Tradiciones y renovaciones de una cultura

Por Soledad Martínez Zuccardi, para LA GACETA - Tucumán. De la Revista de Letras y Ciencias Sociales a La Carpa.

16 Diciembre 2007
El propósito de esta nota es difundir ideas elaboradas en el marco de una investigación más amplia que llevo a cabo desde hace varios años, centrada en el examen de una seria de revistas culturales y de otras publicaciones periódicas surgidas en Tucumán durante la primera mitad del siglo XX: la Revista de Letras y Ciencias Sociales (1904-1907), Sustancia (1939-1946), Cántico (1940), Tuco (1943) y los cuadernos y boletines editados por el grupo La Carpa durante el año 1944. Si bien algunas de ellas resultaron objeto de valiosos estudios pioneros como, entre otros, los efectuados por Emilio Carilla, David Lagmanovich y Vicente Atilio Billone, las publicaciones mencionadas no parecen haber sido consideradas de modo conjunto con el objeto de vislumbrar rasgos más generales del desenvolvimiento de la cultura letrada tucumana durante ese período. Procuro plantear aquí algunos de esos rasgos tomando en cuenta aspectos tales como el perfil intelectual de los realizadores de cada publicación, el modo de intervención articulado por ellos y su relación con las instituciones culturales y con el poder político.

La Revista de Letras y Ciencias Sociales: consolidación de un grupo y organización de una cultura. (1)
Aunque el periodismo cultural tucumano nace hacia 1882, con la creación de un semanario de la entonces flamante Sociedad Sarmiento, la primera publicación que alcanza una calidad y una proyección destacables más allá de los limites provinciales, y que a la vez deja en la vida intelectual local una impronta perdurable, es la Revista de Letras y Ciencias Sociales. Fundada por Ricardo Jaimes Freyre, Juan B. Terán y Julio López Mañán, en ella colaboran autores como Miguel de Unamuno, Gugliemo Ferrero, Rubén Darío, José Santos Chocano, Amado Nervo, José Juan Tablada, Manuel Machado, entre muchos otros. He sugerido en un trabajo anterior (2) que la propuesta de la revista puede entenderse como un cruce de lo que identifico como dos proyectos con objetivos y rasgos propios: un proyecto literario, que se vincula de modo estrecho con el movimiento de renovación de la literatura promovido en Hispanoamérica por el modernismo, y un proyecto científico, que en una época de auge de la ciencia en el país debido a la gravitación del positivismo, se propone estimular el desarrollo de investigaciones científicas en la provincia.
Acaso el principal mérito de la Revista de Letras y Ciencias Sociales sea el de haber consolidado al grupo que, encabezado por Terán, se encargaría luego de crear y de poner en marcha la Universidad de Tucumán. Además de los tres fundadores de la publicación, es posible mencionar entre sus integrantes a Alberto Rougés, Miguel Lillo, Juan Heller, José Ignacio Aráoz. Vinculados a la Sociedad Sarmiento y pertenecientes o muy ligados, en su mayoría, a la elite azucarera local, ellos intervienen desde los campos del derecho, la historia, la literatura y las ciencias naturales, y en ocasiones combinan sus funciones intelectuales con las políticas. Al núcleo tucumano se une Jaimes Freyre, escritor de origen boliviano, reconocido centralmente como poeta modernista, que en Tucumán enseña, se dedica a la investigación histórica y ejerce algunos cargos públicos. Se trata de un conjunto de hombres activos y programáticos, que parecen motivados por la urgencia de actuar desde las instituciones que fundan o dirigen y desde las publicaciones que impulsan. En pleno proceso de modernización provincial, ellos organizan y sientan las bases de la moderna cultura letrada tucumana.

