Una renuncia improbable
Alperovich supo sustraer a su gobierno de los riesgos de afrontar una elección legislativa a mitad del mandato. El ajuste de gastos es producto de una decisión política. La dependencia financiera de los intendentes. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
José Alperovich acertó al mantener en la Constitución de 2006 la cláusula de la Carta Magna de 1990 que había suprimido las elecciones parciales de renovación legislativa. Maniató, así, el destino de los legisladores al suyo, al mismo tiempo que se protegió de las eventuales sorpresas causadas por el cambio de humor social en la mitad del mandato. Del voto castigo, en otras palabras. Se blindó, por otra parte, de los riesgos de hipotéticas traiciones protagonizadas por los legisladores propios. La Carta Magna de 1907 había reproducido los lineamientos de la Constitución sancionada en 1853 cuando se organizó el país.
En la convención reformadora de 1990, el bussismo extirpó esa disposición y puso tranqueras al recambio legislativo. Una elección parcial de este tipo que diese perdedor al Gobierno, terminaba por debilitarlo, a dos años del período de gestión, que dura cuatro. Alperovich aventó esta hipótesis con el juego combinado de las normas jurídicas y de la acción política. En los hechos es un perfecto continuador de la estrategia localista planteada por Fuerza Republicana en la Constitución de 1990, que se basó en el nítido despegue de los turnos electorales provinciales de los nacionales, y que reprodujo en la Constitución de 2006. Alperovich sustrajo a su gobierno de los problemas que enfrenta actualmente el matrimonio K.
La Constitución Nacional de 1994 conservó el esquema de 1853. Así hubo renovación parcial de las dos cámaras del Congreso y el descontento social con la administración kirchnerista golpeó al gobierno de Cristina en las elecciones del 28 de junio. Pero como los nuevos diputados y senadores se incorporarán en diciembre próximo y entrarán en funciones en marzo de 2010, está instalada la imagen de dos Congresos. El desconcierto es mayúsculo. "La gente siente que nada cambió", sintetiza el economista y diputado nacional electo por la Coalición Cívica, Alfonso de Prat Gay.
Sin embargo, los plazos institucionales le dan margen de maniobra a la Casa Rosada y estrechan el de sus antagonistas. Estos, para colmo, aún no superaron su dispersión presente. Prevalece, entonces, el Congreso que se constituyó en diciembre de 2007, con mayoría cristinista, y sanciona leyes, como la de las facultades delegadas que viabilizan el cobro de las retenciones móviles a la soja.
Escenario previsible
Quienes votaron por opciones alternativas al oficialismo, se sienten desilusionados por lo que sucede en el país. La pelea política se entablará en otros términos desde marzo de 2010, con un escenario previsible de leyes sancionadas por el Congreso y el uso del veto por Cristina.
Mientras conserve su´actual poder de fuego, el matrimonio K intensificará su ofensiva y acomodará las piezas en el tablero para ensayar la instalación de la nueva postulación presidencial de Néstor. La capacidad de reacción del kirchnerismo pone límites hacia adentro. Alperovich no transgrede el perímetro delimitado por la Casa Rosada. Se sitúa lejos de Jorge Capitanich (Chaco ) y de Juan Manuel Urtubey (Salta), dos díscolos.
No estamos con los problemas financieros de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Chaco, dicen en la Casa de Gobierno. No obstante, la prudencia impone ajustes de gastos, por más antipáticos que suenen. La dependencia financiera y política de los intendentes se acentúa. Así las cosas, la autonomía municipal es más letra muerta que antes, pese a que fue uno de los caballitos de batalla del alperovichismo para justificar la reforma de la Constitución heredada del budismo.
En este contexto, el discurso del intendente Domingo Amaya durante el Foro del Mercosur realizado en Mar del Plata, resultó llamativo. Planteó que las administraciones municipales deberían gestionar las políticas sociales, lo que supone la recepción y administración de los recursos sin interferencia de la Casa de Gobierno.
Planteo ruidoso
La protesta de profesionales y empleados del sistema público de salud genera complicaciones, aunque nadie cree que la cabeza del ministro Pablo Yedlin vaya a rodar como consecuencia del entredicho.
Es un hombre de confianza del gobernador. La entrada en escena del ministro político Edmundo Jiménez con la idea de que colabore en la discusión salarial, lleva implícita la intención de restaurar la disciplina laboral en los hospitales. El funcionario no ocultó que halló cierta reticencia entre los profesionales para la aplicación de pautas enderezadas al logro del objetivo deseado.
