Crónica acerca del fenómeno religioso de Salta
Por María Eugenia Valentié. La historia de la ama de casa que dice ver a la Virgen y de las multitudes de creyentes que peregrinan a la localidad de Tres Cerritos. El toque de María Livia es muy suave, casi un pequeño roce, lo cual hace más inexplicable y misterioso ese momento de la ceremonia.
NARRACION DE UN VIAJE. Terranova detalla en su libro los lugares donde paran los micros, la organización de los coordinadores y la belleza natural del cuidado lugar.
29 Julio 2007 Seguir en 

Desde hace algunos años una multitud de peregrinos se reúne en la localidad de Tres Cerritos, lugar cercano a la ciudad de Salta, con el propósito de participar en una ceremonia religiosa.
Según el autor, esta historia empieza con una mujer: se llama María Livia Galiano de Obeid y es un ama de casa, tiene tres hijos y está casada desde 1970 con su marido, que es contador. Todo parece muy normal y común, hasta que un día, mientras está sentada en su cama rezando el rosario, escucha una voz muy dulce que le habla. Las voces se repiten y en un momento dado María Livia levanta la cabeza y ve a una jovencita de unos 14 años vestida de blanco, con un manto azul y un velo en la cabeza. Le dice que se ponga en contacto con las monjas carmelitas descalzas y que les transmita sus mensajes. María Livia está convencida de que se trata de la Virgen María y decide hablar con su marido y su hija mayor; luego lo hace con toda su familia y con sus amigos más íntimos. Pero la noticia se difunde rápidamente y empiezan las peregrinaciones.
Juan Terranova viajó en noviembre de 2006, es decir, antes de que el arzobispo de Salta tomara cartas en el asunto y empezaran las prohibiciones. La narración del viaje de ida y vuelta de Salta a Buenos Aires, hecha en un estilo periodístico, es clara y detallada. Muestra la perfecta organización de los coordinadores, la emoción religiosa de los peregrinos, los lugares donde paran los micros y, a la mañana siguiente, la belleza de la naturaleza en el cerro, el trabajo desinteresado de los servidores y la presencia de María Livia.
En la ceremonia se reza el rosario, se leen pasajes de los Evangelios, se cantan canciones y se escucha música religiosa. También se lee una carta dirigida al arzobispo en la que se le pide autorización para oficiar misa en el cerro y dar a conocer los mensajes de la Virgen (ambos pedidos fueron denegados, al menos por ahora, hasta que la Iglesia concluya su estudio sobre el fenómeno). Al final se realiza la oración de la intercesión, en la cual María Livia se acerca a cada uno de los miles de peregrinos y le pone suavemente la mano sobre un hombro. En muchos casos, el que ha sido tocado por la vidente cae al suelo en una especie de desmayo. Por eso hay siempre un servidor que se coloca detrás del peregrino y lo ayuda hasta que este queda tendido en el suelo. El toque de María Livia es muy suave, casi un pequeño roce, lo cual hace más inexplicable y misterioso ese momento de la ceremonia.
En abril de 2003, el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, dio a conocer públicamente la opinión oficial de la Iglesia sobre el caso de la Virgen del Cerro. En esa carta hace una distinción entre la revelación pública y la revelación privada. La primera está contenida en la Biblia y vale para todos los tiempos. De allí que se considere que termina con la muerte del último apóstol. En cuanto a las revelaciones privadas, deben ser sometidas a un exhaustivo estudio llevado a cabo por miembros de la Iglesia especializados en estas cuestiones. También dice que María Livia debería someterse a análisis de psiquiatras.
María Livia, que dice preferir morir a dejar de pertenecer a la Iglesia, se sometió a todas las indicaciones del arzobispo. Los especialistas declararon que se trataba de una persona normal. Ya no se ven sacerdotes en el cerro, pero los peregrinos son cada vez más. ¿Será porque creen aquello de que "el Espíritu sopla donde quiere"? © LA GACETA
Según el autor, esta historia empieza con una mujer: se llama María Livia Galiano de Obeid y es un ama de casa, tiene tres hijos y está casada desde 1970 con su marido, que es contador. Todo parece muy normal y común, hasta que un día, mientras está sentada en su cama rezando el rosario, escucha una voz muy dulce que le habla. Las voces se repiten y en un momento dado María Livia levanta la cabeza y ve a una jovencita de unos 14 años vestida de blanco, con un manto azul y un velo en la cabeza. Le dice que se ponga en contacto con las monjas carmelitas descalzas y que les transmita sus mensajes. María Livia está convencida de que se trata de la Virgen María y decide hablar con su marido y su hija mayor; luego lo hace con toda su familia y con sus amigos más íntimos. Pero la noticia se difunde rápidamente y empiezan las peregrinaciones.
Juan Terranova viajó en noviembre de 2006, es decir, antes de que el arzobispo de Salta tomara cartas en el asunto y empezaran las prohibiciones. La narración del viaje de ida y vuelta de Salta a Buenos Aires, hecha en un estilo periodístico, es clara y detallada. Muestra la perfecta organización de los coordinadores, la emoción religiosa de los peregrinos, los lugares donde paran los micros y, a la mañana siguiente, la belleza de la naturaleza en el cerro, el trabajo desinteresado de los servidores y la presencia de María Livia.
En la ceremonia se reza el rosario, se leen pasajes de los Evangelios, se cantan canciones y se escucha música religiosa. También se lee una carta dirigida al arzobispo en la que se le pide autorización para oficiar misa en el cerro y dar a conocer los mensajes de la Virgen (ambos pedidos fueron denegados, al menos por ahora, hasta que la Iglesia concluya su estudio sobre el fenómeno). Al final se realiza la oración de la intercesión, en la cual María Livia se acerca a cada uno de los miles de peregrinos y le pone suavemente la mano sobre un hombro. En muchos casos, el que ha sido tocado por la vidente cae al suelo en una especie de desmayo. Por eso hay siempre un servidor que se coloca detrás del peregrino y lo ayuda hasta que este queda tendido en el suelo. El toque de María Livia es muy suave, casi un pequeño roce, lo cual hace más inexplicable y misterioso ese momento de la ceremonia.
En abril de 2003, el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, dio a conocer públicamente la opinión oficial de la Iglesia sobre el caso de la Virgen del Cerro. En esa carta hace una distinción entre la revelación pública y la revelación privada. La primera está contenida en la Biblia y vale para todos los tiempos. De allí que se considere que termina con la muerte del último apóstol. En cuanto a las revelaciones privadas, deben ser sometidas a un exhaustivo estudio llevado a cabo por miembros de la Iglesia especializados en estas cuestiones. También dice que María Livia debería someterse a análisis de psiquiatras.
María Livia, que dice preferir morir a dejar de pertenecer a la Iglesia, se sometió a todas las indicaciones del arzobispo. Los especialistas declararon que se trataba de una persona normal. Ya no se ven sacerdotes en el cerro, pero los peregrinos son cada vez más. ¿Será porque creen aquello de que "el Espíritu sopla donde quiere"? © LA GACETA
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