
La proposición 1) es o bien verdadera o bien falsa. En todos los casos de este tipo se enuncia una proposición como verdadera sin más o como falsa sin más, según el español decir del lógico Alfredo Deaño. No hay valores intermedios, o si se quiere, no hay matices.
Pero en la vida cotidiana matizamos. La proposición 2) tiene algo más, tiene la expresión "es posible que" y esta expresión o cláusula se llama modalidad o también operador modal. Modalidad: modo de ser o de manifestarse una cosa, dice el Diccionario de la RAE.
Olvidemos ahora a Adriana y su eventual viaje a Madrid y aceptemos que P simboliza una proposición cualquiera, y entonces la estructura lógica de toda proposición del tipo 2) será así: "Es posible que P". ¿Y cuál sería la negación? Podría responderse: "Es posible que no P". Pues no. Lo correcto es "No es posible que P". O sea, la negación se obtiene negando la modalidad.
Hay otras tres modalidades: "es necesario que P", "es imposible que P" y "es contingente que P". En la temática modal (muy simplificadamente presentada más arriba) puso su ojo certero, como en tantos otros asuntos de la filosofía, ese enorme pensador que se llama Aristóteles.
Extraña piedra filosofal
Desde entonces hasta hoy han corrido las aguas filosóficas. María Josefina Norry navega en esas aguas con precisión conceptual y fuentes bibliográficas de primera mano. Despliega una escritura que evita el excesivo tecnicismo y sabe brindar al lector en cada capítulo el meollo del asunto.
Pero sabe ante todo dos cosas. Una, que la ontología o metafísica sigue siendo el corazón de la filosofía y si bien ese corazón ha tenido sus dolencias, sigue latiendo como en los días inmortales de los griegos. La otra, que la lógica no es el órgano de ninguna escuela filosófica sino un instrumento de análisis riguroso y neutral.
He encontrado en la modalidad, confiesa Norry, una especie de extraña piedra filosofal; no convierte en oro cuanto toca, sino que ilumina con nueva luz los problemas de la filosofía.
El libro tiene cuatro partes. La primera es un deslinde semántico, Se destacan las modalidades aléticas, del griego aletheia, que significa verdad, no sólo en el sentido de adecuación del enunciado con la realidad sino en el más amplio de descubrimiento, develación, esto es, levantar el velo de la apariencia. Desde el vamos nos sale al encuentro la dimensión ontológica.
La segunda parte, la más extensa del volumen, trae un desarrollo histórico, arranca en Aristóteles y desemboca en el estadounidense Samuel Kripke (nacido en 1940).
Tras el Estagirita desfilan en excelente presentación la escuela megárico-estoica (Diodoro Crono, Crisipo) y Epicuro, con el célebre poema de Tito Lucrecio Caro. Luego los medievales, Abelardo, Alberto Magno, Guillermo de Shyreswood, Pedro Hispano, el Pseudo Escoto y Santo Tomás de Aquino.
En la Edad Moderna, donde hay una suerte de paralización de la lógica formal, Norry estudia la modalidad en Leibniz y en Kant.
En la filosofía contemporánea destaca a Nicolai Hartmann (1882-1950), por algo una afirmación del filósofo encabeza el libro: Las decisiones fundamentales de la metafísica se toman siempre en el terreno de la modalidad. Y no podía faltar la referencia al Tractatus de Wittgenstein.Al cerrar el enfoque histórico la autora se adhiere a la filosofía del ya citado Kripke, quien ha elaborado una semántica a partir de Leibniz. Para Kripke, ser algo verdadero significa ser verdadero en algún mundo posible; y ser algo necesariamente verdadero significa ser verdadero en todos los mundos posibles.
La tercera parte trata los sistemas de lógica y la última aborda la relación modal entre lógica y ontología, hilo conductor del volumen. ¿La necesidad es sólo lógica, basada en principios que previamente postulamos? ¿O hay en la realidad sucesos necesarios, que no dejarán de ocurrir sean cuales fueren nuestros discursos sobre tales sucesos?
La cuestión de la lógica modal no puede ser resuelta de espaldas a la metafísica. La noción de necesidad lleva al tema de determinismo y libertad.
Se inclina Norry por un determinismo moderado, donde se afirma que todos los sucesos tienen causas, si bien por cierto no siempre las conocemos; algo totalmente diferente del fatalismo, según el cual los hechos acontecen al margen de nuestras decisiones. El determinismo moderado es compatible con la libertad humana.
El libro lleva un prólogo del eminente filósofo Roberto Rojo, de quien Norry es discípula. Es su tesis doctoral en la UNT, donde es profesora.Quizás hubiera sido útil añadir una tabla de autores y materias. © LA GACETA







