EN LA PANTALLA GRANDE. La joven actriz británica Rachel Hurd-Wood interpreta a Laura Richis, la última víctima de Grenouille, en la película de reciente estreno que dirigió Tom Tykwer.
22 Julio 2007 Seguir en 

No es precisamente un relato de suspenso y misterio lo que propone Süskind en esta novela; los comentarios y los resúmenes que pueden consultarse la presentan como la historia de un asesino serial, empeñado en obtener la esencia fundamental de un grupo de doncellas a las que asesina y mutila en cumplimiento de un plan macabro. Pero recién en el tercio final de la novela se llega a este nudo argumental. Quizá las mejores páginas del autor se encuentran al promediar el relato, dividido claramente en cuatro etapas. En la primera, se describe el nacimiento y la niñez de Jean-Baptiste Grenouille, un sujeto desprovisto de gracia y a todas luces insignificante, de no ser porque su cuerpo no despide olor alguno y, paralelamente, su sentido del olfato tiene un desarrollo descomunal. Después de una infancia desgraciada, Grenouille tiene la oportunidad de conocer a un perfumista parisino, con el que aprende a traducir en fórmulas y procedimientos fabriles su innata capacidad de mezclar fragancias para obtener esencias insuperables.
En la segunda parte, el protagonista abandona París y vive un período de búsqueda interior en la soledad de la montaña. Es en este tramo de la novela donde el autor se permite los momentos de mayor vuelo creativo y termina de pintar a su personaje en su verdadera magnitud. No se trata sólo de un ser olfativamente superdotado, sino de una persona sumamente compleja, con rasgos desconcertantes y con una ética y una moral muy particulares.
En la tercera parte del relato, Grenouille vuelve a la civilización y, mientras aprende las técnicas de la extracción de las esencias encerradas en distintos materiales, concibe su plan macabro y traza las líneas generales que le permitirán llevarlo a cabo. Recién entonces se produce la serie de asesinatos a través de los cuales el protagonista pretende construir una diadema de fragancias, para coronarla con la más exquisita de todas: la que extraerá del cuerpo de una joven de incomparable belleza, hija de uno de los ciudadanos más influyentes de la población.
El desenlace es sorprendente, pero guarda estricta coherencia con el desarrollo de la trama. Además, termina de plasmar en toda su dimensión la personalidad de Grenouille, fantástico ser con reminiscencias del Funes borgeano. No es ni por asomo un típico héroe de novela alguien capaz de identificar cualquier aroma y grabarlo para siempre en su memoria infalible; alguien que puede recitar el nombre y la proporción de los componentes de cualquier perfume después de olerlo por única vez y que está, al mismo tiempo, obligado a fabricar y a usar una fragancia para darle olor humano a su propio cuerpo naturalmente inodoro.
Süskind funda los cimientos de su relato en las descripciones, minuciosas, exhaustivas, coloridas. Los ambientes, los paisajes, las ciudades, las personas están expuestas con imágenes clarísimas; pero también -gran mérito del autor- los efluvios, los aromas, los hedores y las pestilencias se hacen casi tangibles para el lector.
No debe sorprender entonces que el texto haya sido rescatado -el original es de los años ochenta- para servir de base al guión cinematográfico de un filme (estrenado hace algunas semanas en estas tierras) con un elenco estelar y con una importante producción. (c) LA GACETA
En la segunda parte, el protagonista abandona París y vive un período de búsqueda interior en la soledad de la montaña. Es en este tramo de la novela donde el autor se permite los momentos de mayor vuelo creativo y termina de pintar a su personaje en su verdadera magnitud. No se trata sólo de un ser olfativamente superdotado, sino de una persona sumamente compleja, con rasgos desconcertantes y con una ética y una moral muy particulares.
En la tercera parte del relato, Grenouille vuelve a la civilización y, mientras aprende las técnicas de la extracción de las esencias encerradas en distintos materiales, concibe su plan macabro y traza las líneas generales que le permitirán llevarlo a cabo. Recién entonces se produce la serie de asesinatos a través de los cuales el protagonista pretende construir una diadema de fragancias, para coronarla con la más exquisita de todas: la que extraerá del cuerpo de una joven de incomparable belleza, hija de uno de los ciudadanos más influyentes de la población.
El desenlace es sorprendente, pero guarda estricta coherencia con el desarrollo de la trama. Además, termina de plasmar en toda su dimensión la personalidad de Grenouille, fantástico ser con reminiscencias del Funes borgeano. No es ni por asomo un típico héroe de novela alguien capaz de identificar cualquier aroma y grabarlo para siempre en su memoria infalible; alguien que puede recitar el nombre y la proporción de los componentes de cualquier perfume después de olerlo por única vez y que está, al mismo tiempo, obligado a fabricar y a usar una fragancia para darle olor humano a su propio cuerpo naturalmente inodoro.
Süskind funda los cimientos de su relato en las descripciones, minuciosas, exhaustivas, coloridas. Los ambientes, los paisajes, las ciudades, las personas están expuestas con imágenes clarísimas; pero también -gran mérito del autor- los efluvios, los aromas, los hedores y las pestilencias se hacen casi tangibles para el lector.
No debe sorprender entonces que el texto haya sido rescatado -el original es de los años ochenta- para servir de base al guión cinematográfico de un filme (estrenado hace algunas semanas en estas tierras) con un elenco estelar y con una importante producción. (c) LA GACETA
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