El esfuerzo de pensar con matices
Los cambios en el régimen de disciplina y de inasistencias muestran una nueva visión y un desafío sobre el nivel medio. Por Nora Lía Jabif - Editora de Educación y Cultura.
06 Noviembre 2009 Seguir en 
Juventud y adolescencia son dos categorías nuevas, que perturban a quienes por siglos estuvieron acostumbrados a pensar y a conducir en función de un mundo en el que se era niño o se era adulto. Eso dijo hace unos días, en Tucumán, Emilio Tenti Fanfani, uno de los expertos argentinos más relevantes en materia de sociología educativa.
Ese cambio de categorías incide, sin duda, en los cambios normativos que se están generando este año en el sistema educativo argentino. En otras palabras: a la hora de fijar y de desarrollar las nuevas políticas para el sector, ya se empieza a considerar al joven y al adolescente como dos "subjetividades" con caraterísticas propias.
El problema es, ¿cómo impacta en la comunidad la comunicación de esos ejes? Sin duda, perturba a quienes analizan la realidad desde esa tradicional perspectiva dual, en la que se era niño o se era adulto. Y la escuela, en esa representación histórica, era el espacio "del niño". Cuando se habla de educación, hay cuestiones de alto impacto mediático (que no son ni más ni menos importantes que las otras); y lo son porque perforan el territorio de lo estrictamente académico e inciden en la vida en relación, tanto entre los pares adolescentes como en el vínculo que ellos entablan con los mayores, en general.
Dos de los temas "de alto voltaje" de esta nueva agenda son los que se refieren al anuncio de que habrá "modificaciones conceptuales" en el régimen de disciplina y en el de inasistencias. Lo había dicho el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, cuando estuvo en Tucumán hace 20 días, y lo reiteró la ministra de Educación provincial, Silvia Rojkés, esta semana, en diálogo con LA GACETA.
Contención del alumno
La idea es que las inasistencias no deben ser determinantes para que el alumno quede fuera de la escuela. En ese registro, afirman que debe establecerse una "red de responsabilidades compartidas" entre directivos, docentes y padres, con el eje en la contención y en el seguimiento del alumno. El títular periodístico "Las faltas ya no serán determinantes para quedar libres", que publicó LA GACETA en su edición del martes, provocó cosquilleos en una parte de la comunidad que sigue viendo la realidad en términos de "bueno" versus "malo"; o "autoridad" versus "permisividad". Ni lo uno ni lo otro: tiene razón Sileoni cuando esgrime el dato de la cantidad de adolescentes mamás que finalmente abandonan la escuela; y si ese argumento no alcanza, piénsese en los niños y adolescentes que trabajan, y que muchas veces no figuran en las estadísticas oficiales, pero sí en los relatos de los docentes, y, en Tucumán, en la información de los gremios que trabajan en el sector rural y que indican presencia infantil en la producción tabacalera, en la producción de la frutilla y del citrus, entre otras actividades. Del lado de los que reclaman "rigor", se cuela la percepción de que están los avivados de siempre, que aprovecharán el "veranito disciplinario" para justificar sus faltazos. Para calmar los ánimos, desde el Ministerio de Educación se dijo que el régimen de inasistencias (25 es el máximo permitido) no será eliminado; y que el "cambio conceptual" es más bien "de tipo preventivo": en otras palabras, que la idea es dialogar con los alumnos para concientizarlos acerca de la importancia de "vivir la escuela" como una experiencia enriquecedora.
Algo parecido dijo Tenti Fanfani. El autor de "La condición docente" opinó que cada profesor debería dedicar el primer tramo del programa a explicarles a los alumnos de qué les servirá la asignatura que él dicta en su vida presente y futura. Una perspectiva como esa reclama esfuerzos, y ya no sólo del lado del alumno y del joven sino, más aún, del lado de ese mundo adulto tan determinado a actuar y a pensar en función de una realidad que no tiene matices.
Ese cambio de categorías incide, sin duda, en los cambios normativos que se están generando este año en el sistema educativo argentino. En otras palabras: a la hora de fijar y de desarrollar las nuevas políticas para el sector, ya se empieza a considerar al joven y al adolescente como dos "subjetividades" con caraterísticas propias.
El problema es, ¿cómo impacta en la comunidad la comunicación de esos ejes? Sin duda, perturba a quienes analizan la realidad desde esa tradicional perspectiva dual, en la que se era niño o se era adulto. Y la escuela, en esa representación histórica, era el espacio "del niño". Cuando se habla de educación, hay cuestiones de alto impacto mediático (que no son ni más ni menos importantes que las otras); y lo son porque perforan el territorio de lo estrictamente académico e inciden en la vida en relación, tanto entre los pares adolescentes como en el vínculo que ellos entablan con los mayores, en general.
Dos de los temas "de alto voltaje" de esta nueva agenda son los que se refieren al anuncio de que habrá "modificaciones conceptuales" en el régimen de disciplina y en el de inasistencias. Lo había dicho el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, cuando estuvo en Tucumán hace 20 días, y lo reiteró la ministra de Educación provincial, Silvia Rojkés, esta semana, en diálogo con LA GACETA.
Contención del alumno
La idea es que las inasistencias no deben ser determinantes para que el alumno quede fuera de la escuela. En ese registro, afirman que debe establecerse una "red de responsabilidades compartidas" entre directivos, docentes y padres, con el eje en la contención y en el seguimiento del alumno. El títular periodístico "Las faltas ya no serán determinantes para quedar libres", que publicó LA GACETA en su edición del martes, provocó cosquilleos en una parte de la comunidad que sigue viendo la realidad en términos de "bueno" versus "malo"; o "autoridad" versus "permisividad". Ni lo uno ni lo otro: tiene razón Sileoni cuando esgrime el dato de la cantidad de adolescentes mamás que finalmente abandonan la escuela; y si ese argumento no alcanza, piénsese en los niños y adolescentes que trabajan, y que muchas veces no figuran en las estadísticas oficiales, pero sí en los relatos de los docentes, y, en Tucumán, en la información de los gremios que trabajan en el sector rural y que indican presencia infantil en la producción tabacalera, en la producción de la frutilla y del citrus, entre otras actividades. Del lado de los que reclaman "rigor", se cuela la percepción de que están los avivados de siempre, que aprovecharán el "veranito disciplinario" para justificar sus faltazos. Para calmar los ánimos, desde el Ministerio de Educación se dijo que el régimen de inasistencias (25 es el máximo permitido) no será eliminado; y que el "cambio conceptual" es más bien "de tipo preventivo": en otras palabras, que la idea es dialogar con los alumnos para concientizarlos acerca de la importancia de "vivir la escuela" como una experiencia enriquecedora.
Algo parecido dijo Tenti Fanfani. El autor de "La condición docente" opinó que cada profesor debería dedicar el primer tramo del programa a explicarles a los alumnos de qué les servirá la asignatura que él dicta en su vida presente y futura. Una perspectiva como esa reclama esfuerzos, y ya no sólo del lado del alumno y del joven sino, más aún, del lado de ese mundo adulto tan determinado a actuar y a pensar en función de una realidad que no tiene matices.
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