Un gobernador preocupado por los lectores

Por Federico van Mameren, secretario de Redacción.

02 Jun 2010 Por Federico Diego van Mameren
El gobernador, José Alperovich, antes que asumir errores prefiere disimular y confundir. Ayer, trató de explicar por qué LA GACETA prefiere las noticias malas y no las buenas. Indicó que por esa razón se publicó la multa al ministro de Salud, Pablo Yedlin, y, en cambio, no se dio a conocer la inauguración de una escuela para niños autistas. Esta información fue solicitada a LA GACETA la semana pasada, por los padres de estos chicos. El diario, debido a una omisión de la Redacción, no llegó a tiempo con la producción que hoy -gracias a la advertencia de un buen lector de LA GACETA, como es el gobernador- se puede ver en la página 12. El titular del Ejecutivo "apuró" la nota. Este tipo de cuestiones tiene que ver con la confusa interpretación que el mandatario suele hacer de la cuestión pública. A diario, Alperovich habla del Estado como si fuera propio cuando en realidad no lo es. Y en esta fallida mirada, es capaz de interpretar que decisiones que no son públicas le competen a él.

El gobernador llama mala noticia a la multa a Yedlin por haber autorizado el pago a una fundación que no existía en el momento de estampar su firma. Esto es una noticia porque un ministro no está haciendo debidamente su tarea. La calificación de "mala" fue puesta por el propio Alperovich y no por el diario, que siempre se hizo eco de lo que dispuso el Tribunal de Cuentas. Es más, esa "mala" noticia cayó bien entre algunos funcionarios de Salud que respiraron aliviados con la multa. Alperovich expuso generosamente que Yedlin es honesto, buena persona y gran ministro; tres cuestiones que no explican qué pasó ni por qué se iban a pagar $800.000 a una fundación que dictó cursos a alumnos sin DNI. Tampoco se entendió por qué firmó el pago, si ni siquiera se sabía a cargo de quién estaba el curso, tal cual dice el Tribunal de Cuentas. El gobernador, en privado, reconoció que su ministro se había equivocado, pero públicamente dijo lo contrario. El propio Yedlin indicó en LA GACETA que la orden de pago le llegó a él cuando el curso de odontología ya se había dictado. Entonces, ¿por qué no lo dijo oportunamente, qué pasó, qué ocultó y por qué no sancionó a alguien? Yedlin dice que no hubo dolo; Alperovich, que su hombre es honesto. Pero lo público sigue en el misterio.

El gobernador prefiere entretenerse con su control de calidad editorial.

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