23 Septiembre 2007 Seguir en 

Tras un intenso día de trabajo en el campo, en un húmedo atardecer del verano de 1963, el ansiado regreso al hogar de Paul Graves distó de ser como lo esperaba. Asaltado por un extraño, amarrado a una silla, presenció la inhumana tortura y el ulterior asesinato de su hermana mayor.
Treinta años después, sin posibilidad de purgar la culpa que el incidente le generó y sin poder superar la ira que envenenaba su alma, Graves devino en un exitoso escritor de series de misterio, cargadas de crueldad y sadismo, que proclaman con fatalidad el triunfo del mal sobre el bien.Al comienzo de la historia que nos ocupa, Allison Davies, directora de una colonia de escritores en un pequeño poblado, encarga a Graves la investigación del asesinato irresuelto de una joven en 1946. Temiendo no poder controlar sus propios demonios en caso de rechazar el ofrecimiento, el personaje decide abocarse a la pesquisa.
En el empeño, el autor emplea muchas de las convenciones típicas del género, abordando la historia, en ciertas oportunidades, con perspectivas sin demasiado sentido, en las que se hace uso de exhaustos recursos literarios.
Sin embargo, no obstante las -por momentos- tediosas reminiscencias de la agonía de la hermana del protagonista, la compleja historia, abundante en vueltas de tuerca, tiene la virtud de mantener en vilo incluso a los seguidores de este talentoso autor, ya acostumbrados a las sorpresas que depara su narrativa.
A su turno, el protagonista, compelido a sumergirse en el caos de oscuros motivos y torcidas pasiones, confronta la última atrocidad que surca su vida. No acerca de quién asesinó a la joven adolescente ni de quién atormentó a su hermana antes de matarla. Ni tampoco acerca de lo que alguna vez presenció sin poder revelar jamás. Pero sí acerca de lo que es capaz y de la forma en que orientará su obrar.
Este thriller psicológico, cargado de altibajos pero profundamente perturbador y cautivante, que lleva el inimitable sello de Cook, no dejará en el final de asombrar al lector, aunque su fortaleza quizás resida en el conmovedor mensaje que ofrece. © LA GACETA
Treinta años después, sin posibilidad de purgar la culpa que el incidente le generó y sin poder superar la ira que envenenaba su alma, Graves devino en un exitoso escritor de series de misterio, cargadas de crueldad y sadismo, que proclaman con fatalidad el triunfo del mal sobre el bien.Al comienzo de la historia que nos ocupa, Allison Davies, directora de una colonia de escritores en un pequeño poblado, encarga a Graves la investigación del asesinato irresuelto de una joven en 1946. Temiendo no poder controlar sus propios demonios en caso de rechazar el ofrecimiento, el personaje decide abocarse a la pesquisa.
En el empeño, el autor emplea muchas de las convenciones típicas del género, abordando la historia, en ciertas oportunidades, con perspectivas sin demasiado sentido, en las que se hace uso de exhaustos recursos literarios.
Sin embargo, no obstante las -por momentos- tediosas reminiscencias de la agonía de la hermana del protagonista, la compleja historia, abundante en vueltas de tuerca, tiene la virtud de mantener en vilo incluso a los seguidores de este talentoso autor, ya acostumbrados a las sorpresas que depara su narrativa.
A su turno, el protagonista, compelido a sumergirse en el caos de oscuros motivos y torcidas pasiones, confronta la última atrocidad que surca su vida. No acerca de quién asesinó a la joven adolescente ni de quién atormentó a su hermana antes de matarla. Ni tampoco acerca de lo que alguna vez presenció sin poder revelar jamás. Pero sí acerca de lo que es capaz y de la forma en que orientará su obrar.
Este thriller psicológico, cargado de altibajos pero profundamente perturbador y cautivante, que lleva el inimitable sello de Cook, no dejará en el final de asombrar al lector, aunque su fortaleza quizás resida en el conmovedor mensaje que ofrece. © LA GACETA
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