Síndrome pos vacacional
El retorno es más agradable si se fraccionan los días de descanso. Regresar con las pilas recargadas después de un período descanso, no significa que el retorno a la vida cotidiana será placentera. Por el contrario, aparecen conflictos y hay que estar preparado para enfrentarlos.
22 Febrero 2006 Seguir en 

Desgano, malestar, disconformismo, replanteo sobre el trabajo, el lugar donde se vive y sobre las rutinas son algunos de los síntomas que se presentan con frecuencia cuando terminan las vacaciones. Especialistas sostienen que el cambio de los horarios para acostarse y levantarse, el hecho de descansar más, de alejarse de la rutina, de alterar los hábitos y hasta las comidas, afectan el biorritmo del organismo. De ahí que el reintegro a la vida habitual genere algunos problemas psíquicos. Una de las propuestas para evitar el síndrome posvacacional es fraccionar las vacaciones. Así, el retorno a la vida cotidiana es menos traumática: se sabe que aún quedan días para otros descansos.
El fin de las vacaciones causa síntomas psíquicos
Volver de las vacaciones renovado, con las pilas recargadas, mejor predispuesto que nunca hacia el trabajo puede llegar a ser un ideal inalcanzable. Por lo general, siempre ocurre lo contrario: aparece el choque entre lo placentero del retiro vacacional y la vuelta a la rutina de siempre , y esta situación puede generar una serie de síntomas psíquicos que hay que estar preparado para saber manejar.
Desgano, malestar, inconformismo, somnolencia. Replanteo sobre el trabajo, sobre el lugar donde se vive y sobre las rutinas cotidianas. Son algunos de los síntomas que suelen sentirse al volver de las vacaciones. Además, varios comentan que todo se vuelve pesado: las mañanas para levantarse, las rutinas del trabajo, los compañeros y en primer lugar, el jefe.
Rutina-ocio-rutina
Una de las causas principales, sino la primordial, por el cual se manifiestan estos signos es el cambio. “Todo cambio implica un proceso de adaptación - aclara la psicóloga Perla Pilewski, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)-. Ya al iniciar las vacaciones existe un cambio, se pasa de la rutina al anhelado ocio. Luego, ocurre nuevamente, cuando volvemos de las vacaciones. Sin embargo, parece no notarse el cambio cuando se ingresa a momentos agradables porque resulta muy fácil adaptarnos.”
Para que esto no suceda, se necesita ante cualquier cambio en la rutina un tiempo de reacomodación, de adaptación. No sólo para volver al trabajo, sino también para incorporarse a la vida cotidiana. Es muy frecuente que, cuando no se respetan dichos tiempos, se agudice el síndrome.
Idealizaciones del verano
Desde ya, el regreso es costoso. Pero si además, se le suma cuentas pendientes durante las vacaciones, mayor será la desazón al comenzar a trabajar.
“Suele pasar que se idealice el momento de las vacaciones -explica la especialista-. Pensar, por ejemplo, que durante el período de receso laboral -que por más que sea largo siempre tiene un fin-, se podrá vivir anhelos postergados durante años. Exagerar las vacaciones -que de por sí están limitadas por el tiempo-, y las posibilidades, da como resultado una cuota de frustración.”
Otros de los problemas corrientes de los turistas es fantasear toda una vida en el lugar visitado. La psicóloga explica que es necesario darse cuenta de que, cuando las personas se van de vacaciones a otros lugares, son turistas.
El turista vive distinto
“Vivimos como turistas: no tenemos ni obligaciones ni responsabilidades. Claro que, disfrutamos del lugar de otra forma, lo vemos lindo y hasta casi un paraíso. No falta quien piense que vivir en estos lugares sería lo ideal. el bienestar del momento muchas veces no depende del paisaje sino de la situación de ocio y contemplación pasiva que disfrutamos. No hay que asociar el tiempo maravilloso del turista con la vida cotidiana”.
Hay personas que son más propensas a idealizar en las vacaciones que otras. Esto tiene que ver con las condiciones personales, familiares y sociales. “Todo el tiempo enfrentamos situaciones desagradables, y sin embargo, dependen de las posibilidades de cada uno las formas en que se reacciona. Cuanto más vínculos sociales y lúdicos o de distracción tiene una persona, más fuertes estarán para enfrentar dificultades”.
Y no faltan aquellos que piensan o creen que luego de las vacaciones todo va a cambiar: “las vacaciones no darán las soluciones a los problemas. Sólo es un receso. Y hay que tomarlo como tal”.
Puede surgir el distrés
El síndrome posvacacional generalmente disminuye a medida que se internalizan las actividades cotidianas. “Lo ideal es volver un poco antes de la reinserción laboral -aconseja la psicóloga-. Pero si esto no fuese posible, hay que tener en cuenta que costará un tiempo acomodarse nuevamente. Y que los primeros días puede aparecer malestar, cansancio, fatiga, desgano. Si el malestar general persiste, es posible que se haya instalado un distrés, pues la disconformidad no se siente solamente en el trabajo, sino en casi todos los ámbitos de la vida, dice la psicóloga.
Sin embargo, “el síntoma es una forma de resolver el problema, una forma de expresión. La enfermedad no es nada más ni nada menos que un recurso de vida, una resolución a algo que nos aqueja. A pesar de esto, las personas tienden a persistir en el sufrimiento cuando, la mayoría de las veces, tiene fácil resolución. El problema es que no se permiten la búsqueda.”
Lo más popular







