Entidades que subestiman a los consumidores

Análisis. Por Hugo E. Grimaldi - Columnista de DyN.

09 Octubre 2007
BUENOS AIRES.- En relación al precio del tomate y al de todos los alimentos frescos en general, el grado de subestimación hacia los consumidores de algunas de las entidades que dicen defenderlos resulta de una incorrección tal que linda con lo risible, si ese accionar antes no cayera en la categoría de sospechoso. En este caso puntual, los responsables de este tipo de asociaciones, que armaron su show frente a los medios para pedir el "boicot al tomate", se han convertido nada más ni nada menos que en difusores de los precios del sospechado Indec, un organismo que, aunque "perfecto", debe recogerlos en los comercios y volcarlos luego correctamente en las estadísticas y no fijarlos.
Ellos han pedido casi al unísono y se supone que en representación del bolsillo de todos que, sin considerar variedad ni estado del producto, el tomate se venda de modo regimentado a $ 3,99 el kilo, una misión sólo comparable con solicitar que, por decreto, se fije que el sol salga a las nueve de la mañana. En primer lugar, si bien las campañas de concientización son útiles para nuclear esfuerzos, casi ningún consumidor necesita que nadie le indique a cuánto debe pagar los tomates, ya que es su propio bolsillo quien le dirá hasta dónde puede estirarse. Y es sabido que los alimentos frescos suben y bajan al compás de cuestiones estacionales, algo que este año ha sido particularmente duro con los suelos, heladas y nieve de por medio, argumento usado hasta por la senadora Cristina de Kirchner para justificar los problemas energéticos.
Los libros y la práctica dicen que las frutas y las verduras que suben en ciertas épocas del año caen luego en sus valores cuando se normaliza la oferta y siempre esto ocurre cuando la inteligencia de la gente (la retracción de la demanda) lleva al equilibrio de los precios, ya que las cosechas hay que venderlas sí o sí antes de que se deteriore la mercadería.
Sin embargo, la subestimación mayor para los consumidores es que quizás para muchos el valor promedio de $ 3,99 que fijó el burócrata de turno para setiembre también le resulte alto, ya sea porque vive al lado de donde se hace la cosecha o porque sus ingresos no le permiten acceder al fruto-verdura tampoco a ese precio. Podría ser también todo parte de una ironía para embretar al Indec, pero cuando las cosas se normalicen ¿estos pícaros del marketing fácil seguirán solicitando un precio de $ 3,99?
Por último, y para aumentar las sospechas de intencionalidad en la movida está la cuestión política. ¿A quién le conviene que le gente ponga la lupa y discuta sobre la vida de las hormigas mientras los elefantes pasan en caravana frente a sus narices? Con defensores de los consumidores así, la vida será siempre color de rosa.