Historia de una brujita buena con moraleja solidaria

Por Carmen Perilli. INFANTIL.

11 Noviembre 2007
Las brujas, al igual que los ogros, han perdido el carácter temible que adquirieron en los cuentos de hadas tradicionales. Libros y películas, hasta series de televisión, las muestran mezcladas en asuntos terrenos.Entre los personajes más logrados están la Bruja Winnie y el ogro Shrek. La brujita Guadalupe Sinvegurra, por su parte, prepara sus clases con prolijidad y aprende a usar las escobas. Como todos los chicos, la bruja niña es traviesa y desoye los mandatos de sus tías, llevando escobas mágicas a la escuela. Poli, la polilla, es su ayudante, y Nacho, su amigo.
En la mochila hay una colección de escobas de todos los colores: escobas de hacer dulce de leche, de atrapar al Ratón Pérez, de cumplir deseos, de transformarse, de correr gatos, etc. Cecilia Pisos, especialista en brujas, a las que ha dedicado poemas y cuentos, nos entrega una historia maravillosa que no elude la lección de solidaridad.
Quizá, por momentos, se extraña el misterio de aquellas que, desde las narraciones tradicionales, nos fascinaban con sus poderes imprevisibles. © LA GACETA

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