Antes, las palabras provenían del lunfardo o del quichua

La actriz Rosa Avila, el músico "Pato" Gentilini, el poeta Néstor Soria y el arquitecto Rafael Serrano reflexionan sobre los términos.

17 Septiembre 2006
Las jergas existen desde hace mucho tiempo y cada generación juvenil produce sus propias expresiones, aunque en otras décadas, tal vez no había tanta ruptura con el mundo de los adultos. "No eran palabras extrañas, provenían del lunfardo a través del tango, o del cacán o del quichua. Eran términos que entendían todos. Ahora hay una multiplicidad de ofertas que trasmiten los medios", reflexiona Luis "Pato" Gentilini (músico catamarqueño, 75 años).
Para Rosa Avila (actriz, 73 años), a estas expresiones se las tomaba de los adultos. "Ahora ya no les entiendo a los chicos cómo hablan. Hoy en día se usa el lenguaje que se advierte en la televisión y por los celulares se apocopa mucho las palabras, es un nuevo lenguaje". La intérprete de "Por las hendijas del viento" recuerda algunas expresiones: "no me metás la mula" o "dejá de muliá" por engañar, "churro" por buen mozo, "palangana" por alabancioso, "ese es tu filo" o "andar afilando" por andar noviando" o "petitero" por presumido.
El arquitecto Rafael Serrano (70 años) apunta que los medios de difusión son hoy muchísimo más gráficos y hacen al modo de ser y a la jerga. "La velocidad con que se impregnan las generaciones es distinta. Antes llegaban a través de revistas. Había una tendencia a inventar; los alumnos de la secundaria teníamos una jerga, por ejemplo, los del Técnico se diferenciaban del Nacional", sostiene.
"Algunas expresiones eran, por ejemplo, ?junar? por mirar ("el árbitro lo está junando"); ?no seás trompeta? por inútil, ?quilita legal? por robar figuritas o bolillas; ?estoy de gallina?, estar de diez. Esta última expresión provenía de cuando se mataba una gallina. Era un día de fiesta, porque se preparaba caldo y empanadas", comenta.
El poeta Néstor Soria (58 años) nació en el ingenio azucarero Nueva Baviera (hoy desaparecido), departamento de Famaillá, donde vivió hasta los 18 años, señala que "nosotros no hacíamos frases, sino que insertábamos términos en el habla diaria. Usábamos expresiones tales como ?andar seco como lengua i?loro? por no tener dinero, estar en ruinas; ?pupulo? por satisfecho; ?chunquear? por tocarle las piernas a una dama; ?durmi durmi? por poco avispado; ?caído?el catre? o ?turulo? por medio tonto o ingenuo; ?no es moco?i pavo? por algo más valioso de lo que se imagina".
Soria, también prolífico autor de zambas y chacareras, recuerda otras expresiones de su mocedad: "tishpiar" por comer ligeramente; "tísico? por persona muy flaca y demacrada (se lo empleaba como ofensa); "llevar a turucuto" por cargar a alguien sobre la espalda como a caballito, "ahicito nomás" por algo que está muy cerca; "quirusha" por de dientes muy grandes, "pico i?pava" por el que se la pasa silbando; "cupilar" por ganar al rival todo lo apostado, dejarlo en bancarrota; "culatiar" por retroceder la cabalgadura o el carro; "chosnilo" por legañoso.

