El dilema del vaso hasta la mitad
La sangría fiscal es tan desgastante como la pérdida de tiempo para negociar subas salariales sectoriales. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
Los políticos suelen decir que es mejor ver el vaso medio lleno, que medio vacío. Bajo ese argumento, los gobernantes tratan de captar el crédito social y, en muchos casos, una refinanciación de la confianza después de tantos años de gestión. Seis, en particular, para el caso de José Alperovich. Renovar la cuota de credibilidad es una tarea de todos los días. Ningún funcionario quiere aparecer, luego, como moroso que no cumple las promesas de campaña en esas calificadoras de riesgo crediticio populares. Tampoco quiere minar su capital político, aunque algunos busquen -de cierto modo- hipotecar su futuro con acciones y decisiones polémicas, más que consensuadas.
Observando el vaso medio lleno se puede decir que, frente a una crisis tan profunda, en lo que va del año, la Provincia ha podido cumplir con las obligaciones financieras al día. A tal punto que, en menos de un mes, esos vaticinios oficiales de cerrar el año con un déficit de $ 65 millones se redujeron a tan sólo unos $ 30 millones, al decir del propio Alperovich.
Desde la misma perspectiva optimista, desde el vaso medio lleno, también puede decirse que, pese al crecimiento propio de los tiempos de campaña, la ejecución presupuestaria de enero a agosto (el último dato oficial disponible en la web) cerró con un superávit primario cercano a los $ 51 millones y, si se toma en cuenta el pago de la deuda, el resultado sigue siendo positivo, de unos $ 44 millones.
El vaso comenzó a vaciarse apenas arrancó el segundo semestre. Esto también deslizado por los funcionarios de la Casa de Gobierno. Técnicamente se habla de que el peso de la deuda siempre recae en la segunda mitad del año. Por lo tanto, los compromisos son crecientes en un período donde la coparticipación federal de impuestos se subió al tobogán y -mes a mes- las provincias reciben menos plata que lo que deberían. Y no es tan sólo por la caída de la recaudación nacional, fuente que alimenta las gestiones provinciales, sino que la Nación siquiera cumple el piso constitucional de girar el 34% de lo que se cobra por impuestos a las 24 jurisdicciones del país. En los últimos siete años las provincias perdieron $ 11.350 millones. Nada más, nada menos, según los cálculos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). La cifra, por caso, equivale al total de vencimientos de la deuda que las provincias deberán cubrir en 2010 o al 11% del endeudamiento global de los 24 distritos. Con esa plata, también, Tucumán podría financiar sus gastos durante dos años. Alperovich no será ni el primero ni el último gobernador que se subirá a la tarima de la esquina a gritarle a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la cuotaparte de esos fondos que nunca serán distribuidos. Y no es porque a la Provincia no le hagan falta esos casi $ 530 millones que se acumularon por no cumplir la pauta constitucional. El mandatario -y la mayoría de sus pares- tienen una alta dependencia política y financiera con la Casa Rosada. Buenos Aires y Chaco, las jurisdicciones más comprometidas desde el punto de vista fiscal, tampoco pueden reclamar el giro de más dinero, por aquel karma kirchnerista.
Vasos vacíos
El gobernador sigue insistiendo que no tiene plata para hacer frente a demandas salariales sectoriales y que la Provincia arrastra un déficit de $ 30 millones. "Si Tucumán termina el año con ese rojo fiscal están en la gloria, porque hay provincias que están al borde de la cesación de pagos", comentaba un alto funcionario nacional con diálogo fluido con los gobernadores.
La erosión de las cuentas públicas se sustenta en la ejecución presupuestaria que el Ministerio de Economía difunde en su sitio www.mecontuc.gov.ar. En los primeros ocho meses del año, los gastos corrientes crecieron un 20% respecto de igual período de 2008. El efecto "elecciones" hizo mella en las finanzas públicas. Si bien la recaudación de Rentas evidenció un aumento exponencial -casi no sintió el impacto de la debacle-, los ingresos corrientes del período enero-agosto subieron sólo un 13%, es decir, siete puntos porcentuales por debajo del gasto público. Ese es un indicador preocupante de este año, pero nada se dice sobre el destino de los excedentes de los años de bonanza fiscal.
Más allá del comportamiento fiscal, la gestión de Alperovich no pudo encontrarle la vuelta al conflicto con los médicos. En la Casa de Gobierno dicen que resulta difícil sentarse a conversar y acordar acciones con integrantes de una asamblea, mas no de alguna fuerza sindical. La rebelión de las casacas blancas, como lo supo denominar el columnista Alvaro Aurane, se dio en un contexto en el que las estructuras gremiales han sido superadas por las bases. En cierta medida, el sindicalismo está padeciendo una crisis de representatividad.
