15 Noviembre 2009 Seguir en 
BUENOS AIRES.- "No se engañe, no saque falsas conclusiones, los dos piensan lo mismo. El fin es uno solo, seguir en 2011". El consejo ante la ansiedad periodística, acelerada tras 24 horas de silencio de radio, parte de un legislador de ligazón tardía al kirchnerismo, pero que conoce muy bien la entretela de la vida en Olivos, tras una pregunta sobre quién fue el que determinó en el Gobierno el viraje del jueves, cuando en menos de media hora, lo que era una segura movilización contra el "ánimo conspirativo", pergeñada por Néstor Kirchner y Emilio Pérsico en cabeza de la burocracia sindical de la CGT de Hugo Moyano y del outsider bolivariano Luis D'Elía, fuera abortada sorpresivamente por Cristina Fernández.
La intención de la consulta fue desentrañar si "Néstor sabía o no sabía" qué iba a hacer la Presidenta o si ésta se cortó sola, tal como lo han asegurado a pura sonrisa algunos notorios "cristinistas" del Gabinete para marcar la autonomía presidencial, algo que fue saludado como un soplo de aire fresco en tiempos de tanta crispación por quienes piensan que un acto de ese tipo iba a contribuir a dividir más a la sociedad. La Iglesia acaba de plantear en un documento que "con conflictividad no se fortalece la democracia".
Sin embargo, los motivos de la decisión no parecen derivar de la necesidad de contribuir a bajar los decibeles, sino que se refieren más al marketing político gubernamental y a la necesidad de seguir reconstruyendo poder. Esta vez, el detonante fue la imagen que la televisión llevó al despacho presidencial del tándem D'Elía-Moyano, casi el agua y el aceite y dos de las personas que tienen, al menos entre la clase media, peor imagen que los Kirchner, entrecruzando sus manos con el codo sobre la mesa a modo de pulseada, en apoyo a un gobierno que dice a cada rato que hay fuerzas oscuras que los quieren echar.
El informante dice que "fue la gota que rebalsó el vaso" y admite en la charla que la ligazón pudo haber sido percibida por la Presidenta como "la reedición del cajón de Herminio". No cuesta imaginar el "touche" a modo de "basta para mí" que debe haber expresado Cristina, pensando también -obsesión compartida con su marido- en la tapa de los diarios del día siguiente. Es probable que ya desde antes de tan conmocionante visión su propia intuición de avezada política le marcara a la Presidenta que el Gobierno debía cortar la dinámica de la 125, ya que estaba avanzando peligrosamente en los mismos errores que había cometido cuando pulseó con el campo. En aquella ocasión el desgaste fue brutal, ya que los Kirchner pretendieron ganarle la calle a los ruralistas con actos de aparato que fueron no tan multitudinarios como el que las cuatro entidades hicieron en Palermo, con discursos altisonantes sobre acciones "destituyentes" que nadie compraba y con la referencia activa y provocadora de D'Elía, quien para colmo ahora se suma, contra natura, al otro ícono del piantavotismo, como es Moyano. "Arriba del palco iban a ser como dos monos con navaja", imagina la escena el interlocutor.
Por la escasa media hora que transcurrió entre la observación televisiva de Cristina y su llegada al local de los ferroviarios donde el camionero recibió la noticia de la marcha atrás, es probable que haya habido al menos una comunicación telefónica entre el matrimonio, pero la fuente corrobora que las luces amarillas estaban encendidas desde antes, probablemente desde el día anterior, cuando el adjunto de la CGT, Juan Belén hizo un raid radial de apoyo al modelo sindical que fue reflejado ampliamente por la prensa el jueves por la mañana.
La verborragia de Belén lo llevó a hablar el mismo jueves de "la zurda loca manejada desde afuera" y así puso en la misma bolsa a los piqueteros que reclaman el manejo de los puestos de trabajo que generarán las cooperativas que impulsa el Gobierno, con la acción de los gremios de base que apuntan a socavar el sindicato único, hoy el karma cegetista. Tan descomunal frase, típica de la ortodoxia peronista-sindical, disparó el enojo del titular de la CTA, Hugo Yasky, quien les habría manifestado a los Kirchner durante el mediodía del jueves que se estaba quedando sin margen para apoyarlos dentro de la segunda central sindical, ya que no sólo no le cumplían las promesas de reconocimiento, sino que ahora los atacaban con consignas "de museo".
