TODA UNA MENCION. El título de la obra alude a la visita de Einstein a la Argentina, en 1925. De hecho, se desarrolla en el libro una disertación suya que, en realidad, nunca existió.
11 Noviembre 2007 Seguir en 

Cada tanto aparece en nuestro universo literario alguna obra de contenido tan extraño como su hechura. Aquí tenemos el ejemplo de esta novela de Fabián Soberón, que no sólo no cumple con los cánones clásicos del género -comienzo, nudo y desenlace-, sino que además altera los tiempos del relato, no utiliza ninguna indicación que sirva de señal al lector para saber que se desarrolla un diálogo, plantea interrogantes sobre el background de sus personajes, sitúa la acción en Tucumán y en Barcelona, con un rápido paso por Rosario, y reitera la denominación de los breves capítulos (El Jardín, El Pintor, El Científico, etcétera), como escasa información sobre el cambio de escenario y de protagonistas.
Pero eso no es todo. El tema central -al menos el que tiene mayor eje en el libro- es la búsqueda de un padre por parte de su hijo, para lo cual apela a un astrólogo medio brujo, que en cierta forma hace recordar a José López Rega.
Sin embargo, de modo más que sorpresivo y difícilmente vinculable con aquello, el texto introduce análisis y comentarios de figuras de la pintura, como Rembrandt, Pollock, Dalí, Picasso o Cándido López; poetas como William Blake, Ezra Pound, Rilke, Apollinaire, Octavio Paz y Neruda; filósofos como Leibniz y matemáticos como Diofanto y Fermat. En ese panorama no faltan tampoco digresiones referidas a figuras locales: Alberdi, Mansilla, Echeverría, Mitre, Cortázar o Borges.
El título del libro hace referencia a la visita de Einstein al país, en 1925. Es una jocosa secuencia, muy lograda, sobre una disertación que no existió y que contrasta vivamente con cierta exposición medio surrealista que dio el Dr. Guillermo Rawson, sobre astronomía, materia que, como médico, desconocía por completo.
Las influencias literarias de Soberón son muy claras: Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal (sobre todo el de El banquete de Severio Arcángelo) y el Roberto Arlt de Los siete locos o Los lanzallamas.
Una posible explicación de aquellas "inconexas" incursiones por la literatura o las ideas está en el propio currículum de este novelista y poeta tucumano que se desempeña como docente en las cátedras de Teoría y Estética del Cine y Comunicación Audiovisual de la UNT. Y un costado apreciable que deja la lectura de esta novela es que Soberón es un hombre de pensamientos e inquietudes que trascienden los habituales en los más "lineales" narradores vernáculos. No es poca cosa.© LA GACETA
Pero eso no es todo. El tema central -al menos el que tiene mayor eje en el libro- es la búsqueda de un padre por parte de su hijo, para lo cual apela a un astrólogo medio brujo, que en cierta forma hace recordar a José López Rega.
Sin embargo, de modo más que sorpresivo y difícilmente vinculable con aquello, el texto introduce análisis y comentarios de figuras de la pintura, como Rembrandt, Pollock, Dalí, Picasso o Cándido López; poetas como William Blake, Ezra Pound, Rilke, Apollinaire, Octavio Paz y Neruda; filósofos como Leibniz y matemáticos como Diofanto y Fermat. En ese panorama no faltan tampoco digresiones referidas a figuras locales: Alberdi, Mansilla, Echeverría, Mitre, Cortázar o Borges.
El título del libro hace referencia a la visita de Einstein al país, en 1925. Es una jocosa secuencia, muy lograda, sobre una disertación que no existió y que contrasta vivamente con cierta exposición medio surrealista que dio el Dr. Guillermo Rawson, sobre astronomía, materia que, como médico, desconocía por completo.
Las influencias literarias de Soberón son muy claras: Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal (sobre todo el de El banquete de Severio Arcángelo) y el Roberto Arlt de Los siete locos o Los lanzallamas.
Una posible explicación de aquellas "inconexas" incursiones por la literatura o las ideas está en el propio currículum de este novelista y poeta tucumano que se desempeña como docente en las cátedras de Teoría y Estética del Cine y Comunicación Audiovisual de la UNT. Y un costado apreciable que deja la lectura de esta novela es que Soberón es un hombre de pensamientos e inquietudes que trascienden los habituales en los más "lineales" narradores vernáculos. No es poca cosa.© LA GACETA
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