29 Julio 2007 Seguir en 

Continuando con la crítica del irracionalismo - planteada desde la perspectiva de las ideas políticas y sociales en El asedio a la modernidad (1991) y desde la estética y sociología del arte en Las aventuras de la vanguardia (2000)-, en el presente ensayo Sebreli enfoca el problema desde la óptica de la filosofía. Para ello toma distancia de la "filosofía de la historia", embarcándose en cambio en el estudio orientado hacia la "filosofía política y a una teoría de la historia". Transita el camino de la historia de la filosofía pero asumida como la de Hegel, desde su propia historicidad y vinculándola con el presente. Así, analiza la génesis del pensamiento romántico de los alemanes, contrapuesto a la concepción universalista del ilustrismo y la posmodernidad (término cuestionado por el autor). Schopenhauer (al que Borges veneraba) y su extraña anticipación a la importancia de los factores oníricos, el inconsciente y la implicancia de la sexualidad de la teoría freudiana son algunos de los innumerables aspectos que analiza Sebreli. Dostoievski y la novela metafísica -en especial su nihilismo político y metafísico-, muestran una original e inteligente interpretación por parte del autor.
En el capítulo dedicado a Nietzsche, Sebreli muestra descarnadamente sólo el lado oscuro de un gran filósofo: la exaltación de la irracionalidad, quizás porque es el leit motiv de su ensayo. Otro tanto ocurre con Heidegger, al que define como "lugarteniente de la nada" y el balance es peyorativo. El antisemitismo de ambos filósofos es harto conocido. Sin embargo, sus teorías filosóficas siguen siendo tema de estudio en todo el mundo. Quizás la respuesta esté (al menos en el caso de Heidegger) en la evolución extraña que mostró en su vida, lo que impide juzgarlo con puntualidad cartesiana: jesuita por educación, luego -como lo definió Karl Lowitz- fue "protestante por reacción, dogmático escolástico por formación, pragmático existencial por su experiencia, teólogo por tradición y ateo como investigador".
En El psicoanálisis entre la ciencia y la magia (pág. 141 a 179), Sebreli desmenuza el tema de manera desconcertante para quien recurre a dicha terapia. Levy Strauss y el estructuralismo y la transición desde Bataille hasta los postestructuralistas, están analizados junto a Lacan y la rebelión académica de Foucault de manera sumamente elaborada y documentada.
El intento de relacionar las mutuas influencias filosóficas, doctrinarias e históricas que se produjeron -y que tuvieron la irracionalidad e intolerancia como denominador común- puede resultar polémico en algunos casos, dilemático en otros, pero cumple con la finalidad propuesta por el autor, quien arriba a conclusiones esclarecedoras. © LA GACETA
En el capítulo dedicado a Nietzsche, Sebreli muestra descarnadamente sólo el lado oscuro de un gran filósofo: la exaltación de la irracionalidad, quizás porque es el leit motiv de su ensayo. Otro tanto ocurre con Heidegger, al que define como "lugarteniente de la nada" y el balance es peyorativo. El antisemitismo de ambos filósofos es harto conocido. Sin embargo, sus teorías filosóficas siguen siendo tema de estudio en todo el mundo. Quizás la respuesta esté (al menos en el caso de Heidegger) en la evolución extraña que mostró en su vida, lo que impide juzgarlo con puntualidad cartesiana: jesuita por educación, luego -como lo definió Karl Lowitz- fue "protestante por reacción, dogmático escolástico por formación, pragmático existencial por su experiencia, teólogo por tradición y ateo como investigador".
En El psicoanálisis entre la ciencia y la magia (pág. 141 a 179), Sebreli desmenuza el tema de manera desconcertante para quien recurre a dicha terapia. Levy Strauss y el estructuralismo y la transición desde Bataille hasta los postestructuralistas, están analizados junto a Lacan y la rebelión académica de Foucault de manera sumamente elaborada y documentada.
El intento de relacionar las mutuas influencias filosóficas, doctrinarias e históricas que se produjeron -y que tuvieron la irracionalidad e intolerancia como denominador común- puede resultar polémico en algunos casos, dilemático en otros, pero cumple con la finalidad propuesta por el autor, quien arriba a conclusiones esclarecedoras. © LA GACETA
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