La mística de la ortodoxia económica sigue viva

Punto de vista. Por Alberto Minujin - Profesor en el Programa de posgrado en Asuntos Internacionales de la New School University en Nueva York.

29 Marzo 2009

En un ensayo publicado en diciembre de 1930, John Maynard Keynes, decía: “estamos envueltos en una colosal confusión, habiendo cometidos graves errores en el manejo de una delicada maquinaria (la economía), el funcionamiento de la cual no entendemos”. Frente a lo que según sus palabras era una de las grandes catástrofes de la historia moderna impulsó cambios sustantivos en la visión y teoría económica.
Hace poco, el por muchos años presidente de la reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, en su presentación frente al congreso, dijo que estaba anonadado y subrayó que el edificio conceptual que habían armado durante los últimos decenios se había derrumbado. Greenspan estaba im- pactado, shoked, por cómo hacía agua el modelo del libre mercado.
Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con Keynes, los economistas ortodoxos -la corriente más importante-, no han modificado sus puntos de vista. Sus ideas prevalecen en organizamos como el FMI y en América latina.
La teoría del libre mercado por encima de todo, la desregulación y la minimización del gobierno aún reina entre economistas y políticos y en universidades y colegios de economía y de negocios. Por largo tiempo los economistas heterodoxos, los que no seguían o cuestionaban esos mandatos, fueron raleados de buena parte de los centros académicos. Los estudiantes y recién graduados saben que, si quieren hacer carrera, deben sumarse a la teoría dominante: la ortodoxia. Lo más extraordinario es que esto ocurre en medio de la tremenda debacle del sistema financiero y económico que cuestiona las bases del sistema capitalista. El devastador impacto social entre los pobres y los sectores medios volverá a mostrar ¡una vez más! que el libre mercado sin control fuerte, sin regulación firme y sin un estado que redistribuya produce beneficios para los más ricos con una total falta de ética y sentido social.
Este debería ser un momento para plantear nuevas bases y reglas de juego. Pero los neo-conservadores se resisten. No sólo el pensamiento no ha cambiado sino que alimentan los renovados y concentrados esfuerzos para desacreditar y modificar la propuesta de la administración de Obama. Falta desarrollar un pensamiento que sustancie y fundamente las posibilidades y direcciones del cambio. Y es necesario en América latina desarrollar e impulsar un pensamiento independiente que dé fundamentos a las experiencias alternativas que se están desarrollando en la región. Como dice Paul Krugman, se trata de terminar con la mística del mercado y de creer en la magia del mercado financiero y el poder de los hechiceros que lo manejan. Debemos plantear una visión y estructura financiera y económica centrada en la sociedad. Debemos debatir cómo, en un mundo complejo y en crisis, se plantean sistemas económicos y sociales incluyentes que permitan acabar con la inequidad e injusticia social que prevalece en el actual sistema capitalista. Sería injusto no admitir que hay una cantidad de gente y organizaciones debatiendo estos temas. Pero se está lejos de tener orientaciones fuertes que influyan el pensamiento establecido y menos aún en las decisiones se los organizamos internacionales. No es un tema técnico sino político e ideológico y es por allí que pasa la confrontación. (Especial para la Red de Diarios en Periodismo Social)

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