Señales para sostener la actividad y un desafío: cómo blanquear capitales sin lavar dinero

Análisis. Por Hugo Grimaldi - columnista de DYN.

26 Noviembre 2008

El Gobierno estaba prisionero de un doble jaque. Con el telón de fondo de un dólar a $ 4, pedido a voz en cuello por la industria y resistido a pie firme por las huestes de Hugo Moyano, la UIA y la CGT lo presionaban para que, a la vez, mejore la competitividad y proteja el empleo.
Más allá de las medidas que involucran a la obra pública y a los fondos de las AFJP, que van por otro carril, aunque en la misma dirección, Cristina usó otra vez ante los industriales el factor sorpresa, hizo un gambito, compró tiempo y momentáneamente salió del encierro con tres medidas anticrisis que resultan toda una señal destinada a sostener el nivel de actividad; inclusive, aunque una de ellas, la exteriorización y la repatriación de capitales, pueda despertar suspicacias, ya que se trata de un controvertido esquema de ingreso de fondos no declarados al circuito, que definirá una ley que no debería salir del Congreso a matacaballo.
Por lo demás, la Presidenta ha buscado alentar la creación de empleo, con medidas que seguramente ayudarán mucho más que prohibiciones o rumores de doble indemnización.
Por ejemplo, a las PyME, les prometió un total perdón impositivo, a cambio de pasar de negro a blanco a 10 trabajadores y para el resto de las empresas anticipó una suerte de regularización tributaria y previsional, aún si están en juicio con la AFIP, lo que, por otra parte, no deja de ser irritativo para aquellos que habitualmente pagan en tiempo y forma sus deudas.
La cuarta medida, la puesta en marcha de un Ministerio de la Producción, suena más a producto del marketing o al deseo de privilegiar a los industriales que a una necesidad efectiva de vender y de abrir mercados externos, como dijo la Presidenta, ya que algunos de ellos fueron brutalmente cerrados en estos meses por decisiones de política económica, destinadas a la protección del mercado interno.
De corazón industrialista, Débora Giorgi, una ministra que lo será de toda la Producción, deberá a su vez intentar despejar algunos prejuicios que le llegarán desde la cúpula del poder, desde donde abominan del rubro servicios, porque lo asimilan a los 90.
La nueva funcionaria no podrá prescindir tampoco de la potencialidad del campo, por más que el matrimonio Kirchner le haya hecho políticamente la cruz.
Justamente, el discurso del titular de la UIA incluyó estos dos sectores clave a la hora de pedir diálogo y consenso, guante que luego recogió la Presidenta. En los anuncios no quedó afuera ninguna actividad, pero ya se verá si la amplitud de ese diálogo abarca todos los sectores o si vuelve a imponerse la impronta kirchnerista de atender sólo a los que piensan igual.

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