GALARDONADO. La opera prima de Jason Goodwin ganó, a poco de ser publicada en inglés, el premio Edgar Awards.
28 Octubre 2007 Seguir en 

Con estudios en la Universidad de Cambridge sobre historia bizantina, conocido por sus libros de investigación histórica y de viajes, Jason Goodwin sorprende ahora con su primera novela, El árbol de los jenízaros, una obra sabiamente orquestada, con elementos esenciales de la situación sociopolítica de Estambul en 1836, e intrigas que reclaman la acción detectivesca.
Un personaje peculiar -Yasim Togalu-, que interviene ya en la primera página del libro, conduce el hilo de la trama. Con algunos visos de Sherlock Holmes, es único en su papel de detective educado, lector de novelas francesas, eunuco con el título honorífico de lala, "el guardián", dotes de buen cocinero y don para los idiomas.
Dueño de un encanto innato y de otras cualidades, ejercía como jefe de seguridad de la corte otomana, por lo que se le encomendó esclarecer el misterioso asesinato de cuatro hombres de la Nueva Guardia, cuyos principales sospechosos eran los jenízaros, soldados de elite del imperio turco durante 400 años, que se sentían "el supremo poder militar", por lo cual, diez años atrás, el Sultán había tomado la decisión de eliminarlos. La medida provocó la consiguiente irritación de los jenízaros y el temor del pueblo ante la posibilidad de que resurgieran las fuerzas perversas de quienes, desafiantes, solían entrenarse en el antiguo Hipódromo de los bizantinos, muy cerca del Palacio de Topkapi, del Aya Sofía y de la Mezquita Azul. Allí, junto a un "viejo, enorme, árbol [...] siempre se habían concentrado al primer signo de cualquier conflicto" y de sus "balanceantes ramas [...]. colgaban los cuerpos de los hombres que les habían contrariado: ministros, visires, funcionarios del tribunal...
Alrededor del decortezado y sucio tronco del Arbol de los Jenízaros gravitaba el centro de su mundo, del mismo modo que en palacio se hallaba el centro del gobierno otomano y en Aya Sofía el corazón de su fe" (p.37).
Por cierto la historia es fascinante no sólo por su trama argumentativa con suspenso de corte policial, sino por la maravillosa ambientación histórica, la excelente descripción de distintos lugares del Estambul de la época, de toda la sociedad y de la vida de la corte con personajes exóticos y muchas veces refinados que deleitan al lector, así como otras veces con escenas espeluznantes o grotescas de sexo o de excesos del poder político que provocan rechazo.
Pero también valoramos el ritmo ágil de la narración y la calidad en el uso del lenguaje, muy bien interpretado por su traductor al español, quien rescata las figuras inteligentes del autor. Algunas son reveladoras de un fino humor, y otras, poseen reflexiones sorpresivas que buscan la complicidad del lector. Y el traductor respeta (sin pasarlas al castellano) las oportunas palabras y los giros en francés y en otras lenguas. En su versión inglesa, The Janissary Tree, a poco tiempo de editarse, ha obtenido el premio Edgar Awards a la mejor novela.© LA GACETA
Un personaje peculiar -Yasim Togalu-, que interviene ya en la primera página del libro, conduce el hilo de la trama. Con algunos visos de Sherlock Holmes, es único en su papel de detective educado, lector de novelas francesas, eunuco con el título honorífico de lala, "el guardián", dotes de buen cocinero y don para los idiomas.
Dueño de un encanto innato y de otras cualidades, ejercía como jefe de seguridad de la corte otomana, por lo que se le encomendó esclarecer el misterioso asesinato de cuatro hombres de la Nueva Guardia, cuyos principales sospechosos eran los jenízaros, soldados de elite del imperio turco durante 400 años, que se sentían "el supremo poder militar", por lo cual, diez años atrás, el Sultán había tomado la decisión de eliminarlos. La medida provocó la consiguiente irritación de los jenízaros y el temor del pueblo ante la posibilidad de que resurgieran las fuerzas perversas de quienes, desafiantes, solían entrenarse en el antiguo Hipódromo de los bizantinos, muy cerca del Palacio de Topkapi, del Aya Sofía y de la Mezquita Azul. Allí, junto a un "viejo, enorme, árbol [...] siempre se habían concentrado al primer signo de cualquier conflicto" y de sus "balanceantes ramas [...]. colgaban los cuerpos de los hombres que les habían contrariado: ministros, visires, funcionarios del tribunal...
Alrededor del decortezado y sucio tronco del Arbol de los Jenízaros gravitaba el centro de su mundo, del mismo modo que en palacio se hallaba el centro del gobierno otomano y en Aya Sofía el corazón de su fe" (p.37).
Por cierto la historia es fascinante no sólo por su trama argumentativa con suspenso de corte policial, sino por la maravillosa ambientación histórica, la excelente descripción de distintos lugares del Estambul de la época, de toda la sociedad y de la vida de la corte con personajes exóticos y muchas veces refinados que deleitan al lector, así como otras veces con escenas espeluznantes o grotescas de sexo o de excesos del poder político que provocan rechazo.
Pero también valoramos el ritmo ágil de la narración y la calidad en el uso del lenguaje, muy bien interpretado por su traductor al español, quien rescata las figuras inteligentes del autor. Algunas son reveladoras de un fino humor, y otras, poseen reflexiones sorpresivas que buscan la complicidad del lector. Y el traductor respeta (sin pasarlas al castellano) las oportunas palabras y los giros en francés y en otras lenguas. En su versión inglesa, The Janissary Tree, a poco tiempo de editarse, ha obtenido el premio Edgar Awards a la mejor novela.© LA GACETA
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