¿FILOSOFO U OPORTUNISTA?. En el subtítulo de su libro, Deepak Chopra asegura que la obra cambiará la vida de quien la lea.
11 Noviembre 2007 Seguir en 

Escritor, pensador, filósofo, ensayista, humanista, guía espiritual, gurú, oportunista new age, vulgar mercader, farsante sin remedio, etcétera, y en el orden que se prefiera, son sólo algunas de las etiquetas a las que convoca el nombre de Deepak Chopra. Así de extremas son las categorías donde consta este originario de la India (1947), que en el plano meramente observable es un señor que ha hecho de su admiración por Buda (o de su presunta admiración por Buda) un extraordinario dispositivo de llegada a millones de personas, una enorme mayoría de las cuales compra sus libros, le escribe cartas, asiste a sus seminarios y le atribuye bondades de genio, de santo, o incluso de ambos atributos juntos.
Buda ("la novela que cambiará su vida", pretende el ambicioso subtítulo que, más que subtítulo, se asemeja a un eslogan) se revela atrayente y llevadera para iniciados sin demasiadas pretensiones. Dicho de otro modo: Buda supone un aceptable curso de ingreso para quienes deseen adentrarse en las arenas del hombre que transitó tres etapas (Siddhartha, el príncipe; Gautama, el monje; y Buda, el compasivo) hasta alcanzar la iluminación y, según postula Chopra, ascender "al rango de inmortal".
Aceptable el curso de ingreso, por cuanto mientras describe las derivas de su personaje (si se quiere, sus aventuras), Chopra se mueve cómodo en el escenario de las alegorías sencillas, de las moralejas transparentes, al alcance de cualquier hijo de vecino. Va de suyo, pues, que desde la perspectiva de un texto de divulgación masiva sus objetivos se ven cumplidos con creces.
Esta consumada aspiración, sin embargo, no lo salva del riesgo de quedarse a mitad de camino. Para ser una novela con toda la barba, Buda extenúa con observaciones y explicaciones más propias del ensayo, tal como se registra en Nota del autor, en Epílogo y en El arte de no hacer. Y para ser un ensayo propiamente dicho, se diluye sin remedio en las aguas de la ficción o, más todavía, en las aguas de la literatura fantástica -con el debido respeto a sus cultores mayúsculos y salvadas las distancias que hubiera que salvar-.
Pero no es necesaria demasiada perspicacia para deducir que ni a Chopra lo inquietan sus eventuales claroscuros, ni a su grey la perturba un comentario más o menos favorable, o más o menos adverso. Y, en todo caso, los recién llegados al mundo Chopra sabrán discernir cuánto hay de genuino y cuánto de falaz en lo mentado y en su mentor. Nunca está de más apostar a la soberanía que perfila una afinidad y se somete a sus enunciados. © LA GACETA
Buda ("la novela que cambiará su vida", pretende el ambicioso subtítulo que, más que subtítulo, se asemeja a un eslogan) se revela atrayente y llevadera para iniciados sin demasiadas pretensiones. Dicho de otro modo: Buda supone un aceptable curso de ingreso para quienes deseen adentrarse en las arenas del hombre que transitó tres etapas (Siddhartha, el príncipe; Gautama, el monje; y Buda, el compasivo) hasta alcanzar la iluminación y, según postula Chopra, ascender "al rango de inmortal".
Aceptable el curso de ingreso, por cuanto mientras describe las derivas de su personaje (si se quiere, sus aventuras), Chopra se mueve cómodo en el escenario de las alegorías sencillas, de las moralejas transparentes, al alcance de cualquier hijo de vecino. Va de suyo, pues, que desde la perspectiva de un texto de divulgación masiva sus objetivos se ven cumplidos con creces.
Esta consumada aspiración, sin embargo, no lo salva del riesgo de quedarse a mitad de camino. Para ser una novela con toda la barba, Buda extenúa con observaciones y explicaciones más propias del ensayo, tal como se registra en Nota del autor, en Epílogo y en El arte de no hacer. Y para ser un ensayo propiamente dicho, se diluye sin remedio en las aguas de la ficción o, más todavía, en las aguas de la literatura fantástica -con el debido respeto a sus cultores mayúsculos y salvadas las distancias que hubiera que salvar-.
Pero no es necesaria demasiada perspicacia para deducir que ni a Chopra lo inquietan sus eventuales claroscuros, ni a su grey la perturba un comentario más o menos favorable, o más o menos adverso. Y, en todo caso, los recién llegados al mundo Chopra sabrán discernir cuánto hay de genuino y cuánto de falaz en lo mentado y en su mentor. Nunca está de más apostar a la soberanía que perfila una afinidad y se somete a sus enunciados. © LA GACETA
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