Avance para eliminar trabas urbanas

10 Agosto 2009
Se ha iniciado la instalación de semáforos para no videntes en nuestra ciudad. Ya se inauguró, como informamos por aparte, uno en la intersección de 24 de Septiembre y Congreso, y está prevista la instalación de cinco unidades más. Se emplazarán en puntos que indicaron especialmente los miembros de la Escuela Luis Braille, en base a su experiencia de transeúntes.
Parecería sobreabundante ponderar la importancia que tiene una medida de esta naturaleza. Sin duda, debió haberse adoptado desde mucho tiempo atrás. Una de las preocupaciones significativas de las últimas décadas, dentro de la organización de las ciudades y de los servicios públicos, es cuidar que las personas afectadas por algún impedimento físico puedan desplazarse sin riesgos por todas partes.
El recaudo, por ejemplo, de las rampas para discapacitados es una de las muestras más conocidas de esta índole de facilidades. Como es obvio, las mismas forman parte del ideal de una sociedad integrada en todos sus aspectos.
Por ello es de esperar que los restantes semáforos se coloquen en los lugares fijados en un breve plazo, y que se tomen los recaudos para aumentar paulatinamente el número previsto hasta el momento. Esto porque cuantos más artefactos de ese tipo existan, se ampliará considerablemente el margen de seguridad callejera para quienes están privados de la visión.
La cuestión presenta otras aristas. Cuando entrevistamos a los beneficiarios de los semáforos, sus declaraciones revelaron costados de nuestra capital auténticamente hostiles para ellos. Pero esos costados, simultáneamente, representan de modo parejo riesgos e inconvenientes para todas las personas. Los no videntes destacaron que uno de los obstáculos más grandes está constituido por las veredas rotas. En orden de importancia inmediata, mentaron los elementos que los comercios colocan en la vía pública y que les perturban el paso (mesas, sillas, quioscos salientes, por ejemplo). También, los equipos de aire acondicionado que sobresalen de los muros, cuando no conservan la altura adecuada para evitar golpes en la cabeza.
Destacan asimismo que las columnas metálicas de las veredas, con mucha frecuencia se alzan al medio de las mismas. Y es usual que, cuando por alguna razón se decide retirar las mismas, el metal no se corta al ras del suelo, sino que queda sobresaliendo varios centímetros, lo que lo convierte en extremadamente peligroso. Afirman que, de modo similar, las cajas transformadoras de electricidad en las aceras, a su juicio son demasiado bajas, y les representan otra amenaza.
La lista que exponen quienes carecen de visión, muestra con elocuencia el alto número de falencias que, para ellos y para todos, presenta nuestra ciudad capital en la zona céntrica. El tema de las veredas rotas, por ejemplo, nos ha ocupado en incontables oportunidades. Hemos hecho notar que el tropezón con caída que pueden suscitar tales desniveles, es posible que a una persona joven, generalmente, no le acarree más que una contusión sin mayor importancia; pero para los transeúntes añosos, puede derivar en fracturas de consecuencias imprevisibles.
Además, las aceras en mal estado son la regla y no la excepción dentro de nuestro municipio. Y qué decir si el frentista es un terreno baldío o un edificio en construcción: en esos casos el embaldosado directamente desaparece durante meses o años. Es igualmente un hecho la cantidad de tapas metálicas que faltan, lo que crea un peligro idéntico al arriba descripto.
En suma, además del tan plausible adelanto que significan los semáforos, es urgente complementarlos con otras providencias que doten de seguridad a las veredas, en beneficio tanto de los no videntes como del resto de las personas.

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