Criminalidad organizada

Punto de vista. Por Patricia Kreibohm - Magister en Relaciones Internacionales.

12 Enero 2008
No son un grupo guerrillero, ni responden a la forma de operar del terrorismo, que evita el combate cuerpo a cuerpo. No se plantean tomar el poder con el objetivo de cambiar las condiciones sociales, como sí lo hacían muchos grupos surgidos en los años 70 en América Latina.
Las FARC nacieron como una agrupación marxista, luego de la crisis de los años 40 conocida como el Bogotazo, en la que se produjo la deslegitimación de los partidos políticos del sistema. Pero, a medida que pasó el tiempo, el grupo no logró plasmar sus objetivos de cambio social. Fue desvirtuándose como organización política, se alejó de sus principios ideológicos y terminó convirtiéndose en un grupo que actúa en colaboración con los “narcos”.
Carecen una matriz ideológica de izquierda y objetivos sociales, más allá de que usen como pretexto la necesidad de mejorar las condiciones de vida de los campesinos colombianos.
Por eso, el grupo se inscribe en la categoría de lo que los analistas llaman “criminalidad organizada”. Se trata de una organización que busca subsistir a partir de los ingresos de los grupos que los apoyan; buscan poder a través del control territorial para poder negociar con las autoridades de su país. Una muestra de ello es que el 70% de sus ingresos provienen de sus vinculaciones con el narcotráfico, y el 30% restante, de los secuestros extorsivos.
Sus acciones violentas, en suma, están dirigidas por el afán de lucro y no por objetivos ideológicos.

Comentarios