07 Julio 2009 Seguir en 
¿Quién, en esta época, no ha sentido alguna vez que literalmente se encuentra "corriendo" contra el tiempo? Y no es en referencia a la actividad física de correr en forma ordenada y metódica, sino a la sensación "real" de no tener tiempo, de correr en contra del reloj, de iniciar el día con el despertador y finalizarlo agotados por las actividades realizadas en el transcurso de la jornada, de querer hacer más cosas y no poder. Esto está relacionado con esa vieja idea de "no me alcanza el tiempo para nada", plantea Bárbara Hofmann, especialista en Psiquiatría de la consultora Office GyM (www.officegym.com.ar). "Sabemos que el estrés forma parte de nuestra vida, siendo una respuesta normal que permite adaptarnos a nuestro entorno. Y que la vivenciaremos según nuestra interpretación", indica la experta.
Los eventos cotidianos que debemos realizar, pueden llegar a considerarse "estresores" cotidianos cuando se acumulan o cuando haya que imprimir ciertas modificaciones a nuestra rutina. ¿Qué pasa cuando debido al tráfico no podremos llegar a horario a nuestro trabajo? O, cuándo subimos al auto y nos damos cuenta que tenemos un neumático desinflado. "Los imprevistos nos dan la sensación de que será imposible hacerlo sin angustiarnos", dice Hofmann. Tener la sensación del control sobre las situaciones es considerado un factor de reducción del estrés. Sin embargo, un exceso en ese control provoca un estado de agotamiento. Además no todas las situaciones son controlables. "Debemos estar dispuestos a aceptar los retos, a aprender a improvisar, a confiar y contar con un apoyo social, para reducir aquellas situaciones que nos estresan", afirma la experta.
Algunas sugerencias
Son varias las estrategias que pueden implementarse para reducir la sensación de estrés: aprender a relajarse, a cambiar ciertos hábitos nocivos, a realizar deportes en forma controlada y periódicamente, una dieta saludable y equilibrada y lograr un buen dormir. Pero, ¿y con el tiempo? ¿Qué podemos hacer? "En verdad, con el tiempo podemos hacer poco y nada. El día tiene 24 horas. Es así y por más que queramos, no podemos estirarlo", sostiene Hofmann. ¿Y entonces? "Nuestras actividades laborales o familiares, hacen que cada vez nos exijamos más. Y esta exigencia que al principio puede ser placentera, cuando se torna excesiva va a generar síntomas de agotamiento" acota. La especialista sugiere algunas recetas para optimizar el uso del tiempo:
Planificar las actividades diarias. No sólo lo que tenemos que hacer, sino también cuánto tiempo nos llevará hacer cada una.
Reconocer que tenemos un límite y evitar acercarse a él.
Aprender a delegar en otras personas.
Trabajar en horas de trabajo y descansar durante las horas de ocio. Parece elemental, pero ¿quién no se ha llevado trabajo a la casa?
Saber decir "no" en forma enérgica y en el correcto tono.
Los eventos cotidianos que debemos realizar, pueden llegar a considerarse "estresores" cotidianos cuando se acumulan o cuando haya que imprimir ciertas modificaciones a nuestra rutina. ¿Qué pasa cuando debido al tráfico no podremos llegar a horario a nuestro trabajo? O, cuándo subimos al auto y nos damos cuenta que tenemos un neumático desinflado. "Los imprevistos nos dan la sensación de que será imposible hacerlo sin angustiarnos", dice Hofmann. Tener la sensación del control sobre las situaciones es considerado un factor de reducción del estrés. Sin embargo, un exceso en ese control provoca un estado de agotamiento. Además no todas las situaciones son controlables. "Debemos estar dispuestos a aceptar los retos, a aprender a improvisar, a confiar y contar con un apoyo social, para reducir aquellas situaciones que nos estresan", afirma la experta.
Algunas sugerencias
Son varias las estrategias que pueden implementarse para reducir la sensación de estrés: aprender a relajarse, a cambiar ciertos hábitos nocivos, a realizar deportes en forma controlada y periódicamente, una dieta saludable y equilibrada y lograr un buen dormir. Pero, ¿y con el tiempo? ¿Qué podemos hacer? "En verdad, con el tiempo podemos hacer poco y nada. El día tiene 24 horas. Es así y por más que queramos, no podemos estirarlo", sostiene Hofmann. ¿Y entonces? "Nuestras actividades laborales o familiares, hacen que cada vez nos exijamos más. Y esta exigencia que al principio puede ser placentera, cuando se torna excesiva va a generar síntomas de agotamiento" acota. La especialista sugiere algunas recetas para optimizar el uso del tiempo:
Planificar las actividades diarias. No sólo lo que tenemos que hacer, sino también cuánto tiempo nos llevará hacer cada una.
Reconocer que tenemos un límite y evitar acercarse a él.
Aprender a delegar en otras personas.
Trabajar en horas de trabajo y descansar durante las horas de ocio. Parece elemental, pero ¿quién no se ha llevado trabajo a la casa?
Saber decir "no" en forma enérgica y en el correcto tono.







