Enojado por una broma, mató a un joven de una puñalada y escapó

Habían estado bebiendo en una esquina

22 Febrero 2010
Durante la noche, después de las fiestas after, la esquina se transformaba en el escenario tradicional sobre el cual la juventud intercambiaba anécdotas irreverentes, en el barrio Echeverría. En la madrugada de ayer, este concepto se invirtió y mostró su lado más oscuro. Un joven de 20 años mató a Bruno Maximiliano Otaiza, también de 20.

A las 8.30, el borde de la vereda que une las calles Colombia y Necochea era el derrotero común de los vecinos que aún pernoctaban. Bebían cerveza fresca y la risa les brotaba de sus bocas. La gente se sumaba a la ronda: algunos buscaban hielo para refrescar lo que bebían; otros, curiosos e insomnes, reclamaban más diversión.

Un joven se incorporó a la reunión al aire libre. Conducía una bicicleta y al parecer, según las fuentes policiales, estaba ebrio. Sus amigos decidieron esconderle el rodado que manejaba pero la broma se tiñó de sangre. Intolerante, el hombre desenfundó un cuchillo, enfadado a causa de la burla, y apuñaló a Otaiza en el pecho.

La víctima llegó sin vida al hospital Centro de Salud. Esta es la hipótesis más fuerte que sostiene la Policía. El homicida, que tiene antecedentes penales, se dio a la fuga luego del fatal altercado y permanece prófugo, según informó personal policial.

El arma blanca que terminó con la vida de Otaiza no se pudo encontrar aún. Personal de la División Homicidios y Delitos Complejos de la Policía tucumana, supervisados por los comisarios Miguel Gómez y Hugo Cabeza, se hizo presente en el lugar, y busca encontrar al principal sospechoso.

De acuerdo a lo informado por fuentes policiales a LA GACETA el 7 de febrero, más del 50% de los homicidios perpetrados en 2009 tuvieron lugar en el ámbito barrial. En el trágico ranking, le siguen los crímenes domésticos y, muy detrás, los asesinatos en ocasiones de robo. Según fuentes consultadas, todas las seccionales de la capital reciben cada días denuncias por agresiones, y los agentes deben mediar para tratar de zanjar las diferencias entre los furiosos vecinos. Sin embargo, en muchos casos, la intervención de los uniformados no alcanza.

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