La sangría financiera es tan desgastante como la pérdida de tiempo para negociar con sectores enfrentados con el Gobierno. La intransigencia no lleva a buen puerto. En esa lógica no habrá vasos medios llenos ni medios vacíos. Tan sólo vasos vacíos.
Observando el vaso medio lleno se puede decir que, frente a una crisis tan profunda, en lo que va del año, la Provincia ha podido cumplir con las obligaciones financieras al día. A tal punto que, en menos de un mes, esos vaticinios oficiales de cerrar el año con un déficit de $ 65 millones se redujeron a tan sólo unos $ 30 millones, al decir del propio Alperovich.
Desde la misma perspectiva optimista, desde el vaso medio lleno, también puede decirse que, pese al crecimiento propio de los tiempos de campaña, la ejecución presupuestaria de enero a agosto (el último dato oficial disponible en la web) cerró con un superávit primario cercano a los $ 51 millones y, si se toma en cuenta el pago de la deuda, el resultado sigue siendo positivo, de unos $ 44 millones.
El vaso comenzó a vaciarse apenas arrancó el segundo semestre. Esto también deslizado por los funcionarios de la Casa de Gobierno. Técnicamente se habla de que el peso de la deuda siempre recae en la segunda mitad del año. Por lo tanto, los compromisos son crecientes en un período donde la coparticipación federal de impuestos se subió al tobogán y -mes a mes- las provincias reciben menos plata que lo que deberían. Y no es tan sólo por la caída de la recaudación nacional, fuente que alimenta las gestiones provinciales, sino que la Nación siquiera cumple el piso constitucional de girar el 34% de lo que se cobra por impuestos a las 24 jurisdicciones del país. En los últimos siete años las provincias perdieron $ 11.350 millones. Nada más, nada menos, según los cálculos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). La cifra, por caso, equivale al total de vencimientos de la deuda que las provincias deberán cubrir en 2010 o al 11% del endeudamiento global de los 24 distritos. Con esa plata, también, Tucumán podría financiar sus gastos durante dos años. Alperovich no será ni el primero ni el último gobernador que se subirá a la tarima de la esquina a gritarle a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la cuotaparte de esos fondos que nunca serán distribuidos. Y no es porque a la Provincia no le hagan falta esos casi $ 530 millones que se acumularon por no cumplir la pauta constitucional. El mandatario -y la mayoría de sus pares- tienen una alta dependencia política y financiera con la Casa Rosada. Buenos Aires y Chaco, las jurisdicciones más comprometidas desde el punto de vista fiscal, tampoco pueden reclamar el giro de más dinero, por aquel karma kirchnerista.
Vasos vacíos
El gobernador sigue insistiendo que no tiene plata para hacer frente a demandas salariales sectoriales y que la Provincia arrastra un déficit de $ 30 millones. "Si Tucumán termina el año con ese rojo fiscal están en la gloria, porque hay provincias que están al borde de la cesación de pagos", comentaba un alto funcionario nacional con diálogo fluido con los gobernadores.
La erosión de las cuentas públicas se sustenta en la ejecución presupuestaria que el Ministerio de Economía difunde en su sitio www.mecontuc.gov.ar. En los primeros ocho meses del año, los gastos corrientes crecieron un 20% respecto de igual período de 2008. El efecto "elecciones" hizo mella en las finanzas públicas. Si bien la recaudación de Rentas evidenció un aumento exponencial -casi no sintió el impacto de la debacle-, los ingresos corrientes del período enero-agosto subieron sólo un 13%, es decir, siete puntos porcentuales por debajo del gasto público. Ese es un indicador preocupante de este año, pero nada se dice sobre el destino de los excedentes de los años de bonanza fiscal.
Más allá del comportamiento fiscal, la gestión de Alperovich no pudo encontrarle la vuelta al conflicto con los médicos. En la Casa de Gobierno dicen que resulta difícil sentarse a conversar y acordar acciones con integrantes de una asamblea, mas no de alguna fuerza sindical. La rebelión de las casacas blancas, como lo supo denominar el columnista Alvaro Aurane, se dio en un contexto en el que las estructuras gremiales han sido superadas por las bases. En cierta medida, el sindicalismo está padeciendo una crisis de representatividad.
La sangría financiera es tan desgastante como la pérdida de tiempo para negociar con sectores enfrentados con el Gobierno. La intransigencia no lleva a buen puerto. En esa lógica no habrá vasos medios llenos ni medios vacíos. Tan sólo vasos vacíos.
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