11 Noviembre 2007 Seguir en 

Un cuadro de René Magritte ilustra la portada del libro de cuentos Amor propio, de Carlos Chernov. Es una mujer desnuda que se lleva a sí misma dentro de un espejo, parte de su cabello, su espalda y su trasero. De la misma manera, los personajes de Chernov intentan llevarse a sí mismos convirtiendo al otro en uno. Para lograr ese fin, la médica frígida de Happy end le exige a su marido la castración con la fantasía de hacerlo mujer, como ella. Una manera de alcanzar el orgasmo con ella misma. El médico Roberto, de La bella del Leprosario, ambiciona poseer de manera absoluta la belleza de su mujer, al punto tal que le censura el mínimo intento de goce sexual, bajo la amenaza de que el placer es patrimonio de putas. Roberto enloquece ante la imposibilidad de lo absoluto. Esa mujer cuenta sus desdichas a un psicoanalista. El poder que irradia su belleza reina en el consultorio, domina por su carácter absoluto y al mismo tiempo sufre el vacío de la soledad.
Los personajes buscan vivir en los lindes del celuloide. No soportan este mundo, pero al mismo tiempo se resisten a desaparecer. Prefieren seguir viviendo en una tercera dimensión. Es el caso de Bellezas naturales, un fotógrafo de modelos y fumador compulsivo que piensa en una isla solitaria para no fumar, lugar donde sea imposible comprar cigarrillos. Al mismo tiempo fuma para fugarse de esa isla. Mientras tanto tose gotas de sangre que caen en la cubeta del revelado. Allí vive la hermosura absoluta, la fotografía de una mujer que jamás llegará a amar en la vida real. Porque lo absoluto es una imagen que se fija con los líquidos y se escapa en el tiempo. Entonces no queda otra opción que morir o vivir en la cubeta de revelado junto a la belleza eterna.
Un gángster sueña con tiburones que lo despedazan y al mismo tiempo está por ser asesinado en una pieza de hotel. El se propone vivir en el borde de la película, en otra dimensión que no es el sueño, la vida real o el celuloide. Es el intersticio entre dos realidades. Algo similar sucede con El turista, un joven que aspira a escaparse de la vida permaneciendo en los límites de la vida.
Todos los personajes son seres solos que necesitan ser carne de dolor. Las historias son atractivas y bien contadas, aunque algunas de ellas carecen de un buen final. © LA GACETA
Los personajes buscan vivir en los lindes del celuloide. No soportan este mundo, pero al mismo tiempo se resisten a desaparecer. Prefieren seguir viviendo en una tercera dimensión. Es el caso de Bellezas naturales, un fotógrafo de modelos y fumador compulsivo que piensa en una isla solitaria para no fumar, lugar donde sea imposible comprar cigarrillos. Al mismo tiempo fuma para fugarse de esa isla. Mientras tanto tose gotas de sangre que caen en la cubeta del revelado. Allí vive la hermosura absoluta, la fotografía de una mujer que jamás llegará a amar en la vida real. Porque lo absoluto es una imagen que se fija con los líquidos y se escapa en el tiempo. Entonces no queda otra opción que morir o vivir en la cubeta de revelado junto a la belleza eterna.
Un gángster sueña con tiburones que lo despedazan y al mismo tiempo está por ser asesinado en una pieza de hotel. El se propone vivir en el borde de la película, en otra dimensión que no es el sueño, la vida real o el celuloide. Es el intersticio entre dos realidades. Algo similar sucede con El turista, un joven que aspira a escaparse de la vida permaneciendo en los límites de la vida.
Todos los personajes son seres solos que necesitan ser carne de dolor. Las historias son atractivas y bien contadas, aunque algunas de ellas carecen de un buen final. © LA GACETA
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