La conciencia del agudo retraso salarial y la dinámica de asambleas constituyen factores que sostienen las movilizaciones. El mayor grado de politización de los profesionales -algunos de ellos con experiencias de participación en la vida estudiantil- da un perfil diferente a estas protestas respecto de las otras organizaciones sindicales. Sin embargo, el efecto contagio es lo que más teme el Gobierno, por lo que esta semana puede ser clave para la evolución del conflicto.
Las conjeturas
En el partido del Gobierno se mira en varias direcciones. Públicamente todos predican que Alperovich pretende un período más de gobernador y que la Corte Suprema de Justicia no puede trabar la re-reelección para 2011. ¿Y si no es más que un ardid del gobernador para retener el poder y evitar que se diluya su autoridad tempranamente? La interrogación -entre conjetural y ansiosa- no deja de flotar en los diferentes despachos del oficialismo.
Distintos nombres entrar a circular en el mercado de los rumores, cuando se esboza un cuadro de situación sin Alperovich en la puja. Juan Luis Manzur, Amaya y Osvaldo Jaldo asoman entre los probables candidatos al máximo cargo gubernamental de la provincia. Si Jaldo no jura en Diputados en diciembre, se robustecería esa posibilidad.
Amaya soporta entretanto la presión desgastante de Gerónimo Vargas Aignasse, que vuelve a insistir con su proyecto de ocupar la intendencia de San Miguel de Tucumán. Alperovich pone paños fríos cuando habla de concentrarse en las labores específicas de cada uno, pero no desautoriza los pases de facturas. En definitiva, termina deteriorado alguien que no es de confianza del círculo íntimo del gobernador.
Manzur fue electo como segundo en el binomio triunfante en 2007, en razón de su estrecha relación con Alperovich. Un buen desempeño en el Ministerio de Salud sería una excelente carta de presentación electoral.
Fuera de esas esferas, se mencionan al empresario Luis Garretón y al ex senador José Fernando Carbonell como interesados en disputar la gobernación. Probablemente están persuadidos de que se abrió un atajo por donde canalizar una propuesta diferente. Por ahora, son conciliábulos. Garretón habla con frecuencia con dirigentes que compartieron experiencias políticas en el pasado.
Del lado de la disidencia justicialista con el alperovichismo, no hay síntomas serios de reacomodamiento. Fernando Juri respondió con reafirmaciones de ortodoxia a las acusaciones tácitas de deslealtad que le hizo Beatriz Rojkés de Alperovich, que le enrostró haber concurrido a las urnas por fuera del Frente de la Victoria. Otra facción del peronismo disidente espera el reordenamiento que se opera en el ámbito nacional. Miran a Eduardo Duhalde y sus movidas. Está entre el bronce y el oro, deslizan algunos hombres que rondaron por su entorno.
En la convención reformadora de 1990, el bussismo extirpó esa disposición y puso tranqueras al recambio legislativo. Una elección parcial de este tipo que diese perdedor al Gobierno, terminaba por debilitarlo, a dos años del período de gestión, que dura cuatro. Alperovich aventó esta hipótesis con el juego combinado de las normas jurídicas y de la acción política. En los hechos es un perfecto continuador de la estrategia localista planteada por Fuerza Republicana en la Constitución de 1990, que se basó en el nítido despegue de los turnos electorales provinciales de los nacionales, y que reprodujo en la Constitución de 2006. Alperovich sustrajo a su gobierno de los problemas que enfrenta actualmente el matrimonio K.
La Constitución Nacional de 1994 conservó el esquema de 1853. Así hubo renovación parcial de las dos cámaras del Congreso y el descontento social con la administración kirchnerista golpeó al gobierno de Cristina en las elecciones del 28 de junio. Pero como los nuevos diputados y senadores se incorporarán en diciembre próximo y entrarán en funciones en marzo de 2010, está instalada la imagen de dos Congresos. El desconcierto es mayúsculo. "La gente siente que nada cambió", sintetiza el economista y diputado nacional electo por la Coalición Cívica, Alfonso de Prat Gay.
Sin embargo, los plazos institucionales le dan margen de maniobra a la Casa Rosada y estrechan el de sus antagonistas. Estos, para colmo, aún no superaron su dispersión presente. Prevalece, entonces, el Congreso que se constituyó en diciembre de 2007, con mayoría cristinista, y sanciona leyes, como la de las facultades delegadas que viabilizan el cobro de las retenciones móviles a la soja.
Escenario previsible
Quienes votaron por opciones alternativas al oficialismo, se sienten desilusionados por lo que sucede en el país. La pelea política se entablará en otros términos desde marzo de 2010, con un escenario previsible de leyes sancionadas por el Congreso y el uso del veto por Cristina.
