Hay sequía hasta de dólares
Con la divisa planchada, el Gobierno busca ganarle a la inflación para que la estabilidad se traslade a los precios. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
En la plaza tucumana hay una verdadera sequía de dólares. Los pequeños ahorristas ya no hacen cola frente las casas de cambio para resguardar su capital de ciertos avatares de la economía. Desde hace cuatro semanas, el dólar está planchado y las operaciones en stand by. No hay demandas de la divisa estadounidense, como tampoco de otras (como el real brasileño o el euro) que pueden reactivarse a fines de mes o a mediados de diciembre, sólo por la necesidad de los veraneantes.
El promedio por operación bajó de U$S 300 a U$S 100 en la city tucumana. El que va a cambiar billetes lo hace sólo para poder pagar algunas deudas o llegar a fines de mes, comentó un operador de la city. Hoy ahorrar en dólares "es una mala idea", pontificó ayer el ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, como una manera de despejar ciertas expectativas negativas sobre el rumbo de la economía y, particularmente, sobre la inflación, que es la cuestión de fondo a resolver por el Gobierno, más allá de las mediciones del Indec.
Para muchos analistas, las palabras de Boudou le resultaron una música conocida, aunque en distintos escenarios. Por caso, algunos referenciaron a "el que apuesta al dólar, pierde", expresada en 1981 por el entonces ministro de Economía, Lorenzo Sigaut. El dólar marcó otras gestiones de Gobierno. Por caso, en 2002, Eduardo Duhalde asumió la presidencia y, en su discurso señaló: "el Estado no permitirá que los argentinos sean víctimas del sistema financiero. Van a ser respetadas las monedas en que hicieron sus depósitos. El que depositó en dólares recibirá dólares, el que depositó en pesos recibirá pesos".
Las necesidades de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner son otras. Un dólar planchado le conviene, sobre todo para solucionar algunos problemas fiscales. Pero esta quietud de la moneda estadounidense en las pizarras de las casas de cambio no significan que le haya ganado la carrera a la inflación real. El impacto de esta suerte de equilibrio en el tipo de cambio varía según la espalda del actor económico.
Las grandes empresas que invirtieron en dólares ganaron plata, pero en términos de pesos, porque si operaron en el exterior, la moneda de EEUU ha sufrido un proceso de devaluación inesperado respecto de una canasta de otras monedas. Es casi el mismo efecto que en la época de convertibilidad, compara el analista Damián Valenzuela Mayer. No obstante, sugiere, la devaluación del peso continuará -a menor velocidad- para ir acompañando al proceso inflacionario en el país.
La mayoría de las consultoras especializadas en el análisis de mercado cerraron el año anticipadamente respecto de la evolución del dólar. Los diagnósticos colocan a la divisa en una banda de cotización de entre $ 3,80 y $ 3,85. Ni más ni menos. Frente a esa proyección, es posible que para el mediano plazo resguardarse en el dólar le signifique a los medianos y grandes ahorristas una rentabilidad de entre un 10% y un 15%.
No obstante, el mercado suele reaccionar a los cambios en la política. Por esa razón, el recambio que habrá el 10 de diciembre en el Congreso de la Nación abre un signo de interrogante sobre las fluctuaciones que puede tener el dólar, sobre todo para aquellos que -generalmente- tratan de cubrirse de los vaivenes políticos. Si no hay grandes ruidos, las variaciones en el tipo de cambio recién experimentarse entre la última quincena de marzo o en abril del año que viene, coinciden distintos expertos.
Para el pequeño ahorrista y, en suma, para el asalariado, el tipo de cambio estable le significa cierto sostenimiento del poder adquisitivo, al no devaluarse el peso. Sin embargo, los U$S 402 (al tipo de cambio actual) que es el promedio de ingresos de un asalariado que trabaja formalmente en la actividad privada tucumana cubren mínimamente las necesidades alimentarias y de servicios esenciales. Esa franja de empleados no tiene excedentes para ahorrar y, al estar el dólar planchado, sopla de alivio porque, en teoría, no debería registrarse alzas de precios, en un período de elevado consumo.
El promedio por operación bajó de U$S 300 a U$S 100 en la city tucumana. El que va a cambiar billetes lo hace sólo para poder pagar algunas deudas o llegar a fines de mes, comentó un operador de la city. Hoy ahorrar en dólares "es una mala idea", pontificó ayer el ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, como una manera de despejar ciertas expectativas negativas sobre el rumbo de la economía y, particularmente, sobre la inflación, que es la cuestión de fondo a resolver por el Gobierno, más allá de las mediciones del Indec.
Para muchos analistas, las palabras de Boudou le resultaron una música conocida, aunque en distintos escenarios. Por caso, algunos referenciaron a "el que apuesta al dólar, pierde", expresada en 1981 por el entonces ministro de Economía, Lorenzo Sigaut. El dólar marcó otras gestiones de Gobierno. Por caso, en 2002, Eduardo Duhalde asumió la presidencia y, en su discurso señaló: "el Estado no permitirá que los argentinos sean víctimas del sistema financiero. Van a ser respetadas las monedas en que hicieron sus depósitos. El que depositó en dólares recibirá dólares, el que depositó en pesos recibirá pesos".
Las necesidades de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner son otras. Un dólar planchado le conviene, sobre todo para solucionar algunos problemas fiscales. Pero esta quietud de la moneda estadounidense en las pizarras de las casas de cambio no significan que le haya ganado la carrera a la inflación real. El impacto de esta suerte de equilibrio en el tipo de cambio varía según la espalda del actor económico.
Las grandes empresas que invirtieron en dólares ganaron plata, pero en términos de pesos, porque si operaron en el exterior, la moneda de EEUU ha sufrido un proceso de devaluación inesperado respecto de una canasta de otras monedas. Es casi el mismo efecto que en la época de convertibilidad, compara el analista Damián Valenzuela Mayer. No obstante, sugiere, la devaluación del peso continuará -a menor velocidad- para ir acompañando al proceso inflacionario en el país.
La mayoría de las consultoras especializadas en el análisis de mercado cerraron el año anticipadamente respecto de la evolución del dólar. Los diagnósticos colocan a la divisa en una banda de cotización de entre $ 3,80 y $ 3,85. Ni más ni menos. Frente a esa proyección, es posible que para el mediano plazo resguardarse en el dólar le signifique a los medianos y grandes ahorristas una rentabilidad de entre un 10% y un 15%.
No obstante, el mercado suele reaccionar a los cambios en la política. Por esa razón, el recambio que habrá el 10 de diciembre en el Congreso de la Nación abre un signo de interrogante sobre las fluctuaciones que puede tener el dólar, sobre todo para aquellos que -generalmente- tratan de cubrirse de los vaivenes políticos. Si no hay grandes ruidos, las variaciones en el tipo de cambio recién experimentarse entre la última quincena de marzo o en abril del año que viene, coinciden distintos expertos.
Para el pequeño ahorrista y, en suma, para el asalariado, el tipo de cambio estable le significa cierto sostenimiento del poder adquisitivo, al no devaluarse el peso. Sin embargo, los U$S 402 (al tipo de cambio actual) que es el promedio de ingresos de un asalariado que trabaja formalmente en la actividad privada tucumana cubren mínimamente las necesidades alimentarias y de servicios esenciales. Esa franja de empleados no tiene excedentes para ahorrar y, al estar el dólar planchado, sopla de alivio porque, en teoría, no debería registrarse alzas de precios, en un período de elevado consumo.
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