La dieta ideal debe contener verduras, frutas, cereales, lácteos y carne magra

Reducir al mínimo la ingesta de grasas, dulces y frituras, y beber mucho líquido evita la obesidad y la deshidratación.

15 Febrero 2006
En los adultos mayores aparecen ciertas dolencias físicas, como la diabetes, la hipertensión, el reumatismo, la artritis y la artrosis. A estos males deben añadirse otros factores de índole ambiental, que también inciden en la salud psíquica del anciano, sumiéndolo con frecuencia en la depresión: la ausencia de familiares o de seres queridos y la sensación de aislamiento que le produce la imposibilidad de adaptarse al ritmo de la vida moderna.

Hábitos inadecuados
El médico nutricionista del Centro de Salud, Raúl Valdéz, señaló a SALUD que los hábitos alimentarios de las personas de la tercera edad suelen ser inadecuados porque los adquirieron en épocas de la vida en que las demandas de energía eran muy superiores a las que tienen en la actualidad. Además, el metabolismo se torna más lento con los años, lo que también contribuye a que la carga energética normal en otras edades sea excesiva en edades avanzadas. El nutricionista aconsejó que coman con moderación alimentos blandos, de fácil masticación.

Evitar grasas y dulces
Dado que las necesidades de proteínas, vitaminas y minerales siguen siendo las mismas, Valdéz dijo que lo que deben reducir es la ingestión de hidratos de carbono, sobre todo grasas, dulces y frituras. “El menor consumo de estos alimentos evita la obesidad y el daño en las arterias”, reiteró.
La alimentación ideal debe basarse en frutas, vegetales  cereales y derivados lácteos, que aportan los nutrientes necesarios.

Tienen menos sed
Las personas de edad avanzada pierden sensibilidad a los cambios térmicos; tienen menos sed y  toman menos agua. La deshidratación se evita comiendo frutas y ensaladas en abundancia, y bebiendo jugos de frutas y de hortalizas y mucha agua.
En la tercera edad, el desayuno deberá aportar la energía que necesitará para las actividades de la mañana y, como efecto secundario, ayudarle a evitar la depresión. Podrá componerse de cereales, yogurt, miel, frutas frescas y unos pocos frutos secos.
El almuerzo se hará a base de hortalizas en ensaladas, exclusivamente con aliño de aceite de oliva; y de verduras (carne roja molida dos o tres veces por semana), pollo, ya sea en puré o budines. La sal se usará con restricciones, para no contribuir a la insuficiencia renal o a la hipertensión arterial. En su lugar, debe usarse hierbas aromáticas.
La merienda debe consistir en un jugo de frutas, un yogur, una infusión y  galletas integrales.
La cena puede prepararse con una variedad de frutas, en forma abundante. Antes de acostarse, darles de beber un vaso de leche caliente con miel.
“Todos los alimentos tienen que ser blandos, porque al tener menor motilidad el esófago, la masticación y la digestión se enlentecen”, advirtió Valdéz.



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