10 Noviembre 2009 Seguir en 
Cuando el hombre agrede a la naturaleza o la destruye, esta reacciona a veces en forma inmediata o se toma su tiempo para hacerlo. Desde hace dos décadas, científicos de todo el mundo vienen advirtiendo sobre los daños que causan los gases de efecto invernadero y las transformaciones climáticas que se producen como consecuencia. Ya en 2002, en la Cumbre de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible se dijo que la falta de agua en el planeta se iba a convertir en un problema mundial en 2025.
En marzo de 2006, un informe de las Naciones Unidas indicaba que la calidad del agua estaba disminuyendo en muchas regiones del mundo. El estudio señalaba que, para funcionar como es debido, el ciclo hidrológico del que depende nuestra vida necesita un medio ambiente saludable. Se indicaba que en muchos lugares del mundo se despilfarraba un porcentaje colosal de agua -entre 30 % y 40 %, según algunas estimaciones-, debido a escapes de tuberías, pérdidas en canalizaciones y empalmes ilegales.
En Tucumán, por ejemplo, algunos ecologistas vienen reparando en los perjuicios que traerán a corto y largo plazo la tala indiscriminada de los cerros, así como la contaminación de los ríos y de medio ambiente. Pese a las advertencias desde el Estado, este año se multiplicó la quema de cañaverales, superando ampliamente las 800 registradas en 2008. La extensa sequía trajo como novedad los incendios forestales, que desnudaron la precariedad en materia de prevención, así como la ausencia de medios y de equipos especializados para combatir estos siniestros. Los primeros focos que comenzaron en el cerro San Javier fueron subestimados por las autoridades. Las llamas se extendieron al Parque Biológico de la UNT y se registraban incendios en la zona de Potrero de las Tablas, en Lules, y en La Picada, en Tafí Viejo. Como no eran suficientes los esfuerzos de los bomberos y las acciones diseñadas por Defensa Civil, luego de casi cinco días, llegó de Jujuy un avión hidrante, provisto por el Gobierno nacional mediante el Plan Nacional de Manejo del Fuego. Los incendios no cesaron en la Quebrada de Lules.
Se convocaron entonces a brigadas de Chubut que comenzaron a trabajar el viernes pasado con una técnica muy efectiva: hicieron un sistema para cortar el fuego con una línea de agua. Compararon esta estructura con la de un arroyo; con palas excavaron los canales, donde el avión hidrante arroja agua. Sin embargo, la precipitación caída el viernes no logró apagar los incendios de Los Pizarro y Los Sosa, a poco kilómetros de la ciudad de La Cocha. Hasta el momento, el fuego devoró casi 1.000 hectáreas y la destrucción de la flora es muy grande, según las autoridades.
Un climatólogo, investigador del Conicet y docente en la Universidad de Buenos Aires, dijo recientemente que en el país debió haberse generado una cultura de adaptación al clima. Se tendría que haber pensado en cómo enfrentar los momentos de desastres. "Hoy tenemos una situación muy crítica de sequía porque nadie pensó en guardar en las épocas buenas una alta disponibilidad de agua para las épocas malas", aseveró. Por su parte, el titular del Laboratorio Climatológico Sudamericano afirmó que la sequía que afecta al 90 % del país durará aproximadamente 19 años más.
Ante esta perspectiva, creemos necesario que el gobierno, las universidades, las instituciones científicas y civiles deberían trabajar consensuadamente en el diseño de una política de Estado sobre la preservación del medio, el uso racional del agua -combatiendo a conciencia la contaminación en todas las áreas-; sobre la conveniencia de capacitar a personal para combatir los incendios forestales y medidas concretas para evitar la tala de árboles. Si no se reacciona a tiempo, los problemas pueden tornarse luego insolubles.
En marzo de 2006, un informe de las Naciones Unidas indicaba que la calidad del agua estaba disminuyendo en muchas regiones del mundo. El estudio señalaba que, para funcionar como es debido, el ciclo hidrológico del que depende nuestra vida necesita un medio ambiente saludable. Se indicaba que en muchos lugares del mundo se despilfarraba un porcentaje colosal de agua -entre 30 % y 40 %, según algunas estimaciones-, debido a escapes de tuberías, pérdidas en canalizaciones y empalmes ilegales.
En Tucumán, por ejemplo, algunos ecologistas vienen reparando en los perjuicios que traerán a corto y largo plazo la tala indiscriminada de los cerros, así como la contaminación de los ríos y de medio ambiente. Pese a las advertencias desde el Estado, este año se multiplicó la quema de cañaverales, superando ampliamente las 800 registradas en 2008. La extensa sequía trajo como novedad los incendios forestales, que desnudaron la precariedad en materia de prevención, así como la ausencia de medios y de equipos especializados para combatir estos siniestros. Los primeros focos que comenzaron en el cerro San Javier fueron subestimados por las autoridades. Las llamas se extendieron al Parque Biológico de la UNT y se registraban incendios en la zona de Potrero de las Tablas, en Lules, y en La Picada, en Tafí Viejo. Como no eran suficientes los esfuerzos de los bomberos y las acciones diseñadas por Defensa Civil, luego de casi cinco días, llegó de Jujuy un avión hidrante, provisto por el Gobierno nacional mediante el Plan Nacional de Manejo del Fuego. Los incendios no cesaron en la Quebrada de Lules.
Se convocaron entonces a brigadas de Chubut que comenzaron a trabajar el viernes pasado con una técnica muy efectiva: hicieron un sistema para cortar el fuego con una línea de agua. Compararon esta estructura con la de un arroyo; con palas excavaron los canales, donde el avión hidrante arroja agua. Sin embargo, la precipitación caída el viernes no logró apagar los incendios de Los Pizarro y Los Sosa, a poco kilómetros de la ciudad de La Cocha. Hasta el momento, el fuego devoró casi 1.000 hectáreas y la destrucción de la flora es muy grande, según las autoridades.
Un climatólogo, investigador del Conicet y docente en la Universidad de Buenos Aires, dijo recientemente que en el país debió haberse generado una cultura de adaptación al clima. Se tendría que haber pensado en cómo enfrentar los momentos de desastres. "Hoy tenemos una situación muy crítica de sequía porque nadie pensó en guardar en las épocas buenas una alta disponibilidad de agua para las épocas malas", aseveró. Por su parte, el titular del Laboratorio Climatológico Sudamericano afirmó que la sequía que afecta al 90 % del país durará aproximadamente 19 años más.
Ante esta perspectiva, creemos necesario que el gobierno, las universidades, las instituciones científicas y civiles deberían trabajar consensuadamente en el diseño de una política de Estado sobre la preservación del medio, el uso racional del agua -combatiendo a conciencia la contaminación en todas las áreas-; sobre la conveniencia de capacitar a personal para combatir los incendios forestales y medidas concretas para evitar la tala de árboles. Si no se reacciona a tiempo, los problemas pueden tornarse luego insolubles.
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