La carta de la buena onda

08 Noviembre 2009
LOS ENFERMOS
Juan Pablo II, en cada viaje apostólico, tenía un espacio y un tiempo privilegiado para los enfermos. Creó el Consejo Pontificio para los agentes de salud y, finalmente, instituyó el 8/11 la “Jornada Mundial del Enfermo”. A la vez, las conferencias episcopales van creando la Comisión de Salud y las diócesis se esfuerzan en impulsar la “Pastoral de la Salud”. El enfermo puede ser no comprendido del todo por quienes lo rodean, sean estos familiares o allegados. Sufrir en soledad no es nada fácil. Estar con alguien permite que la incapacidad, la pequeñez, la nulidad, no resulten un obstáculo para pedir apoyo. Aquel que sabe acariciar la frente del enfermo, que da su amor, hace un bien incalculable. Es cierto que vivimos en un mundo de prisas. Es cierto que se tienen mil cosas por hacer. Pero también es cierto que somos más humanos cuando damos una parte de nuestro tiempo al que sufre. De un modo misterioso, el dar se convierte en recibir. El sentirse comprometido con el enfermo ayuda a descubrir nuevas dimensiones, a dejar un mensaje evangélico, convirtiéndose en voz del que ya no tiene voz.

Ana María Ferrari                                       
Santiago 1.517                                                
S.M. de Tucumán

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