina la oscuridad. La Utopía termina en tragedia.
En los ensayos, Piglia sostiene que "la novela mantiene una tensión secreta con las maquinaciones del poder. Las reproduce. Por momentos la ficción del Estado aventaja a la novela argentina". Blanco Nocturno se arma sobre esta tensión. La trama podría prescindir de las disquisiciones que, en muchos casos, abruman al lector y amenazan con destruir la tensión narrativa.
© LA GACETA
Carmen Perilli
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