Sustancia y la recuperación de
una tradición cultural

Con la constitución a fines del decenio de 1930 de la Facultad de Filosofía y Letras, que cuenta con un excepcional plantel inicial de profesores llegados de diversos puntos del país o exiliados de Europa, la vida intelectual local cobra nuevo impulso y se torna más plural y diversa y, al mismo tiempo, más especializada. En el afán de albergar distintas especializaciones, Sustancia se presenta como un órgano de cultura general que da cabida a la literatura, la historia, el derecho, el folclore y, sobre todo, a la filosofía. Ella adquiere especial notoriedad a partir de la inclusión de la primera traducción al español de un texto de Martín Heidegger y de la elaboración de un homenaje a Henri Bergson que da a conocer la más completa bibliografía bergsoniana preparada hasta entonces. Ricardo Rojas, Francisco Romero, Pablo Rojas Paz, Rodolfo Mondolfo, Eugenio Pucciarelli, Aníbal Sánchez Reulet y Roger Labrousse son algunos de los autores que escriben en sus páginas.
No obstante sus numerosos colaboradores, Sustancia parece haber constituido una empresa casi personal de su fundador y director, Alfredo Coviello, quien se revela como principal responsable de llevarla adelante y de proyectar cada número. La trayectoria de Coviello y el significativo rol por él desplegado durante la década de 1930 y comienzos de la de 1940 en el desarrollo de la vida intelectual provincial son escasamente conocidos. (3) A pesar de su origen modesto y de no haber completado sus estudios universitarios, llega a ocupar un lugar central en los escenarios institucionales de la época: preside la Sociedad Sarmiento, se desempeña como consejero de la Universidad Nacional de Tucumán, codirige el diario LA GACETA, funda la filial tucumana de la Sociedad Argentina de Escritores e impulsa la creación de las facultades de Derecho y de Bioquímica. El cultiva un perfil de hombre de acción cultural similar al de los realizadores de la Revista de Letras y Ciencias Sociales, si bien presenta una procedencia social distinta y no interviene casi en el campo de la política. Desde las páginas de Sustancia así como a partir de su actuación institucional, Coviello parece intentar recuperar y actualizar el proyecto cultural forjado a comienzos del siglo XX por sus predecesores, al que visualiza acaso como componente de una tradición prestigiosa en la cual inscribir su propuesta.

De Cántico a La Carpa.
Una renovación desde la literatura

En 1940, Cántico aporta la novedad de una revista específicamente literaria, tal vez la primera con esas características en Tucumán. Dirigida por Marcos A. Morínigo, profesor de literatura en la Facultad de Filosofía y letras, ella difunde los poemas iniciales de autores como María Adela Agudo, Guillermo Orce Remis y Leda Valladares. A pesar de su breve vida -sólo llega a entregar tres números-, Cántico estimula la reflexión en torno a la práctica literaria y a la figura del escritor. En tal sentido, abre el camino al grupo de jóvenes que poco después irrumpe, de modo un tanto ruidoso, en la escena cultural provinciana. Reunidos hacia 1943 alrededor del periódico literario Tuco dirigido por Nicandro Pereyra, muchos de sus miembros constituyen al año siguiente La Carpa, asociación de escritores y artistas del Noroeste argentino que tuvo su centro en Tucumán. Raúl Galán, Manuel J. Castilla, Raúl Aráoz Anzoátegui, Julio Ardiles Gray, María Elvira Juárez, Sara San Martín, José Fernández Molina, además de los ya nombrados Agudo y Pereyra, participan en la Muestra colectiva de poemas, el más conocido cuaderno de La Carpa, cuyo prólogo proclama la aspiración a una "poesía de la tierra, empeñada en soñar para este mundo un orden sin barrotes, ni hambre, ni sangre derramada". En esos años comienza a configurarse la literatura como un área diferenciada de la actividad cultural, tal como se fomentaba también desde el ámbito universitario, y se afianza un nuevo perfil intelectual: el del poeta que extrae su legitimidad de la propia praxis poética. Alejados de la elite y relativamente independientes de los cobijos institucionales y oficiales, los jóvenes escritores de esa etapa, provenientes en su mayoría de la clase media y animados por una sensibilidad distinta, inauguran un nuevo modo de entender y de practicar la cultura en la provincia.
El recorrido delineado hasta aquí puede leerse como una historia de la cultura letrada en Tucumán durante el período enfocado, en cuyo desarrollo advierto un proceso signado por tradiciones y renovaciones. En efecto, el grupo realizador de la Revista de Letras y Ciencias Sociales forja a comienzos del Siglo XX una tradición cultural muy ligada a la elite, a las instituciones culturales y al poder político, y en la que prevalece la figura del letrado que combina su función pública con la intervención desde distintos campos disciplinarios. Tradición que más de tres décadas después da muestras de perdurar, aunque con matices, en las páginas de Sustancia y en la trayectoria de su director, pero que al mismo tiempo se ve erosionada con la aparición de Cántico, de Tuco y, especialmente, con el surgimiento de La Carpa. La literatura adquiere entonces un lugar específico y se afianza la figura del escritor especializado, especialmente la del poeta que anhela hacer de la poesía su vida.© LA GACETA

NOTAS
(1) Me he referido antes en estas páginas a la "Revista de Letras y Ciencias Sociales" y a la singularidad del grupo que la realizó. Cfr. LA GACETA Literaria, domingo 27 de noviembre de 2005.
(2) Cfr. El libro de mi autoría "Entre la provincia y el continente. Modernismo y modernización en la ?Revista de Letras y Ciencias Sociales?" (Tucumán 1904-1907), Tucumán, Instituto Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán, 2005. Ese trabajo ha contado con la dirección de Victoria Cohen Imach, quien orienta también mi investigación actual.
(3) He podido reconstruir su trayectoria a partir de un valioso material inédito al que he tenido acceso gracias a la gentileza de Alfredo Coviello (h) y sin el cual el análisis de la figura del director de "Sustancia" no hubiera sido posible.

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