En el margen de la decisión probablemente tampoco la Presidenta dejó de ponderar el peso que tienen ante la gente figuras como Susana Giménez, Mirtha Legrand o Marcelo Tinelli, tres mediáticos de fuste a los que siguen millones de personas, quienes han ocupado el hueco que amablemente la oposición le ha dejado a los Kirchner y se han puesto a confrontar en tres de los temas que más le duelen al Gobierno, como son el desorden callejero, la inseguridad y la pobreza. Es obvio que si el kirchnerismo quiere recuperar de algún modo a la clase media, no podía dar el lujo de ponerse en contra de estos tres referentes televisivos ni de sostener un acto que sólo le iba a importar a los organizadores para fortalecerse en sus espacios y que para el resto de la población restaba más de lo que sumaba, debido al perfil de sus organizadores. De allí, la pasión que funcionarios y ministros pusieron en las radios por negar a cada rato a D'Elía ("no pertenece al Gobierno", precisó casi evangélicamente, Aníbal Fernández).
El ex funcionario había emparentado a los amos del rating con Videla y la derecha "cavernícola": "Han sido los hijos putativos de estos medios concentrados del poder económico, sus títeres, sus comunicadores, hablan a sueldo, viven en sus mansiones con sus Mercedes Benz, con sus casas en Miami...", disparó el piquetero contra el trío de animadores, quienes no se privaron de contestarle por la televisión para agrandar el escándalo.
Cóctel explosivo
Todo este cóctel bien explosivo de elementos que se sumaron en el ánimo presidencial para desactivar el acto tiene también su explicación política, en la que el matrimonio tampoco parece tener fisuras. "Nosotros somos la centro-izquierda" se les ha escuchado decir más de una vez, frase matizada por la explicación que suele dar Néstor cuando señala por qué cree que él no perdió las elecciones de junio. "No equivoquemos el enemigo. La gente que no nos votó se fue más a la izquierda porque quiere que profundicemos el modelo", suele razonar el ex presidente y de allí que haya buscado inmediata apoyatura en ese espectro para seguir dominando el Congreso a partir del 10 de diciembre. En el discurso que la Presidenta hizo instantes después de haberle comunicado a Moyano la mala nueva, Cristina buscó de modo muy errático endulzarle el momento al camionero. De allí, que desparramó alabanzas primero hacia el movimiento obrero organizado y después puntualmente hacia su gremio y sugirió que el acto del 15 de diciembre en Vélez sea utilizado para brindar el apoyo al Gobierno, sin que sea algo prefabricado en la calle. Sin embargo, en su discurso, la Presidenta decidió jugar a dos puntas con las dos centrales sindicales y se enredó en el modo en que presentó el motivo de la suspensión, para no desairar a la CTA. Entonces, tal como hace el Gobierno siempre que está en un atolladero, responsabilizó a un tercero del desaguisado por el cual se había suspendido el acto, en este caso al diario "Clarín", que se había limitado a reproducir las declaraciones de Belén, ya que dijo que se le quería "enrostrar" a la CGT la imposición de una forma sindical.
La mención al matutino no fue ociosa, ya que por otro lado, la propia Presidenta hizo una mención no condenatoria a los bloqueos que el gremio de camioneros realizó contra los playones de distribución de diarios y revistas, situación que desde lo sindical está en "conciliación obligatoria", pero que fue denunciada por los organismos de prensa locales e internacionales como atentatorias contra la libertad de expresión. "Quieren presentar como una cuestión de ofensa a la libertad de prensa lo que es simplemente una cuestión de trabajo registrado", contemporizó Cristina.
Tampoco había estado muy feliz la Presidenta en su discurso de ese mismo día a la mañana cuando mezcló las manifestaciones de "grupúsculos encapuchados o cortando la calle" para conseguir planes sociales de trabajo ("no alcanzo a entender acabadamente el por qué de esas reacciones", dijo) con las dificultades que existen para sumarse a la asignación por hijo, junto a los propósitos desestabilizadores para opacar este beneficio que, según ella, termina con el clientelismo. En el ataque permanente que hay en Olivos contra la prensa, califican de esa manera a las imágenes y menciones de los canales de televisión que muestran a la gente haciendo cola, algo que se promete erradicar.
El caso de los medios estuvo también en jaque durante la semana desde otros ángulos, ya que se produjo el desplazamiento de Eduardo Hecker de la Comisión Nacional de Valores, un técnico cuyo pecado fue consignar como información relevante la carta que un síndico de Papel Prensa había enviado a la Bolsa con el relato de una reunión con Guillermo Moreno, en la que el secretario de Comercio había hablado de "romper columnas y sacar ojos" a los que no se le cuadraran.
Hecker saltó de su cargo y al ministro de Economía, Amado Boudou, le pareció pertinente decir que un secretario de otra área no puede relevar a un funcionario que depende de él, por lo que se adjudicó el desplazamiento justo en un tema que involucra a una empresa cuyos socios son "Clarín" y "La Nación" y el Estado y donde la directora estatal es Beatriz Paglieri, entronizada por Moreno, precisamente. También reveló que el Estado irá a fondo en la empresa en materia de controles.
