11 Noviembre 2009 Seguir en 
Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. Seguridad que alguien tiene en sí mismo. Son dos de la definiciones que proporciona el Diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra confianza. Esta, por cierto, es la base de toda relación afectiva. En una comunidad es una de las virtudes indispensables para la convivencia porque promueve la integración, así como la construcción de proyectos colectivos.
Un informe que realiza anualmente el instituto Legatum de Inglaterra sobre la calidad de vida en los distintos países señala que menos de dos de cada 10 argentinos considera que puede confiar en otros. En una comparación con las demás naciones se indica, por ejemplo, que los uruguayos y colombianos confían hasta siete veces más en los otros que los argentinos. Sin embargo, una gran cantidad de argentinos sostiene que los amigos son importantes y el 90 % de ellos asegura que confía sólo en sus amistades y en su familia cuando lo necesita. Entre 104 países, el nuestro se halla entre los 50 con menor capacidad para creer y confiar en los otros.
Según un especialista consultado por nuestro diario, confiar supone asumir el compromiso de animarse a exponerse frente al otro, a entregar cada vez mayor cantidad y calidad de información, y la confidencialidad se construye por la reciprocidad de esta actitud. "La disminución en la capacidad de confiar en el otro reside en que las personas prefieren mostrarse sólo superficialmente, un fenómeno que se revalorizó en las últimas dos décadas. El slogan social de hoy parece ser 'hay que tener y mostrar una buena fachada, pero no te expongas, no muestres mucho tus ideas ni tus sentimientos, pues eso te hace vulnerable frente a los demás'", afirmó el experto.
En su opinión, en la actualidad los grupos de pertenencia que más se cultivan son los que nos permiten "pasarla bien". Esto es lo más importante y para lograr el objetivo hay que mostrarse simpático, lindo, amistoso y divertido.
Además de individualistas y desconfiados, el trabajo del instituto Legatum reveló que los niveles de solidaridad y trabajo voluntario son bastante bajos. Solamente el 51 % de los argentinos dijo haber ayudado a un extraño en el último año. En el punto referido al índice de prosperidad que combina crecimiento económico, nivel de libertad, democracia, mediciones de felicidad y calidad de vida de un país, entre 104 países, Argentina quedó debajo de Chile y Uruguay, y por sobre Brasil, México y Venezuela. Se indica que la mejor cualidad de nuestro país es la libertad personal.
En otras oportunidades, hemos señalado el estado de crisis en que se halla nuestra sociedad que va perdiendo paulatinamente los valores esenciales de la solidaridad y de la ética. En contraposición se promueve el éxito fácil, la superficialidad y un individualismo exacerbado, y se incita permanentemente al consumismo.
Este vaciamiento espiritual que se observa no sólo en la Argentina, se pone de manifiesto en una sociedad como la nuestra, donde valores como, por ejemplo, el respeto por el otro parece que se va extinguiendo. El grado de transgresión a las leyes es elevado y puede interpretarse como una falta de confianza en nuestros gobernantes que son los primeros que deberían dar el ejemplo.
Las causas de este estado de anemia cívica son diversas. Si el pacto de confianza se rompe porque la persona o la institución que tienen una misión específica no la cumplen, lo hacen a medias o hacen lo contrario, es muy difícil de recomponer. Solamente es posible hacerlo con buenas acciones.
Sólo con educación se puede revertir a largo plazo esta actitud bastante generalizada de falta de interés y de compromiso ciudadano en la cosa pública que tiene que ver con la desconfianza en los otros, y en particular, en quienes nos representan.
Un informe que realiza anualmente el instituto Legatum de Inglaterra sobre la calidad de vida en los distintos países señala que menos de dos de cada 10 argentinos considera que puede confiar en otros. En una comparación con las demás naciones se indica, por ejemplo, que los uruguayos y colombianos confían hasta siete veces más en los otros que los argentinos. Sin embargo, una gran cantidad de argentinos sostiene que los amigos son importantes y el 90 % de ellos asegura que confía sólo en sus amistades y en su familia cuando lo necesita. Entre 104 países, el nuestro se halla entre los 50 con menor capacidad para creer y confiar en los otros.
Según un especialista consultado por nuestro diario, confiar supone asumir el compromiso de animarse a exponerse frente al otro, a entregar cada vez mayor cantidad y calidad de información, y la confidencialidad se construye por la reciprocidad de esta actitud. "La disminución en la capacidad de confiar en el otro reside en que las personas prefieren mostrarse sólo superficialmente, un fenómeno que se revalorizó en las últimas dos décadas. El slogan social de hoy parece ser 'hay que tener y mostrar una buena fachada, pero no te expongas, no muestres mucho tus ideas ni tus sentimientos, pues eso te hace vulnerable frente a los demás'", afirmó el experto.
En su opinión, en la actualidad los grupos de pertenencia que más se cultivan son los que nos permiten "pasarla bien". Esto es lo más importante y para lograr el objetivo hay que mostrarse simpático, lindo, amistoso y divertido.
Además de individualistas y desconfiados, el trabajo del instituto Legatum reveló que los niveles de solidaridad y trabajo voluntario son bastante bajos. Solamente el 51 % de los argentinos dijo haber ayudado a un extraño en el último año. En el punto referido al índice de prosperidad que combina crecimiento económico, nivel de libertad, democracia, mediciones de felicidad y calidad de vida de un país, entre 104 países, Argentina quedó debajo de Chile y Uruguay, y por sobre Brasil, México y Venezuela. Se indica que la mejor cualidad de nuestro país es la libertad personal.
En otras oportunidades, hemos señalado el estado de crisis en que se halla nuestra sociedad que va perdiendo paulatinamente los valores esenciales de la solidaridad y de la ética. En contraposición se promueve el éxito fácil, la superficialidad y un individualismo exacerbado, y se incita permanentemente al consumismo.
Este vaciamiento espiritual que se observa no sólo en la Argentina, se pone de manifiesto en una sociedad como la nuestra, donde valores como, por ejemplo, el respeto por el otro parece que se va extinguiendo. El grado de transgresión a las leyes es elevado y puede interpretarse como una falta de confianza en nuestros gobernantes que son los primeros que deberían dar el ejemplo.
Las causas de este estado de anemia cívica son diversas. Si el pacto de confianza se rompe porque la persona o la institución que tienen una misión específica no la cumplen, lo hacen a medias o hacen lo contrario, es muy difícil de recomponer. Solamente es posible hacerlo con buenas acciones.
Sólo con educación se puede revertir a largo plazo esta actitud bastante generalizada de falta de interés y de compromiso ciudadano en la cosa pública que tiene que ver con la desconfianza en los otros, y en particular, en quienes nos representan.
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