Hay libros que no merecen la tala de árboles

Por Miguel Velardez. Mantener la lectura de la obra se convierte en un trabajo latoso y hay escasas chances de transformarla en algo redituable.

23 Septiembre 2007
En público suele presentarse como un escritor que, al hablar de política, cultiva un estilo sarcástico y provocador. Empero, en su último libro, Jorge Asís utiliza un lenguaje tan rústico y carente de originalidad que desciende al territorio más tosco del vocabulario. Las palabras que elige el autor para definir a algunos personajes de la política argentina suenan repulsivas por donde se las mire y de tal mal gusto que invitan a abandonar sus páginas apenas abierto el libro.
Al presidente Néstor Kirchner lo llama "El gran empomador" y, al emplear el recurso de la metáfora, directamente, su obra (¿?) ingresa en la oquedad absoluta. Al citar a Cristina Fernández de Kirchner asegura: "a ella no le sube agua al tanque". Quizá pueda soportarse esta jerga en una parrillada con amigos, pero volcar ese estilo del habla a un libro es una actitud que puede resultar vituperable para muchos lectores.
"El descascaramiento?" contiene una caótica recopilación de artículos publicados por Asís en su portal-web, al que se encarga de promocionar desde las primeras páginas del libro; tal vez en un intento de captar a nuevos lectores digitales. El desorden de la compilación del material que trasladó de internet al papel aparece en la repetición de críticas al matrimonio Kirchner.
Peor aún, el autor incorpora textos de otros supuestos analistas políticos. En esa grilla aparece Joaquín Van Der Ramos, que no desentona con el carácter literario de Asís. Para uno de sus artículos elige un incauto título, Sexo oral, en el que hace referencia a la timidez con que se presenta Roberto Lavagna. "Sostener una campaña política sólo con reportajes, es como mantener una relación estable de pareja sólo con sexo oral. Resulta tan tranquilamente placentero como insuficiente", describe con mísero léxico.
Mantener la lectura del libro se convierte en un trabajo latoso y hay escasas posibilidades de transformarla en algo redituable. Se observan, inclusive, pronósticos erróneos acerca de la política argentina. En un artículo fechado el 16 de noviembre de 2006, Asís asegura: "la señora Cristina protagoniza un globo de ensayo destinado a la autodestrucción. Porque ella tampoco va a ser, ni por aproximación, la candidata (entiéndase a la presidencia del país)".
Si se intenta hacer abstracción de los pruritos del lenguaje que emplea el autor, con la esperanza de encontrar un perspicaz estudio de los hechos y de las decisiones políticas, el lector también termina frustrado. Hace unos días, el escritor anunció su candidatura a la vicepresidencia de la Nación encolumnado detrás del gobernador neuquino Jorge Sobisch. En este caso, el autor logra el máximo resultado del ridículo, ya que en su libro muestra al gobernante provinciano como un aprendiz. "Sobisch representa un extraño fenómeno para los mediólogos. Cuantos más afiches aparecen con su rostro -dice-, el Estadista pasa más inadvertido".

Papel reciclado
Hace ya dos años, el escritor portugués José Saramago (Premio Nobel de Literatura 1998), inició una campaña junto a Greenpeace para que sus libros, empezando por Las intermitencias de la muerte, así como las futuras reediciones de sus obras en cualquier país, puedan imprimirse en papel "amigo de los bosques". Este distintivo garantiza que no proviene del saqueo de un bosque primario; es decir no alternado por la actividad industrial del hombre ni que ha originado contaminación durante su producción.
Greenpeace asegura que hasta ahora los libros editados en papel reciclado han logrado un ahorro de 1.900 árboles, una superficie equivalente a cuatro estadios de fútbol. En febrero de este año, Saramago, un hombre muy crítico de la deforestación de la selva amazónica, le dijo al diario español "El Mundo": "me gustaría que este proyecto fuera como una bola de nieve".
Entonces, otros autores, como Alvaro Pombo, Laura Espido Freire y Javier Reverte, comenzaron a respaldar la idea. Ojalá que muchos otros instalen también esta premisa, porque la publicación de Jorge Asís deja claro que hay libros que no merecen la tala de árboles.© LA GACETA

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