Las calles peatonales necesitan mejoras

06 Agosto 2009
Cuentan ya largos años de existencia las peatonales del microcentro de San Miguel de Tucumán. A la de calle Muñecas se la dotó de un embaldosado, así como de naranjos y de farolas. La de calle Mendoza obtuvo también farolas y naranjos, pero el piso es el mismo pavimento remendado de siempre. En cuanto a las intersecciones, se revistieron con adoquines de piedra. Deben ser el espacio público más transitado de nuestra capital, durante las horas hábiles, y a su vera hay importantes locales comerciales.
Sin embargo, incurriría en una gran exageración quien afirmase que allí se han esmerado mínimamente la estética y la imaginación municipales. Una comparación puede ser ilustrativa. En la ciudad de Córdoba, por ejemplo, desde hace unas cuatro décadas empezaron a habilitarse peatonales en el microcentro y, en la actualidad, resulta algo verdaderamente placentero recorrerlas. En lugar de nuestros raquíticos naranjos, especie que jamás dio sombra, se plantaron espléndidos árboles que la proporcionan con generosidad. Y como fueron colocadas también pérgolas con floridas enredaderas, en el verano es posible circular por allí sin ningún castigo del sol. Al contrario, con el filtro de árboles y de enredaderas, la temperatura se vuelve notablemente agradable, a lo que hay que sumar el positivo efecto estético del verde y de las flores. El suelo de la capital de Córdoba no tiene, ni por asomo, la fertilidad que presenta el de Tucumán. Aquí las plantas crecen en cualquier parte y a toda velocidad. Sin embargo, los cordobeses se las han arreglado para prodigar la sombra vegetal en sus peatonales. Las nuestras, en cambio, durante el larguísimo verano se hacen insufribles para el tránsito de las personas, desde la mitad de la mañana hasta el atardecer. Un sol de fuego pega sobre ellas sin protección alguna.
Nos parece que tendríamos que plantar en esas calles árboles que posean realmente cuerpo y follaje abundante. Y, simultáneamente, instalar pérgolas con enredaderas y flores, para que se forme un colchón verde -como el que hay al centro de plaza Urquiza- capaz de amortiguar exitosamente el sol del verano.
Todo esto no parece demasiado costoso y resulta extraño que no se lo haya intentado todavía. Se trata, simplemente, de recurrir a la fértil naturaleza tucumana para que haga más confortable la vida de los que caminan por el centro en la temporada calurosa. Es obvio que una obra integral tiene que ir más allá. En algún momento debe pensarse en reemplazar el embaldosado actual, que es de mala calidad y que en varios tramos muestra desniveles. Acaso, sustituir los incómodos adoquines: los mismos fueron retirados de las calles porque dañaban la carrocería de los autos pero, curiosamente, en nuestra ciudad se los juzga aptos para que camine sobre ellos el pie humano.
También se debiera solucionar el problema de las rejillas de desagüe laterales, que en varios tramos están torcidas y levantadas, lo que crea un riesgo para el peatón. Esto tendría que completarse con una mayor cantidad de bancos a lo largo de las dos arterias, y con una tarea de control, que tanto aleje la venta callejera como impida el estacionamiento de bicicletas y de motos. Sería necesario igualmente retirar elementos que obstaculizan el recorrido: por ejemplo, el quiosco metálico de venta de libros que no funciona desde hace muchos meses.
La peatonal de nuestra calle Congreso muestra que las arterias destinadas a caminar pueden tener un aspecto muy diferente al que exhiben Muñecas y Mendoza. Es hora de modificarlo. El que presentan en la actualidad, es testimonio de la despreocupación que las administraciones municipales han tenido, a lo largo del tiempo, por tramos de mucha significación en el sistema de funcionamiento de nuestra zona comercial.

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