SIMPATIA ARROLLADORA. La autora recuerda a Fagalde como un hombre que se movió en la política y en la cultura de Tucumán de manera inteligente e impetuosa.
19 Agosto 2007 Seguir en 

¿Qué recordar acerca de esta personalidad, de la que podría decirse tanto? Porque Lauro Fagalde deja su huella en casi todos los aspectos de la vida política y cultural de Tucumán, en donde se movió en forma inteligente e impetuosa y con una simpatía arrolladora. Desde muy joven, fue protagonista en las filas del humanismo universitario, y militó luego en la Democracia Cristiana, sin que se le conociera ni una pizca de endurecimiento dogmático. Perteneciente a una de las familias más tradicionales de la Argentina y de Tucumán, actuaba con igual desenvoltura y capacidad de amistad en los más diversos ámbitos sin noción de diferencias sociales. Hombre de derecho y abogado por profesión, una curiosidad natural lo llevaba a interesarse por otros campos del conocimiento, con una inclinación particular, sin embargo, hacia las disciplinas humanísticas. Este último es el Lauro que yo más conocí.
Lauro Fagalde compartía una de las características más positivas de la intelectualidad tucumana desde la época del Centenario: la conjunción armoniosa entre una apertura a lo universal y un regionalismo sano. Admiraba todo lo valioso, viniera de donde viniera. Esa actitud de gran apertura pudo advertirse en los temas que escogía para los cursos, cuando estuvo frente a la Secretaría de Posgrado en la UNT. Advirtió, por ejemplo, la necesidad de tratar a fondo el papel ambivalente de la técnica más reciente dentro de la sociedad contemporánea, en cursos dirigidos a docentes y egresados de diversas carreras de la UNT; vio la conveniencia de exponer en forma crítica el pensamiento económico social de Max Weber... Comprendió, con un claro sentido humanista, la permanencia de los clásicos, al promover cursos sobre la Metafísica de Aristóteles, sobre la política en Platón, sobre los grandes trágicos griegos...
En cuanto a su "regionalismo" -si así pudiera llamársele-, este respondía a la convicción de que hasta el momento la historia argentina se había hecho desde Buenos Aires. Uno de los propósitos era, pues, despertar en la región la conciencia de su importancia en la historia nacional, y defender el lugar que les corresponde a las provincias dentro del sistema federal. Esa intención se ha condensado en Tucumán y el derecho. Sus conexiones histórico-políticas, libro ya prefigurado en otro anterior, Del interior al poder. "Nosotros -dice allí- con este trabajo queremos repensar el país desde el interior. Lo hacemos desde Tucumán, porque consideramos a Tucumán una piedra de toque válida para mirar a la Argentina." Allí, desde la perspectiva de una historia del derecho (Lauro fue profesor de "Historia de las instituciones" en la UNT) se centra en cuatro personajes oriundos de Tucumán: Monteagudo, Alberdi, Avellaneda y Terán, a los que suma, en un último capítulo, a Carlos Cossio.
Pero, a mi modo de ver, entre todos estos, las preferencias de Lauro estaban puestas en Alberdi, y, si no me equivoco, sobre todo en el Alberdi juvenil, aquel que en el Discurso del Salón Literario y en el Fragmento preliminar al estudio del derecho habría esbozado ya las bases del posterior despliegue de su pensamiento político, filosófico y económico. Un recuerdo personal: en un grupo de investigación de la Facultad de Filosofía y Letras, con motivo de un aniversario alberdiano, compusimos un volumen colectivo. Era ya fines de 1986. Lauro terminaba un año de trabajo denso y extenuante en la Secretaría de Posgrado. Cuando le pedí, en nombre del grupo, presentar un libro, se excusó por razones de cansancio. (Ya empezaban a notarse los efectos de su larga y dolorosa enfermedad, de la que jamás lo escuché quejarse). Pero al saber que se trataba de un volumen sobre Alberdi, aceptó: No podía negarse -me dijo- ante el autor del Fragmento preliminar... En sus últimos años, con una voluntad de hierro, desafiando las dolencias, estuvo trabajando en su tesis de doctorado con el tema "Tocqueville en Alberdi".
Es con una enorme tristeza que asumo el pedido del director de LA GACETA Literaria para escribir estas líneas sobre un amigo entrañable, un hombre noble en toda la extensión de la palabra. © LA GACETA
Lauro Fagalde compartía una de las características más positivas de la intelectualidad tucumana desde la época del Centenario: la conjunción armoniosa entre una apertura a lo universal y un regionalismo sano. Admiraba todo lo valioso, viniera de donde viniera. Esa actitud de gran apertura pudo advertirse en los temas que escogía para los cursos, cuando estuvo frente a la Secretaría de Posgrado en la UNT. Advirtió, por ejemplo, la necesidad de tratar a fondo el papel ambivalente de la técnica más reciente dentro de la sociedad contemporánea, en cursos dirigidos a docentes y egresados de diversas carreras de la UNT; vio la conveniencia de exponer en forma crítica el pensamiento económico social de Max Weber... Comprendió, con un claro sentido humanista, la permanencia de los clásicos, al promover cursos sobre la Metafísica de Aristóteles, sobre la política en Platón, sobre los grandes trágicos griegos...
En cuanto a su "regionalismo" -si así pudiera llamársele-, este respondía a la convicción de que hasta el momento la historia argentina se había hecho desde Buenos Aires. Uno de los propósitos era, pues, despertar en la región la conciencia de su importancia en la historia nacional, y defender el lugar que les corresponde a las provincias dentro del sistema federal. Esa intención se ha condensado en Tucumán y el derecho. Sus conexiones histórico-políticas, libro ya prefigurado en otro anterior, Del interior al poder. "Nosotros -dice allí- con este trabajo queremos repensar el país desde el interior. Lo hacemos desde Tucumán, porque consideramos a Tucumán una piedra de toque válida para mirar a la Argentina." Allí, desde la perspectiva de una historia del derecho (Lauro fue profesor de "Historia de las instituciones" en la UNT) se centra en cuatro personajes oriundos de Tucumán: Monteagudo, Alberdi, Avellaneda y Terán, a los que suma, en un último capítulo, a Carlos Cossio.
Pero, a mi modo de ver, entre todos estos, las preferencias de Lauro estaban puestas en Alberdi, y, si no me equivoco, sobre todo en el Alberdi juvenil, aquel que en el Discurso del Salón Literario y en el Fragmento preliminar al estudio del derecho habría esbozado ya las bases del posterior despliegue de su pensamiento político, filosófico y económico. Un recuerdo personal: en un grupo de investigación de la Facultad de Filosofía y Letras, con motivo de un aniversario alberdiano, compusimos un volumen colectivo. Era ya fines de 1986. Lauro terminaba un año de trabajo denso y extenuante en la Secretaría de Posgrado. Cuando le pedí, en nombre del grupo, presentar un libro, se excusó por razones de cansancio. (Ya empezaban a notarse los efectos de su larga y dolorosa enfermedad, de la que jamás lo escuché quejarse). Pero al saber que se trataba de un volumen sobre Alberdi, aceptó: No podía negarse -me dijo- ante el autor del Fragmento preliminar... En sus últimos años, con una voluntad de hierro, desafiando las dolencias, estuvo trabajando en su tesis de doctorado con el tema "Tocqueville en Alberdi".
Es con una enorme tristeza que asumo el pedido del director de LA GACETA Literaria para escribir estas líneas sobre un amigo entrañable, un hombre noble en toda la extensión de la palabra. © LA GACETA
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