Operación Feliz Navidad

Por Donato Alberto Calliera, para LA GACETA - Tucumán.

23 Diciembre 2007
-¿En serio que no te acordás de la “Operación Feliz Navidad? Pero si el mes pasado te expliqué todo.
Mario se rascó la cabeza.
-Ah, ya se. Era… era algo sobre tus hijos que están en el exterior que venían para las Fiestas.
El Viejo llamó al mozo, pidió una cerveza helada y una picadita.
-No te preocupés, pago yo.
-Me querés coimear para que te escuche -dijo sonriendo Mario-. Está bien, me rindo. Contá nomás.
Entonces el Viejo Martínez, que hace mucho había perdido las esperanzas de que los amigos del café lo llamaran Patricio, le contó.
-En el año 71 Miguelito se fue a España, dos años después José Luis y Mariana a los Estados Unidos y en el 78 Raúl a Canadá. Mi mujer y yo quedamos solos. ¿Vos te imaginás? Cuatro hijos… y de pronto, la casa vacía… Y nosotros también. Demasiado silencio, ¿sabés?
-Debe ser fulero -concedió Mario algo distraído, mirando por la ventana.
-Al principio escribían o llamaban por teléfono. Después llegaba una postal muy de vez en cuando. Estelita no tenía consuelo.
-¿Estelita?
-Mi esposa. Decía que se habían olvidado de nosotros y que jamás iban a volver. Que iba a morirse sin verlos. Me partía el alma. Vos sabés que uno ya no es joven… Tenemos tanto tiempo detrás y tan poco delante que…
-Vamos che. Tomás un vaso de cerveza y te ponés a filosofar.
- Andá -descartó el Viejo con una carcajada -si fuera así la juventud estaría llena de filósofos.
-¡Está contento! -le explicó Mario al mozo- traé otra así festejamos la novedad.
-No, no estoy contento… Digamos… orgulloso. Marito, soy un genio.
-Me gusta ese arranque de humildad.
-Es que… por primera vez en la vida se me ocurrió una idea genial.
-Ya sé. La Operación…
-Navidad.
-Ehhh… pará, es tarde. Tengo que irme. Me van a rajar del laburo -argumentó Mario amagando levantarse.
El Viejo se alarmó.
-Aguantá, en un segundo te la cuento. Mirá, el plan funcionó a la perfección. Los cuatro llegaron y pasaron Nochebuena y Navidad con nosotros. Mi mujer casi se muere de la sorpresa. No lo podía creer. Nunca la vi tan feliz, confundida pero radiante, hasta parecía más joven.
-Un momento, Viejo… digo Patricio - se corrigió en una demostración inconsciente de más respeto a su amigo -¿Me estás diciendo que todos tus hijos que estaban fuera del país pasaron Navidad con ustedes?
-Sí y no, porque…-hizo una pausa con efecto suspenso- en realidad no eran mis hijos. ¿Vos lo ubicás a Herminio Amante, que hacía radioteatro allá por los sesenta?
-¿Todavía vive?
-El me consiguió cuatro excelentes actores. Tres meses de ensayo y te lo juro, con los datos que yo les di, casi me convencieron a mí.
-Así que engañaste a tu esposa con cuatro hijos falsos. Mirá que aquí hay cosas truchas, pero hijos…
-Bueno, la engañé pero para darle alegría… No se si el año que viene todavía estaremos los dos.
- No habrá sido gratis, me imagino.
-No, no. Son profesionales. Pagué $ 3.500 en tres cuotas. Lo importante es que Estelita recibió el mejor regalo de Navidad de su vida. Lo demás no tiene importancia.
 
 
 En ese mismo instante en la casa del Viejo Martínez, su esposa Estelita finalizaba una charla con su hermana confesándole.
-Yo me di cuenta enseguida. A una madre no se la puede engañar así nomás. Pero no dije nada. Y vos, cuidadito con decirle algo de esto. Pero… yo sé que Patricio pasó la mejor Navidad de su vida. Lo demás no tiene importancia.
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