Un colectivo arrolló a una nena de 10 años

La menor, que iba en bicicleta a la verdulería cuando la chocaron, se encuentra internada en grave estado en el hospital de Niños. La niña había presagiado a sus padres que iba a ocurrir una tragedia. En el hospital se vivían momentos de congoja. "Ella no va a parar de luchar", dijo el padre

ACONGOJADA. Silvia Claudia Seu Paz, madre de Yoahana, se encontraba consternada por el accidente de su hija y era asistida por sus allegadas. LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
ACONGOJADA. Silvia Claudia Seu Paz, madre de Yoahana, se encontraba consternada por el accidente de su hija y era asistida por sus allegadas. LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
22 Febrero 2010
La mascota gemía. La nena tuvo un mal presentimiento. "Papá, el perro está llorando. Tal vez algo malo va a pasar". En ese momento, nadie se imaginó que las palabras de la niña de 10 años podían llegar a tener algo de cierto. Al poco rato se disolvieron en la indiferencia y el augurio se convirtió en un vano recuerdo.

Ayer a las 14, Yohana se subió a su bicicleta y se dirigió a la verdulería. La misión que le habían encomendado sus padres era fácil de llevar a cabo: pedalear hasta la verdulería, comprar un kilo de cebollas para cocinar el almuerzo y regresar a casa.

Cuando llegó a la esquina de avenida Rivadavia y pasaje Alurralde, en Alderetes, se produjo la tragedia. Por razones que se están tratando de establecer, el conductor de un ómnibus de la línea 124 la atropelló. La niña fue trasladada de urgencia al Hospital de Niños, donde llegó en grave estado.

"Escuchamos un golpe seco y fuerte. Después, la gente empezó a gritar y salimos corriendo de la casa para ver qué pasaba. La nena estaba tirada al costado de la ruta", recordó Hugo Romano, un vecino. El conductor del colectivo fue aprehendido luego del choque, según informaron fuentes policiales.

El llanto, el desconsuelo y el miedo invadieron la guardia del Hospital de Niños. Durante la tarde, los familiares de la menor no pudieron disimular el dolor que les causó la noticia.

"Estoy destrozada. No me alcanzan las palabras para hablar y expresar lo que siento en este momento", se lamentó Silvia Claudia Seu Paz, madre de Yohana, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos congestionados.

Desasosiego

En tanto, Roberto Angel Vaca, padre de la niña atropellada, permaneció cabizbajo en un rincón de la sala de urgencias. Su mirada reflejaba desasosiego, sus piernas no paraban de moverse. "¿Mi hija se va o se queda?". La pregunta del hombre no tuvo respuesta. El silencio se prolongó unos segundos. "Sólo Dios tiene la última palabra. No voy a perder la fe", agregó. Su voz se quebró. Rememorar el accidente lo perturbó. "La bicicleta quedó partida en dos. Un chico me avisó lo que había pasado y salí corriendo a auxiliarla", relató.

"Cuando llegué, Yohana estaba acostada, consciente, respiraba y movía los ojos. No hablé con ella pero le entablille la pierna, que se había quebrado cuando el vehículo la pasó por encima", relató.

Sin embargo, el instinto paternal de Vaca se fortaleció con el correr de las horas. El mejor que nadie conoce a su hija. "Sé que está mal y qué los médicos hacen todo lo que pueden para salvarla. Pero ella no va a parar de luchar", concluyó.

Estado crítico

Mientras tanto, el diagnóstico de los médicos dista de ser alentador. La niña permanecía anoche en estado delicado, con politraumatismos graves en el cráneo. "Hacemos todo lo posible, pero su condición es desesperante", dijo el médico Miguel Luna.

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