La psiquis se expresa en las lesiones deportivas

La mente es parte del cuerpo que compite. Para un especialista, los movimientos que se ejecutan al realizar un deporte necesita una preparación tanto física como psicológica.

15 Febrero 2006
Cuerpo y mente conforman una unidad: hay una interacción permanente entre la vida anímica y lo que acontece en el cuerpo. A su vez, lo que acontece en el cuerpo repercute en la vida anímica. Las llamadas "enfermedades psicosomáticas" -entre las que se cuentan la úlcera gastroduodenal, la hipertensión arterial, el asma- son las que aparecen cuando se rompe esa armonía o, como dicen los especialistas, cuando se manifiesta una "disociación psicosomática". La persona, entonces, suele tener dificultad para expresar sus afectos, y si a eso se sumaría cierta facilitación orgánica constitucional, ese desborde se manifiesta a través del cuerpo.
El caso es que en los deportistas, con el grado de exigencia que ponen en el trabajo corporal, también las lesiones pueden ser una expresión de tensiones psíquicas internas que no han tenido lugar para expresarse de otra forma. "Para los deportistas, el sistema musculoesquelético es aquel que utilizan como herramienta de trabajo: será por lo tanto el que tenga mayor nivel de exposición y desgaste y sobre el que influirán también los estados emocionales por los que atraviesan a lo largo de su carrera", señala Ricardo Rubinstein, psiquiatra y psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
Para Rubinstein, los movimientos que se ejecutan al realizar un deporte requieren una tensión muscular óptima, que se logra con una preparación tanto física como psicológica:
"Las circunstancias propias de la competición y las vivencias concomitantes del jugador van a incidir en este estado", asegura. Consciente o inconscientemente, los temores, la ansiedad, la frustración y la significación social (del rival al que enfrentar, de un campeonato o de un partido, por ejemplo) pueden hacer variar el tono muscular del atleta, produciendo hipotonías o hipertonías "asincrónicas", es decir, que no se corresponden con lo que el jugador necesita realizar en ese momento, innecesarias y disfuncionales. "Así, la patada, el golpe, el pase, y las pisadas, giros u otros movimientos que realice, resultarán en áreas de mayor fragilidad o disposición a la lesión, siendo ello más notorio aún en los deportes donde hay fricción con el adversario -asegura Rubinstein-. De prevalecer con intensidad los mecanismos disociativos, el jugador no sentirá tanto, pero sufrirá trastornos funcionales (calambres o lesiones de mayor gravedad)"

Altos niveles de exigencia
La alta competencia, especialmente cuando se interviene en ella de modo profesional, implica niveles de exigencia cada vez más elevados. Por eso son frecuentes los sentimientos ambivalentes que pueden "traicionar"al deportista.
"A lo largo de su carrera los jugadores realizan una preparación atlética minuciosa para poder afrontar la exigencia, horas de trabajo físico, gimnasio y dieta bajo la supervisión de deportólogos, preparadores físicos, kinesiólogos y nutricionistas", sostiene el especialista, quien asegura que todo ello aporta el 50% de su rendimiento, pero el otro 50% le corresponde al aspecto mental o psicológico.
La motivación y sus vaivenes dentro de un mismo partido, según explica, reflejan una cantidad de vivencias en las que se incluyen la sensación de confianza en las propias aptitudes, la estimación de la performance del rival, la tolerancia a la frustración, la capacidad de espera, la influencia de los propios compañeros, el director técnico o el público, así como cierta pertinacia en la consecución de sus objetivos.

Cargan con ideales propios y familiares
Rubinstein destaca el papel de los ideales, los cuales proveen las metas a alcanzar y a la vez regulan la autoestima de acuerdo al cumplimiento, la cercanía o la lejanía de ellos.
En ocasiones, estos ideales llegan a ser voraces y exigentes, y promueven un monto de sufrimiento muy intenso si el sujeto no es capaz de articular lo que puede con lo que quiere, o si los tiempos internos y externos lo apremian. Además, los jugadores deben cargar muchas veces no sólo con sus propios ideales sino con los de su familia, que deposita en ellos sus expectativas y se cuelga de sus logros deportivos y económicos. Y cuando a eso se suma la presión de una mayor parte de la sociedad, o hasta de un país entero, el problema puede llegar a multiplicarse.
"Algunos jugadores podrán enfrentar estas coyunturas más armónicamente, pero muchos requieren una preparación y elaboración psicológica que les permita tramitar estas exigencias y conflictos sin que ello sea lesivo para su persona o su desempeño deportivo", señala.



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