Urge coordinar el plan escolar frente a la gripe

07 Agosto 2009
Como es sabido, el Gobierno de la Provincia, cuando determinó la reiniciación del dictado de clases, anunció simultáneamente la implementación del denominado "Plan de contingencia". Dicho programa contempla una serie de recaudos destinados a asegurar una aceptable protección de la población escolar frente a las amenazas de la epidemia.
Aunque algunas modalidades del plan, al ser anunciadas, suscitaron protestas de los docentes, no puede discutirse la utilidad final de las providencias diseñadas. A ellas se refirieron con abundancia nuestras informaciones de la última semana de julio. Van desde la tarea de vigilancia encargada a los maestros, para impedir que concurran a clase escolares enfermos o con síntomas, hasta la provisión de elementos desinfectantes, pasando por recaudos como la reprogramación de izamientos de la bandera y recreos, como modo de disminuir las aglomeraciones, por ejemplo.
Pero sucede que, en muchos casos, las normas fijadas no han superado la teoría. En la práctica, han existido numerosas situaciones que crean realidades exactamente opuestas a la tenida en mira por las autoridades. Ello ha desencadenado justificadas quejas, tanto de los docentes como de los padres de alumnos. Por ejemplo, en la Escuela Normal, para atender los 3.000 alumnos y los 300 docentes de un vasto edificio provisto de 42 aulas, 15 galerías y 42 baños, se cuenta solamente con 11 ordenanzas; de los cuales, dos trabajan sin cobrar, ya que aún no se resolvió el expediente de su confirmación, iniciado ya hace dos años. El Estado no les provee alcohol, ni insumos de limpieza. En el Colegio Nacional, la semana pasada estaba interrumpida la provisión de agua. Una carencia similar obligó a suspender las clases en la Escuela Marcos Paz y en el Colegio General San Martín, secundario, de Tafí Viejo. El Ministerio admitió que posee registradas ocho escuelas con problemas de agua, y expresó que el surgimiento de esas fallas debe ser comunicado a Supervisión o a Mantenimiento. Además, advirtió que debe establecerse si la falta de líquido se debe a algún problema específico de la escuela, o del barrio.
Es evidente, entonces, que existe una defectuosa coordinación en el Plan de Contingencia. No se aplicó la diligencia esperada, no solamente en estipulaciones puntuales del mismo, sino en rubros que son básicos, en todo tiempo, para un funcionamiento en mínimas condiciones sanitarias. El largo tramo de receso de invierno debió haberse empleado para una revisión minuciosa del marco de salubridad de los locales. No es necesario recordar que la falta de agua en una sede escolar, si siempre resulta absolutamente inadmisible, se torna mucho más grave en tiempos de epidemia. Y demás está decir que la solución del mismo tiene que encararse de modo ágil y expeditivo, superando instancias burocráticas.
En cuanto a la provisión de elementos desinfectantes, las quejas indican que tampoco se ha realizado en todos los casos, a pesar de que resulta imprescindible hacerlo para conjurar los riesgos de contagio. En suma, repetimos, urge mejorar sustancialmente la coordinación, a fin de que lo que se ha implementado en el papel se corporice en la práctica. Esto quiere decir que la autoridad, sin pérdida de tiempo, debe proceder a corregir las deficiencias que hasta el momento se perciben en la operatividad del plan. Hay que mover todos los resortes necesarios para que la actividad educativa se desenvuelva verdaderamente protegida frente al riesgo sanitario. La amenaza, como sabemos, se mantiene vigente hasta el momento. Puesto que el Estado tucumano resolvió poner en marcha las clases, tiene la obligación de garantizar, para quienes pueblan las aulas, ese marco de seguridad al que tienen indiscutible derecho, por medio de medidas concretas y eficaces.

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