Preocupan ataques contra los medios

08 Noviembre 2009
Inquietan profundamente, a la inmensa mayoría de ciudadanos argentinos que dan a la libertad de prensa un carácter de valor esencial, ciertas situaciones que se están viviendo en estos días en la capital de la República. Como lo hemos informado, se ha bloqueado la distribución de medios gráficos nacionales, por parte de camioneros gremialistas, cosa que ha dado lugar a una serie de incidentes. No se necesita acumular demasiados argumentos, para que quede clara la gravedad que entraña semejante traba a la libre circulación de importantes órganos de prensa, como es el caso de "Clarín", "La Nación" y "Perfil". Es evidente, también, la pésima imagen internacional que tales sucesos otorgan a la Argentina, justo en momentos en que sesiona en Buenos Aires la asamblea general de la Sociedad Interamericana de Prensa.
Se trata, lamentablemente, de un eslabón más en la cadena de agresiones a la libertad de expresión, que desde tiempo atrás viene soportando nuestro país. Sus manifestaciones concretas contienen elementos más que suficientes para preocupar.
La escalada contra la prensa arrancó con la Ley de Medios y con la agobiante presión impositiva. Y todo esto se enmarca con los ataques verbales, cada vez más violentos, que la primera magistrada de la República dispara contra los diarios y revistas que se atreven a criticar aspectos de su gestión.
Desde que la Argentina recuperó su estructura democrática en plenitud, hace ya más de un cuarto de siglo, no se había registrado una situación de esa naturaleza. Ello era coherente con la vigencia plena de los derechos constitucionales, entre los que, como se sabe, el de la libertad de expresión tiene carácter fundamental, ya que opera como garantía de todas las demás libertades.
Nos parece que se trata de una cuestión extremadamente grave. No puede persistirse en ella, sin riesgo de afectar muy seriamente los mecanismos republicanos que nos jactamos de haber recuperado y de disfrutar en plenitud desde 1983. Extraña que un gobierno surgido de elecciones democráticas, haya ingresado en una variante tan peligrosa y que a nada positivo puede conducir.
Como lo hemos dicho en innumerables oportunidades, la vigencia de la libertad de prensa es algo que va mucho más allá del interés de los periodistas. Toda la sociedad tiene derecho a recibir la máxima cantidad y variedad de información y de opinión. Y en ningún caso, un Estado democrático puede arrogarse la facultad de retacearla en sentido alguno.
El nuestro es un pueblo maduro, que a esta altura de su evolución no puede verse sometido a cortapisas como las que representan las injustificables actitudes oficialistas que criticamos.
Estas, como se sabe, han sido condenadas francamente por importantes organismos y por prestigiosas personalidades. El presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) ha recalcado que el material que contienen los diarios y revistas es "fundamental para alimentar una democracia genuina", y que es "imposible pensar en los diarios sin su ejercicio crítico, porque el periodismo que cumple cabalmente con su misión incomoda a los gobiernos: lo que diferencia a los gobiernos democráticos de los que no lo son, es su capacidad para absorber la crítica e incluso convertirla en un insumo beneficioso para corregir errores".
Es de esperar que el Gobierno nacional corrija de inmediato su errada actitud, que pasa por encima del derecho de los ciudadanos a ser informados en plenitud. Y que, consecuentemente, cese el hostigamiento actual. Este no provoca otra cosa que daños en el sistema democrático en su conjunto, cuya existencia real debe preservarse a toda costa.

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