Mientras conserve su´actual poder de fuego, el matrimonio K intensificará su ofensiva y acomodará las piezas en el tablero para ensayar la instalación de la nueva postulación presidencial de Néstor. La capacidad de reacción del kirchnerismo pone límites hacia adentro. Alperovich no transgrede el perímetro delimitado por la Casa Rosada. Se sitúa lejos de Jorge Capitanich (Chaco ) y de Juan Manuel Urtubey (Salta), dos díscolos.
No estamos con los problemas financieros de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Chaco, dicen en la Casa de Gobierno. No obstante, la prudencia impone ajustes de gastos, por más antipáticos que suenen. La dependencia financiera y política de los intendentes se acentúa. Así las cosas, la autonomía municipal es más letra muerta que antes, pese a que fue uno de los caballitos de batalla del alperovichismo para justificar la reforma de la Constitución heredada del budismo.
En este contexto, el discurso del intendente Domingo Amaya durante el Foro del Mercosur realizado en Mar del Plata, resultó llamativo. Planteó que las administraciones municipales deberían gestionar las políticas sociales, lo que supone la recepción y administración de los recursos sin interferencia de la Casa de Gobierno.
Planteo ruidoso
La protesta de profesionales y empleados del sistema público de salud genera complicaciones, aunque nadie cree que la cabeza del ministro Pablo Yedlin vaya a rodar como consecuencia del entredicho.
Es un hombre de confianza del gobernador. La entrada en escena del ministro político Edmundo Jiménez con la idea de que colabore en la discusión salarial, lleva implícita la intención de restaurar la disciplina laboral en los hospitales. El funcionario no ocultó que halló cierta reticencia entre los profesionales para la aplicación de pautas enderezadas al logro del objetivo deseado.
La conciencia del agudo retraso salarial y la dinámica de asambleas constituyen factores que sostienen las movilizaciones. El mayor grado de politización de los profesionales -algunos de ellos con experiencias de participación en la vida estudiantil- da un perfil diferente a estas protestas respecto de las otras organizaciones sindicales. Sin embargo, el efecto contagio es lo que más teme el Gobierno, por lo que esta semana puede ser clave para la evolución del conflicto.
Las conjeturas
En el partido del Gobierno se mira en varias direcciones. Públicamente todos predican que Alperovich pretende un período más de gobernador y que la Corte Suprema de Justicia no puede trabar la re-reelección para 2011. ¿Y si no es más que un ardid del gobernador para retener el poder y evitar que se diluya su autoridad tempranamente? La interrogación -entre conjetural y ansiosa- no deja de flotar en los diferentes despachos del oficialismo.
Distintos nombres entrar a circular en el mercado de los rumores, cuando se esboza un cuadro de situación sin Alperovich en la puja. Juan Luis Manzur, Amaya y Osvaldo Jaldo asoman entre los probables candidatos al máximo cargo gubernamental de la provincia. Si Jaldo no jura en Diputados en diciembre, se robustecería esa posibilidad.
Amaya soporta entretanto la presión desgastante de Gerónimo Vargas Aignasse, que vuelve a insistir con su proyecto de ocupar la intendencia de San Miguel de Tucumán. Alperovich pone paños fríos cuando habla de concentrarse en las labores específicas de cada uno, pero no desautoriza los pases de facturas. En definitiva, termina deteriorado alguien que no es de confianza del círculo íntimo del gobernador.
Manzur fue electo como segundo en el binomio triunfante en 2007, en razón de su estrecha relación con Alperovich. Un buen desempeño en el Ministerio de Salud sería una excelente carta de presentación electoral.
Fuera de esas esferas, se mencionan al empresario Luis Garretón y al ex senador José Fernando Carbonell como interesados en disputar la gobernación. Probablemente están persuadidos de que se abrió un atajo por donde canalizar una propuesta diferente. Por ahora, son conciliábulos. Garretón habla con frecuencia con dirigentes que compartieron experiencias políticas en el pasado.
Del lado de la disidencia justicialista con el alperovichismo, no hay síntomas serios de reacomodamiento. Fernando Juri respondió con reafirmaciones de ortodoxia a las acusaciones tácitas de deslealtad que le hizo Beatriz Rojkés de Alperovich, que le enrostró haber concurrido a las urnas por fuera del Frente de la Victoria. Otra facción del peronismo disidente espera el reordenamiento que se opera en el ámbito nacional. Miran a Eduardo Duhalde y sus movidas. Está entre el bronce y el oro, deslizan algunos hombres que rondaron por su entorno.
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