INQUIETUD METAFISICA. Posse plantea en su trama la cuestión de la toma de conciencia acerca de la finitud humana.

Como ocurrió con Borges, el reconocimiento internacional a su obra llegó antes que el aplauso sin mezquindades de sus compatriotas. A los premios consagratorios se sumó la traducción de sus obras a catorce lenguas; la versión rusa de La pasión según Eva agotó 170.000 ejemplares.
El inquietante día de la vida, cuya segunda edición ya está en librerías, recrea con atractivo singular la vida aldeana del Tucumán de fines del siglo XIX; se detiene con amorosa dedicación en la casa solariega de los Posse; en la plaza Independencia; en las calles de la ciudad, con sus imágenes y sus ruidos característicos; en el camino hacia los ingenios Concepción y San Felipe. Los narradores evocan la materialidad de edificios, mobiliario, decoración, instrumentos, vestimenta y el significado de los hábitos, los ritos, las creencias, los espacios, los roles en la familia. Abundantísima información que ha sido tramada con experta lucidez de narrador.
La conciencia de los prestigios del origen impregna el mundo representado: las voces del relato pertenecen a la familia Posse, poderosa económica y políticamente en el tiempo de la ficción. El protagonista, Felipe Segundo, es una figura ficticia construida con rasgos de representantes de la generación de los ochenta decimonónicos: impulsa la revolución tecnológica que transforma la industria azucarera e integra un grupo que promueve la cultura, el "Grupo Monteagudo", predecesor indudable de la Sociedad Sarmiento, fecunda sembradora de la generación del Centenario.
El Familiar
La trama, de nítida inspiración histórica, instaura como eje de la intriga una inquietud metafísica: la de la toma de conciencia de la finitud humana a partir de la certeza de la próxima muerte propia. Esta inquietud se asocia con la figura del Familiar, el perro negro que en el imaginario del Noroeste Argentino encarna las fuerzas de las tinieblas y denuncia la emergencia del pacto fáustico.
Este pacto, como violación del tabú en la forma del pecado contra el Espíritu (el que nunca alcanza perdón), se cumple como un contrato que compromete al pactante y a su descendencia directa y colateral con un pago en pérdidas y dolor a cambio de poder y dinero. En la novela la aparición del Familiar constituye siempre un anuncio que Felipe interpreta cabalmente; por eso menciona su enfermedad pulmonar que ensangrienta la almohada y su tos persistente como la "deuda ancestral". Julio Víctor, el sobrino, paga su cuota con la invalidez.
Conocido el diagnóstico de su mal, Felipe parte a Europa con múltiples propósitos: buscar cura de su padecimiento o por vía médica o por vía esotérica, escamotear su decadencia a la mirada de la familia, perseguir los rastros del poeta Rimbaud. Esta variedad de objetivos permite desplegar diversas vertientes culturales que enriquecen la ficción: la vida social de los nuevos ricos argentinos en Europa, las prácticas de las diversas corrientes esotéricas en París, aspectos de la extravagante vida de Rimbaud, la experiencia de los viajes.
El inquietante día de la vida conjuga historia, ficción, amor entrañable a la tierra de los orígenes, reflexión metafísica, conocimiento esotérico, todos materiales semánticos modelados con refinada sensibilidad y con auténtico oficio de narrador.©LA GACETA