"El vaguito es un mishi que además entra a bardear"
CONCEPCION.- "El vaguito es un mishi que, encima que lo invitás a compartir, entra a bardear", comenta Claudia a Patricia, su compañera de curso. Y esta le responde: "lo que pasa es que siempre se la tiró de pesado y en verdad es un zarpado al que de una vez por todas hay que mandarlo a vacunar".
El diálogo se suscita en el patio de un colegio de esta ciudad y revela lo complicado que resulta, en la actualidad, interpretar los códigos o vocabularios de los adolescentes. Consultando llega la traducción: "lo que dijeron es que el muchacho en referencia es un miserable o que no le gusta aportar. Y no sólo eso. Además de que lo invitan a las fiestas, concluye peleando. Por eso es que Patricia recomendó, luego de advertir de que es un atrevido y desubicado (zarpado), que al joven lo tienen que expulsar del grupo", dijo Isaías Flores (15 años), estudiante del mismo establecimiento educativo.
La música, la televisión, internet, el celular y otros recursos tecnológicos, son considerados como emisores de notable influencia en el léxico que manejan los niños, adolescentes y otros jóvenes. En el caso de la música, su injerencia se relaciona con el género y estratos sociales. "Hay chicos que están acostumbrados a escuchar rock nacional o internacional, mientras que otros, cumbia villera o cuartetera. Y las letras de las composiciones son muy distintas e identifican de manera diferentes a cosas y situaciones de la vida cotidiana. En la escuela conviven todas esas influencias", opinó Flores.
Así es común escuchar decir "joda" por fiesta; "loco", "vago" o "viejita al agua" por muchacho, "transar" por besar, "pique" por conquista, "enfermo" por desubicado, "zarpar" por excederse, "salame" por tonto y "ortivo" por de mal genio.
Lo curioso es que en las escuelas permanecen instalados términos que sobreviven a décadas. Por ejemplo , "hacerse la yuta" continúa significando no asistir a clase; "darse al piro", fugarse de la escuela y "gomear", aplazar. "A Juan lo viven gomeando en Matemáticas", apunta entre risas Eduardo Medinas (17). En realidad, al verdadero léxico que utilizan los chicos se lo escucha en la calle, en las reuniones.
"En los colegios siempre hay inhibiciones o temor a que los profe te reprendan", apuntó Romina Navarro. Y precisamente de las rondas que se forman en los paseos públicos asoman otros aportes que se incorporan al nutrido léxico de los adolescentes. En muchos casos, tergiversan el verdadero significado de la palabra. "Criminal", en este caso, no se refiere a un homicida, sino a personas u objetos que están muy aceptables. "Quemado" define al joven que se lo observa con resaca y "andar burro" al que está medio perdido, decaído. "Es muy común -dice Fabio Almirón (16 años)-, ver así al que un día antes fue ?tachado? o fue ?telekino? por alguna ?mina?. O sea rechazado por una muchacha. A veces esa actitud puede tener origen en un mal ?chamuyo? o cortejo". Los términos informáticos están más generalizados y "chatear", "ligotear" (conversar a través de la webcam), contactarse, aparecen en casi todos los grupos etarios. (C)

Qué dicen las jergas juveniles
Por Roberto Juan García, periodista y profesor de Lingüistica
Las jergas juveniles constituyen subcódigos verbales que permiten a sus usuarios intercambiar mensajes que los adultos estarían en dificultades para entender. Hay quienes las consideran lenguas crípticas, porque ocultan al mismo tiempo que informan.
Su novedad está en su léxico, que no pasa de pocos centenares de palabras, suficientes para interactuar en diversas situaciones y con variadas referencias.
Si se indaga, se reconocen en esos vocabularios -cuyos términos aparecen a veces deformados por el "vesre" y por apócopes- resonancias de letras de rock y de cuartetos, y por allí ¡todavía! algún noble ejemplo del lunfardo. Pero sus preferencias, aunque acogen voces del inglés y otros idiomas, apuntan a vocablos castellanos, con significación modificada, por supuesto, que se utilizan para trasmitir agudas críticas individuales y sociales pero también el elogio generoso. "Otra que fashion, estás ante una concheta", alaba uno a esa que pasa, y el otro duda: "No sé, me pa que caretea, nomás". Cuestión de fingir y hacer pinta.

Formas de vida
Detrás de estas formas de comunicación palpitan visiones de mundo, creencias y retazos de imaginarios sociales. Sus usuarios suelen compartir formas de vida, así como música, vestimentas, bailes y hasta gestos en los escenarios comunes de la calle, el bar, la disco o la bailanta.
Su duración es incierta, porque siempre se renuevan, pero cuidado, porque son indiscretas: revelan la edad del que las usa. Para los adultos, mientras tanto, lo escatológico y procaz que emergen en los tratamientos entre los jóvenes, como "bolú", solamente revelan un preocupante desconcierto espiritual.
Creo que en sus motivaciones las jergas juveniles representan una ruptura con la realidad preestablecida y los códigos de los adultos, por los que se sienten marginados o de los que reniegan, pero restalla también una base lúdica, de juego, con un alegre "nos importa un rábano la penosa formalidad del mundo de ustedes, déjennos gozar con libertad el nuestro". Protesta, camaradería y diversión parecen darse la mano en estas expresiones. ¿Te despabilás, chabón?

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