A punto de cumplir 60 años, Meryl Streep sigue reinando

La actriz de "La duda" se ha convertido en la artista más nominada al Oscar en la historia del cine. "La actuación es un misterio", confesó. Una carrera jalonada de éxitos y galardones.

RECONOCIMIENTO. La semana pasada, la actriz recibió el premio como mejor actriz del Sindicato de Actores. REUTERS
RECONOCIMIENTO. La semana pasada, la actriz recibió el premio como mejor actriz del Sindicato de Actores. REUTERS
31 Enero 2009

LOS ANGELES.- La gente no va a ver sus películas porque se trate de superproducciones o porque hayan ganado premios. Ni siquiera elige sus películas por la trama. La gente va a verla a ella.
Para sus millones de seguidores en todo el mundo, su sola presencia en la pantalla justifica la entrada al cine. Considerada la mejor actriz de su generación y hasta la mejor actriz estadounidense de todos los tiempos, en el caso de Meryl Streep no se cumplió aquella vieja máxima según la cual a las mujeres de más de 40 años no les ofrecen papeles interesantes en cine.
A punto de cumplir 60 años en junio, los grandes estudios aún se disputan su presencia en la pantalla. Se dio el lujo de interpretar todo tipo de mujeres: frías, poderosas, confundidas, valientes, sufridas, divertidas, frívolas, enamoradas, inescrupulosas. Trabajó junto a otros grandes del cine como Robert Redford, Clint Eastwood y Robert De Niro y actuó bajo las órdenes de destacados directores como Woody Allen ("Manhattan"), Sydney Pollack ("Africa mia"), Robert Zemeckis ("La muerte le sienta bien"), Spike Jonze ("El ladrón de orquídeas") y Robert Altman ("Noches mágicas de radio").
Y, sin embargo, sigue sin poder explicar el secreto de su éxito. "La actuación es un misterio", confiesa. Según ella, los actores son simplemente personas que pueden despertar fácilmente cosas que están en todos nosotros, como la ira, el amor, el odio o la ternura.
A lo largo de su carrera entregó actuaciones memorables, como la Sophie de "La decisión de Sophie", una madre polaca que debe decidir en un campo de concentración cuál de sus dos hijos ha de morir, papel que le valió su primer Oscar; la atribulada Francesca de "Los puentes de Madison", un ama de casa tironeada entre un matrimonio abúlico y la pasión que despierta en ella la breve visita de un fotógrafo al pueblo; o la matriarca de "La casa de los espíritus".

De la comedia al musical
Sorprendió, una vez más, con su impecable personificación de Miranda Priestley, la fría e implacable editora de una importante revista de moda (basada, al parecer, en la legendaria Anna Wintour, editora de la revista "Vogue") en "El diablo se viste a la moda" y con su reciente protagónico en "Mamma Mia!", basada en el exitoso musical de Broadway, donde se dio el lujo de saltar, cantar y bailar los éxitos de Abba en una isla griega enfundada en pantalones brillosos de spandex y plataformas.
Sin embargo, fue su interpretación en "La duda" de la hermana Aloysius, una severa y conservadora monja que dirige un colegio religioso en Nueva York a mediados de los años 60 y sospecha que el sacerdote de la iglesia abusa sexualmente de uno de los niños la que le valió su decimoquinta nominación al Oscar, convirtiéndola en la actriz con más nominaciones a ese premio en la historia del cine.
Así y todo, hace más de 20 años que no se lleva la preciada estatuilla a casa: recibió sus dos únicos Oscar en 1980 como actriz de reparto por "Kramer vs Kramer" y en 1983 como actriz protagónica por "La decisión de Sophie".
En pareja desde hace más de 30 años con el escultor Don Gummer, con quien tuvo cuatro hijos que hoy tienen entre 17 y 28 años, se mudó con su familia a Connecticut, en la costa este de Estados Unidos, la acera de enfrente de la industria cinematográfica. "Viví cinco años en Los Angeles y me volví loca. Tenía que lavarme el pelo para llevar a mis hijos a la escuela", confesó hace unos años en una entrevista.
Su largo matrimonio no es una de las únicas particularidades que convierten a Streep en un sapo de otro pozo en Hollywood. Dueña de una piel envidiable y un físico proporcionado que no busca robarle años al paso del tiempo, jamás sucumbió a la tentación de aumentar sus labios con colágeno o transformar su rostro en una máscara tirante de botox.

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Juventud eterna
Se burló de la obsesión por las cirugías estéticas en "La muerte le sienta bien", donde interpretó en 1992 a una actriz que compraba la vida eterna y terminaba recomponiendo el deterioro propio de la vejez con pintura industrial y pegamento. Cada vez que puede, denuncia lo que llama "el síndrome Victoria?s Secret" de las jóvenes actrices de Hollywood, obligadas a lucir siempre delgadas y bellas.
Hace poco, en una entrevista con el portal estadounidense "Good Housekeeping", confesó el secreto de su eterna juventud: "hay que asumir la vejez. La vida es algo muy valioso. Cuando perdiste a muchas personas te das cuenta de que cada día es un regalo". (DPA)

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