La mayoría sólo puede subsistir

Punto de vista. Por Edmundo Oscar Saieg, director Estudio Saieg, miembro Alianza Bdo Becher.

14 Junio 2009
Antes de efectuar consideraciones sobre la problemática regional, puede ser interesante recrear el escenario global en el que nos encontramos inmersos, para conocer si realmente estamos atravesando la tan temida recesión de la economía (nacional y local).
A nivel mundial ya no quedan dudas que desde el último trimestre de 2008 el mundo está en recesión. Es al menos lo que revelan los casi 190 países de los 200 en que está dividido el mundo, donde el PBI real está cayendo en términos absolutos. Entonces corresponde que nuestra primera pregunta sea donde está ubicada Argentina, si entre el 95% de los países que experimentan esa caída del nivel de actividad económica o entre el 5%  de los países restantes que aún siguen creciendo o que no muestran signos de disminución de su actividad. Nos puede servir para el análisis conocer lo que piensan los gobiernos que integran el "Grupo de los 20", luego de la reunión de presidentes realizada en Londres.
Las conclusiones -y el compromiso- asumido allí se sintetizan en que sus respectivos gobiernos se abstendrán de realizar devaluaciones competitivas y proteccionismo comercial y financiero, e implementarán paquetes de estímulo fiscal, entre otras cosas, para reactivar la economía. Como puede advertirse, el Gobierno argentino claramente no implementó ninguna de estas medidas y no precisamente porque el país esté en el privilegiado grupo del 5%, sino por la tenaz capacidad de sus gobernantes de desconocer que la recesión ya está instalada. Es como romper los termómetros para ignorar la fiebre que muestra la economía.
¿Y como repercute todo ello en Tucumán? En general, las economías regionales sufren un menor impacto o en menor medida los efectos de la crisis, porque se encuentran caracterizadas por la fuerte presencia de PyME diversificadas en su actividad, y además por constituir un sector heroico y ya acostumbrado al rigor de políticas macroeconómicas desfavorables que siempre terminaron beneficiando a los grandes capitales. Ello les permitió transformar en fortalezas las debilidades, mediante la creación de mecanismos de autodefensa para afrontarlas.
El presente encuentra a la mayoría de las PyME subsistiendo, sin que este esfuerzo sea acompañado con políticas económicas adecuadas que promuevan el nivel de actividad del sector, que padece la falta de financiamiento, el elevado costo del crédito, la ausencia de políticas tributarias con estímulo fiscal, la incertidumbre y falta de seguridad jurídica para nuevos proyectos de inversión, el aumento inequitativo de la presión impositiva, la ignorada inflación, o la falta de flexibilización del mercado laboral para la coyuntura. Este escenario de dificultades no impidió que sean las PyME el sector que mejor internalizó la responsabilidad social y la solidaridad empresaria en la coyuntura, ya que pudo lograr ese nivel de subsistencia sin utilizar como variable de ajuste los despidos masivos de personal o las suspensiones.

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