Positiva experiencia de ser edil por un día

05 Noviembre 2009
Con frecuencia se suele comentar con preocupación la apatía de la mayor parte de la ciudadanía respecto de la cosa pública. A diario se pueden palpar las constantes transgresiones a las normas que hacen a la convivencia. Por otro lado, la aplicación de la ley en muchos casos no es equitativa y quienes deben dar ejemplo a veces no lo dan. Estas falencias gruesas desnudan una falta de formación cívica en los distintos niveles de la comunidad.
Aunque ya lo hemos destacado en otras oportunidades en esta columna, siempre es conveniente comentar las bondades de la realización el programa "Concejales por un día", cuya décima edición se llevó a cabo el martes. Participaron en esta ocasión alumnos del Instituto Tucumán, la Escuela Técnica Nº 1, el Colegio Giossue Carducci, el Instituto Miguel de Cervantes Saavedra, la Escuela de la Patria Comercio Nº 3, el Instituto Carlos Guido Spano, el Instituto Privado San Pablo, el Instituto del Profesorado General San Martín y la Escuela Barrio San Miguel.
El programa surgió a partir de una ordenanza del 14 de octubre de 1992, presentada por los ediles Elida Pasqualini de Acosta y Rafael Rillo Cabanne, modificada el 25 de septiembre de 1996 por una iniciativa de Raúl Pellegrini. Sin embargo, la propuesta se cristalizó en 1999. Se prescribía que el encuentro debía ser organizado por la Dirección de Educación municipal y ese día, todos los funcionarios del Concejo Deliberante debían trabajar como si fuera una sesión verdadera.
En esta oportunidad, los estudiantes trabajaron sobre una orden del día de 18 puntos que contempló temas como la gratuidad del boleto estudiantil, tanto para quienes van a establecimientos públicos como privados, una campaña de concientización sobre la donación de sangre, la instalación de complejos semaforizados, construcción de puentes peatonales, así como varias iniciativas sobre el parque 9 de Julio, referidas al entubamiento del canal que lo atraviesa, la reforestación con árboles autóctonos, parquización y nivelación de zonas inundables, la construcción de una pista de skate; el reacondicionamiento del autódromo, del Palacio de los Deportes y la estación del antiguo trencito, así como la restauración de monumentos históricos.
No necesariamente lo que los estudiantes aprueban se convierte en ordenanza. Muchas veces estas se convierten en sugerencias que los ediles las consideran en comisiones si les parecen importantes. El titular del área de Educación dijo que la intención es realizar dos encuentros al año buscando la participación de todos los colegios de la  ciudad, sin embargo este año, el encuentro debió postergarse debido a la epidemia de la gripe A. Afirmó que con este programa, el municipio pretende formar a los estudiantes en la vida cívica. "Cuando los chicos vienen aquí se dan cuenta de la responsabilidad que tienen al ocupar una banca. Eso fomentamos: la concientización de los menores en los problemas de la ciudad", dijo.
Sería auspicioso que el programa se efectuara tal vez tres o cuatro veces al año, siempre y cuando no interfiera la tarea de los ediles y también que los directores y subdirectores de las distintas reparticiones municipales fueran espectadores privilegiados y tomaran nota de los problemas que plantean los chicos porque son ellos los que mejor conocen su barriada y sus inconvenientes.
En los últimos lustros, la actividad política ha ido adquiriendo un gran desprestigio ante la ciudadanía -en muchos casos los dirigentes parecen haberse esmerado para que así sea-, pero al mismo tiempo esta no se involucra ni compromete en los asuntos públicos. Iniciativas como esta, que educan, contribuyen a la instrucción cívica de los jóvenes, indispensable para el normal funcionamiento de cualquier sociedad.

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