Fue Paglieri quien le avisó a los accionistas privados que Hecker había sido corrido de su puesto y por qué y el hecho no llamó la atención, ya que una Resolución de Economía había establecido que será la secretaría de Comercio Interior la que "entenderá en todo lo relativo al ejercicio de los derechos societarios inherentes a la participación del Estado en Papel Prensa". Lo único que la faltaba al Gobierno era que al visible "eje del mal" Moyano-D'Elía se le sume ahora también Moreno.
La intención de la consulta fue desentrañar si "Néstor sabía o no sabía" qué iba a hacer la Presidenta o si ésta se cortó sola, tal como lo han asegurado a pura sonrisa algunos notorios "cristinistas" del Gabinete para marcar la autonomía presidencial, algo que fue saludado como un soplo de aire fresco en tiempos de tanta crispación por quienes piensan que un acto de ese tipo iba a contribuir a dividir más a la sociedad. La Iglesia acaba de plantear en un documento que "con conflictividad no se fortalece la democracia".
Sin embargo, los motivos de la decisión no parecen derivar de la necesidad de contribuir a bajar los decibeles, sino que se refieren más al marketing político gubernamental y a la necesidad de seguir reconstruyendo poder. Esta vez, el detonante fue la imagen que la televisión llevó al despacho presidencial del tándem D'Elía-Moyano, casi el agua y el aceite y dos de las personas que tienen, al menos entre la clase media, peor imagen que los Kirchner, entrecruzando sus manos con el codo sobre la mesa a modo de pulseada, en apoyo a un gobierno que dice a cada rato que hay fuerzas oscuras que los quieren echar.
El informante dice que "fue la gota que rebalsó el vaso" y admite en la charla que la ligazón pudo haber sido percibida por la Presidenta como "la reedición del cajón de Herminio". No cuesta imaginar el "touche" a modo de "basta para mí" que debe haber expresado Cristina, pensando también -obsesión compartida con su marido- en la tapa de los diarios del día siguiente. Es probable que ya desde antes de tan conmocionante visión su propia intuición de avezada política le marcara a la Presidenta que el Gobierno debía cortar la dinámica de la 125, ya que estaba avanzando peligrosamente en los mismos errores que había cometido cuando pulseó con el campo. En aquella ocasión el desgaste fue brutal, ya que los Kirchner pretendieron ganarle la calle a los ruralistas con actos de aparato que fueron no tan multitudinarios como el que las cuatro entidades hicieron en Palermo, con discursos altisonantes sobre acciones "destituyentes" que nadie compraba y con la referencia activa y provocadora de D'Elía, quien para colmo ahora se suma, contra natura, al otro ícono del piantavotismo, como es Moyano. "Arriba del palco iban a ser como dos monos con navaja", imagina la escena el interlocutor.
Por la escasa media hora que transcurrió entre la observación televisiva de Cristina y su llegada al local de los ferroviarios donde el camionero recibió la noticia de la marcha atrás, es probable que haya habido al menos una comunicación telefónica entre el matrimonio, pero la fuente corrobora que las luces amarillas estaban encendidas desde antes, probablemente desde el día anterior, cuando el adjunto de la CGT, Juan Belén hizo un raid radial de apoyo al modelo sindical que fue reflejado ampliamente por la prensa el jueves por la mañana.
La verborragia de Belén lo llevó a hablar el mismo jueves de "la zurda loca manejada desde afuera" y así puso en la misma bolsa a los piqueteros que reclaman el manejo de los puestos de trabajo que generarán las cooperativas que impulsa el Gobierno, con la acción de los gremios de base que apuntan a socavar el sindicato único, hoy el karma cegetista. Tan descomunal frase, típica de la ortodoxia peronista-sindical, disparó el enojo del titular de la CTA, Hugo Yasky, quien les habría manifestado a los Kirchner durante el mediodía del jueves que se estaba quedando sin margen para apoyarlos dentro de la segunda central sindical, ya que no sólo no le cumplían las promesas de reconocimiento, sino que ahora los atacaban con consignas "de museo".
En el margen de la decisión probablemente tampoco la Presidenta dejó de ponderar el peso que tienen ante la gente figuras como Susana Giménez, Mirtha Legrand o Marcelo Tinelli, tres mediáticos de fuste a los que siguen millones de personas, quienes han ocupado el hueco que amablemente la oposición le ha dejado a los Kirchner y se han puesto a confrontar en tres de los temas que más le duelen al Gobierno, como son el desorden callejero, la inseguridad y la pobreza. Es obvio que si el kirchnerismo quiere recuperar de algún modo a la clase media, no podía dar el lujo de ponerse en contra de estos tres referentes televisivos ni de sostener un acto que sólo le iba a importar a los organizadores para fortalecerse en sus espacios y que para el resto de la población restaba más de lo que sumaba, debido al perfil de sus organizadores. De allí, la pasión que funcionarios y ministros pusieron en las radios por negar a cada rato a D'Elía ("no pertenece al Gobierno", precisó casi evangélicamente, Aníbal Fernández).
