El ministro que busca restaurar la confianza
En tiempos de crisis, el Gobierno ha decidido elevarle el perfil al ministro de Economía. Hubo un cambio de roles, advierten los expertos. Desde el momento en que los gastos crecen a mayor ritmo que los ingresos y con el fantasma del déficit fiscal rondando por las cuentas públicas, el kirchnerismo necesita de un hombre que consiga financiamiento en el exterior.
08 Noviembre 2009 Seguir en 
Lleva exactamente cuatro meses de gestión y su exposición pública, tal vez, es la más alta de la que pudo tener un ministro del gobierno kirchnerista. Los expertos consideran que ese perfil es el que se precisa en este momento, cuando la Argentina debe buscar la forma de reinsertarse en el mercado voluntario de capitales. Amado Boudou le imprimió un ritmo distinto al Ministerio de Economía. Adoptó una posición mediática más expuesta y es el encargado de llevar adelante las negociaciones con los organismos multilaterales, con los bonistas, con los países acreedores y hasta con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En estos cuatro meses, el kirchnerismo le dio a Boudou la llave para salir a jugar un juego que hasta aquí parecía vedado, pero que puede complicar la gestión en 2010 si es que el funcionario no lograr acceder al financiamiento voluntario.
El recambio
Magister en Economía en el Centro de Estudio Macroeconómicos Argentinos (CEMA), Boudou es licenciado en Economía de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Tiene 45 años y se confesó fanático de Tigre, guitarrista aficionado y jugador de tenis y de golf en sus ratos libres. Tiene fama de tipo simpático, aficionado a la noche, muy cuidadoso de su aspecto y seductor con las mujeres, afirman quienes lo frecuentan. Fue militante de la Ucedé y productor de espectáculos.
Boudou reemplazó a Carlos Fernández, luego de la dura derrota electoral del kirchnerismo, en los comicios del 28 de junio pasado. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner consideró necesario un cambio de conductor del Palacio de Hacienda porque, en esos momentos, se afirmaba que para el Gobierno se venían tiempos complicados no sólo por la crisis mundial y por el recambio desfavorable para la Casa Rosada en el Congreso, sino también para abrir las puertas del mercado, esas que se cerraron a fines de 2001, cuando la Argentina declaró la cesación de pagos y que se entreabrió en 2005 (con el primer canje de deuda) y en 2007, con el pago de la deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Antes de llegar al Palacio de Hacienda, Boudou se hizo cargo de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) luego de que Sergio Massa asumiera la conducción de la jefatura de Gabinete, y encabezó el proceso de estatización del régimen de jubilaciones concretado a fines de 2008. Massa, considerado el padrino político de Boudou, ya no está en el gabinete.
Un paso hacia la meta
El 23 de octubre pasado, Boudou dio el primer paso hacia el objetivo fijado por el Gobierno: el nuevo canje de la deuda con los bonistas.
"Una de las metas que nos habíamos propuesto, sin dudas la principal, era el retorno de Argentina a los mercados financieros internacionales", aseguró. En este sentido, aclaró que ese retorno "no es un objetivo, sino un instrumento para redoblar y profundizar los cambios que se vienen dando desde 2003 a la fecha"
Asimismo, señaló que "los mercados financieros son un instrumento para potenciar el crecimiento con inclusión social del país, para apalancar los empleos".
Pero el ministro de Economía también debe lidiar con problemas internos. tras más de seis años de superávit, la economía argentina de la era kirchnerista afronta un déficit fiscal, y es posible que cierre el año con un rojo fiscal que puede llegar a superar los $ 5.000 millones.
"Boudou tomó las riendas de un Ministerio de Economía desprestigiado, primero por los pasos cuestionables de Felisa Miceli, después por el error de juicio de Martín Loustau y, luego, por la gestión sin pena ni gloria encarada por Carlos Fernández", decía hace algunos meses el columnista de la agencia Noticias Argentinas, José Calero.
En ese escenario se desenvuelve Boudou, considerado por empresarios, políticos y hasta los mismos funcionarios como una suerte de gerente que necesita elevarle el perfil a un área clave para el Poder Ejecutivo. Son los desafíos que se le plantean al ministro que, en los papeles, se ha constituido en una de las principales piezas del gabinete kirchnerista.
El recambio
Magister en Economía en el Centro de Estudio Macroeconómicos Argentinos (CEMA), Boudou es licenciado en Economía de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Tiene 45 años y se confesó fanático de Tigre, guitarrista aficionado y jugador de tenis y de golf en sus ratos libres. Tiene fama de tipo simpático, aficionado a la noche, muy cuidadoso de su aspecto y seductor con las mujeres, afirman quienes lo frecuentan. Fue militante de la Ucedé y productor de espectáculos.
Boudou reemplazó a Carlos Fernández, luego de la dura derrota electoral del kirchnerismo, en los comicios del 28 de junio pasado. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner consideró necesario un cambio de conductor del Palacio de Hacienda porque, en esos momentos, se afirmaba que para el Gobierno se venían tiempos complicados no sólo por la crisis mundial y por el recambio desfavorable para la Casa Rosada en el Congreso, sino también para abrir las puertas del mercado, esas que se cerraron a fines de 2001, cuando la Argentina declaró la cesación de pagos y que se entreabrió en 2005 (con el primer canje de deuda) y en 2007, con el pago de la deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Antes de llegar al Palacio de Hacienda, Boudou se hizo cargo de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) luego de que Sergio Massa asumiera la conducción de la jefatura de Gabinete, y encabezó el proceso de estatización del régimen de jubilaciones concretado a fines de 2008. Massa, considerado el padrino político de Boudou, ya no está en el gabinete.
Un paso hacia la meta
El 23 de octubre pasado, Boudou dio el primer paso hacia el objetivo fijado por el Gobierno: el nuevo canje de la deuda con los bonistas.
"Una de las metas que nos habíamos propuesto, sin dudas la principal, era el retorno de Argentina a los mercados financieros internacionales", aseguró. En este sentido, aclaró que ese retorno "no es un objetivo, sino un instrumento para redoblar y profundizar los cambios que se vienen dando desde 2003 a la fecha"
Asimismo, señaló que "los mercados financieros son un instrumento para potenciar el crecimiento con inclusión social del país, para apalancar los empleos".
Pero el ministro de Economía también debe lidiar con problemas internos. tras más de seis años de superávit, la economía argentina de la era kirchnerista afronta un déficit fiscal, y es posible que cierre el año con un rojo fiscal que puede llegar a superar los $ 5.000 millones.
"Boudou tomó las riendas de un Ministerio de Economía desprestigiado, primero por los pasos cuestionables de Felisa Miceli, después por el error de juicio de Martín Loustau y, luego, por la gestión sin pena ni gloria encarada por Carlos Fernández", decía hace algunos meses el columnista de la agencia Noticias Argentinas, José Calero.
En ese escenario se desenvuelve Boudou, considerado por empresarios, políticos y hasta los mismos funcionarios como una suerte de gerente que necesita elevarle el perfil a un área clave para el Poder Ejecutivo. Son los desafíos que se le plantean al ministro que, en los papeles, se ha constituido en una de las principales piezas del gabinete kirchnerista.







