El humor de Fontanarrosa forma parte de nuestro patrimonio cultural

Por Donato Alberto Calliera

29 Julio 2007
Es muy difícil comentar un libro como este sin caer en el elogio categórico y absoluto. Eso sucede solamente con los clásicos, como este adorable personaje llamado Inodoro Pereyra y todos los integrantes de su elenco permanente.
No hay forma de resistirse al encanto de los personajes ni a los diálogos hilarantes, profundos, surrealistas o metafísicos.
"Mi vida fue muy dura, con decirle que cuando leí el Martín Fierro creí que era una comedia", confiesa Inodoro a su inseparable perro Mendieta, a lo que este responde con su acostumbrada frase "que lo parió".
La siempre tormentosa relación con Eulogia permite esta clase de pensamientos. Ella le reprocha ser un vago, vicioso, haragán y mentiroso. "No pretendo ser perfeto??, argumenta Inodoro. "En un mundo imperfeto no hay mayor imperfección que ser perfeto". Es que Eulogia, como acota Inodoro, es su "mufa" inspiradora. Sin embargo, más adelante le da la razón a su mujer cuando expresa qué epitafio elegiría: "Inodoro Pereyra, aquí reposa. En su vida, no hizo otra cosa".
El lector no tiene respiro. Fontanarrosa provoca una sonrisa desde la primera hasta la última página. La galería de actores es sumamente original. El malvado Escorpión Resolana, la "Gayina" Cocó, Calixta, la mentalista y la irrespetuosa y burlona bandada de loros o "azote bíblico" que le informa su propósito de emigrar hacia otro país y uno de ellos expresa: "lo extrañaremos, Pereyra, usté es como el mal de Chagas, malo pero nuestro".
El humor de Roberto Fontanarrosa ya forma parte de nuestro patrimonio cultural. Inodoro Pereyra sólo se entiende en esta tierra. Es nuestro. Un auténtico "producto regional" o, como diría Ray Bradbury, "un remedio para melancólicos, de amplio espectro y que no presenta contraindicaciones". Entonces, a consumirlo en beneficio de nuestra salud espiritual. © LA GACETA

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