El ex funcionario había emparentado a los amos del rating con Videla y la derecha "cavernícola": "Han sido los hijos putativos de estos medios concentrados del poder económico, sus títeres, sus comunicadores, hablan a sueldo, viven en sus mansiones con sus Mercedes Benz, con sus casas en Miami...", disparó el piquetero contra el trío de animadores, quienes no se privaron de contestarle por la televisión para agrandar el escándalo.
Cóctel explosivo
Todo este cóctel bien explosivo de elementos que se sumaron en el ánimo presidencial para desactivar el acto tiene también su explicación política, en la que el matrimonio tampoco parece tener fisuras. "Nosotros somos la centro-izquierda" se les ha escuchado decir más de una vez, frase matizada por la explicación que suele dar Néstor cuando señala por qué cree que él no perdió las elecciones de junio. "No equivoquemos el enemigo. La gente que no nos votó se fue más a la izquierda porque quiere que profundicemos el modelo", suele razonar el ex presidente y de allí que haya buscado inmediata apoyatura en ese espectro para seguir dominando el Congreso a partir del 10 de diciembre. En el discurso que la Presidenta hizo instantes después de haberle comunicado a Moyano la mala nueva, Cristina buscó de modo muy errático endulzarle el momento al camionero. De allí, que desparramó alabanzas primero hacia el movimiento obrero organizado y después puntualmente hacia su gremio y sugirió que el acto del 15 de diciembre en Vélez sea utilizado para brindar el apoyo al Gobierno, sin que sea algo prefabricado en la calle. Sin embargo, en su discurso, la Presidenta decidió jugar a dos puntas con las dos centrales sindicales y se enredó en el modo en que presentó el motivo de la suspensión, para no desairar a la CTA. Entonces, tal como hace el Gobierno siempre que está en un atolladero, responsabilizó a un tercero del desaguisado por el cual se había suspendido el acto, en este caso al diario "Clarín", que se había limitado a reproducir las declaraciones de Belén, ya que dijo que se le quería "enrostrar" a la CGT la imposición de una forma sindical.
La mención al matutino no fue ociosa, ya que por otro lado, la propia Presidenta hizo una mención no condenatoria a los bloqueos que el gremio de camioneros realizó contra los playones de distribución de diarios y revistas, situación que desde lo sindical está en "conciliación obligatoria", pero que fue denunciada por los organismos de prensa locales e internacionales como atentatorias contra la libertad de expresión. "Quieren presentar como una cuestión de ofensa a la libertad de prensa lo que es simplemente una cuestión de trabajo registrado", contemporizó Cristina.
Tampoco había estado muy feliz la Presidenta en su discurso de ese mismo día a la mañana cuando mezcló las manifestaciones de "grupúsculos encapuchados o cortando la calle" para conseguir planes sociales de trabajo ("no alcanzo a entender acabadamente el por qué de esas reacciones", dijo) con las dificultades que existen para sumarse a la asignación por hijo, junto a los propósitos desestabilizadores para opacar este beneficio que, según ella, termina con el clientelismo. En el ataque permanente que hay en Olivos contra la prensa, califican de esa manera a las imágenes y menciones de los canales de televisión que muestran a la gente haciendo cola, algo que se promete erradicar.
El caso de los medios estuvo también en jaque durante la semana desde otros ángulos, ya que se produjo el desplazamiento de Eduardo Hecker de la Comisión Nacional de Valores, un técnico cuyo pecado fue consignar como información relevante la carta que un síndico de Papel Prensa había enviado a la Bolsa con el relato de una reunión con Guillermo Moreno, en la que el secretario de Comercio había hablado de "romper columnas y sacar ojos" a los que no se le cuadraran.
Hecker saltó de su cargo y al ministro de Economía, Amado Boudou, le pareció pertinente decir que un secretario de otra área no puede relevar a un funcionario que depende de él, por lo que se adjudicó el desplazamiento justo en un tema que involucra a una empresa cuyos socios son "Clarín" y "La Nación" y el Estado y donde la directora estatal es Beatriz Paglieri, entronizada por Moreno, precisamente. También reveló que el Estado irá a fondo en la empresa en materia de controles.
Fue Paglieri quien le avisó a los accionistas privados que Hecker había sido corrido de su puesto y por qué y el hecho no llamó la atención, ya que una Resolución de Economía había establecido que será la secretaría de Comercio Interior la que "entenderá en todo lo relativo al ejercicio de los derechos societarios inherentes a la participación del Estado en Papel Prensa". Lo único que la faltaba al Gobierno era que al visible "eje del mal" Moyano-D'Elía se le sume ahora también Moreno.
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