Una mera retahíla de descripciones entre las tapas

Por Samuel Schkolnik. Si hay una narración, se reduce al pasaje de una descripción a la siguiente, hasta que el texto termina por desvanecerse.

11 Noviembre 2007
No sé si llamar "novela" a lo que se extiende entre las tapas de este volumen; algunos esporádicos y breves fragmentos narrativos hay en esas páginas, pero tan débilmente articulados que distan mucho de componer un relato. Más bien se trata de una retahíla de descripciones, que evocan a veces -por su insistencia en el detalle y por su morosidad- los textos de, digamos, Robbe-Grillet, pero de los que sin embargo se distingue por un mucho mayor poder somnífero.
El objeto de esas descripciones son unas tallas en madera producidas por artistas populares de Venezuela, así como las casas que albergan a esas tallas y los paisajes que enmarcan a esas casas. La voz lánguida que en un soliloquio interminable se detiene en esas descripciones, balbucea a veces una reflexión, pero esta nunca llega a plasmar en una idea asertivamente formulable, y en raras ocasiones el lector puede saber qué es lo que el "narrador" quiso decir.
Si hay una narración, se reduce al pasaje de una descripción a la siguiente, hasta que el texto se desvanece. Los "personajes", de los cuales hubiera podido esperarse una caracterización tan prolija como la de los objetos, resultan vagamente perfilados. El del "narrador", que se expresa en primera persona, es el más amorfo de todos.
Terminada la lectura, se abandona el libro con la desagradable impresión de haber tenido en las manos durante demasiado tiempo una sustancia gelatinosa.© LA GACETA

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